El arpa y la cámara | Crítica

El reino invisible

  • Barfield, compañero en Oxford de Tolkien y Lewis, ensaya en estas páginas una concepción del mundo, distinta al ideal moderno, donde la imaginación sea el acicate, y no el adversario, de la ciencia

Owen Barfield en 1935 Owen Barfield en 1935

Owen Barfield en 1935

Owen Barfield perteneció, en los años 30 del siglo pasado, a la hermandad literaria de los Inklings, cuyas sesiones tuvieron lugar en un pub de Oxford conocido como 'The eagle and child', y entre cuyos miembros destacaron Tolkien y C. S. Lewis; vale decir, cierta forma de literatura en la que la imaginación se sobrepuso a la narrativa experimental, a veces inhóspita y deshumanizada (Ortega), que entonces triunfaba sobre el siglo. Barfield, como pensador de estirpe romántica, quiso abundar en la raíz última de dicha literatura, lo cual lo llevará, inevitablemente, a la ínsula invisible del sueño; pero también, y de modo lógico, al hontanar del mito, cuya vigencia, cuya necesidad, encontramos expresada, por los mismos años, en la obra de Jung, de Eliade, de Malinowski, de Graves y de Patai, o en el propio formalismo de Vladimir Propp.

Barfield quiere rehumanizar las actividades del hombre, científicas o de cualquier orden, al modo romántico, mediante la imaginación

El mito, pues, será una de las cuestiones que se aborden en este volumen; cuestiones de singular importancia en aquella hora, y que se manifestaban como una herencia directa de los “abusos” de la mirada ilustrada -esto es, esquemática y cuantitativa- sobre el mundo circundante. El mismo Vico, al definir su Ciencia nueva, sostenía que el hombre era capaz de historiar y comprender el pasado, no tanto por sus virtudes técnicas, cuanto por la cualidad humana de ponerse en el lugar del otro. Esta rehumanización de las actividades del hombre, ya sean científicas o de cualquier orden, Barfield las quiere llevar a cabo al modo romántico, mediante la imaginación, tal como ya lo encontramos en Addison o en Fuseli, pero cuya intención no es otra que penetrar el vacío que se ha creado entre Naturaleza y hombre, entre la intimidad humana y una exterioridad geométrica en la que basa sus indudables progresos.

Ese reino invisible, no exento de candor, y sin duda ajeno a la estipulación clínica de Freud, es el que Barfield busca y acaso halla en estas páginas, sumamente razonables. En buena medida, se trata de una historia de la Modernidad; de una expedición a su hemisferio en sombras.

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