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Actitud sin calidad: impotencia

  • El Betis se dio de bruces con la realidad de su inferioridad pese a su buena disposición táctica y su gran derroche físico · Con los mejores sobre el césped, los cambios desnudaron aún más al equipo

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Lo que han perpetrado en esta plantilla dos Manolos, el apellidado Ruiz de Lopera y su tocayo Momparlet, debería ser objeto de un juicio sumarísimo por parte de esos miles de fieles que anoche, empapados por una tormenta, abandonaron abochornados los vomitorios de Heliópolis. Sumido en sentimientos de los más confusos, al bético de a pie le caló por ósmosis la impotencia que catorce hombres vestidos de verdiblanco sintieron sobre el césped.

Porque la impotencia, no se olvide, sólo asoma cuando existe actitud, nunca en la apatía ni en la indolencia. Y el Betis ayer quiso. Quiso mucho y pudo poco. No pudo nada. ¡Cómo va a poder este ejército tan feble formado desde la ineptitud! ¡Qué distancia tan abismal lo separa del eterno rival! ¡Qué escasa la calidad en un equipo para el que no existe el mundo de las ideas!

Es la triste realidad del Betis contemporáneo. Un estado de zozobra e impotencia que no acabará mientras se le siga regateando desde dentro de sus entrañas. No sirvió ni que Paco Chaparro echase mano de lo mejor que tiene. Sí. Sin bajas ni excusas, jugaron los once mejores, que no buenos. El planteamiento se antojó perfecto y los futbolistas se dejaron el corazón en un derroche físico desmesurado. Y perdió el Betis, sí. ¿Qué falla? No hay más que mirar al palco y ver el gesto ignorante y desmañado de más de uno.

Defensa

Sin miedo alguno y con todo el respeto, la zaga no se aculó ante el empuje sevillista y mantuvo el tipo. Los metros que perdió Kanoute, empero, castigaron el estómago verdiblanco ya que rara vez lo siguieron los centrales. La vigilancia de Capi a Daniel fue eficaz salvo en la jugada del 0-1 tras un fallo anterior de Mark González, pero con esa táctica se vio muy liberado Renato, un falso extremo dañino por su habilidad para no ser fijado.

Al Betis, en definitiva, le costó sostener a un equipo superior físicamente -por genética, no por preparación- pese a su ordenada y voluntariosa presión en el centro del campo. A raíz del 0-1 menguó y con el 0-2 y un jugador menos incluso se vio obligado a asistir como espectador al toque largo y cómodo del Sevilla.

Ataque

Conforme se ganan metros se pierden perspectivas y el fútbol se complica. Es ley natural que los buenos con el balón en los pies juegan más arriba y en el mundo profesional es obligado hallarlos. Con dinero y con sabiduría. Y el Betis ni se lo gasta ni tiene idea. Si encima los tres mejores no se encuentran en perfecto estado físico, ocurre que ninguno acaba el partido y con los cambios, otra de las armas de los entrenadores, todo resulta incluso mezquino.

Los buenos controles de Edu y la insistencia en que Pavone le buscase las cosquillas al rudísimo Mosquera resultó un diseño acertado pero insuficiente para llegar al gol. Con poco regate, salvo en el brasileño y Capi; sin disparo y sin último pase de nada le sirvió al Betis merodear un área minada de tentáculos en pos del balón.

Virtudes

Hay un bloque. Incluso en el sentido homenaje a Eusebio Ríos demostró la plantilla tener más vergüenza que los que mandan.

Talón de aquiles

Mirífico el trabajo de Chaparro, desnudo de argumentos se queda el que manda. No hay más porque él ni quiere ni sabe. ¡Vaya futuro!

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