Sevilla | recreativo · el otro partido

¿Adiós a la ansiedad?

  • Kanoute fue el salvavidas esperado, pero devolvió los nervios con el penalti fallado · El fin de la mala racha llegó pese al desastre general del medio campo

Ufffff. José María del Nido, Manolo Jiménez, Monchi, el aficionado de a pie... Todos los que presenciaron el Sevilla-Recreativo en el Ramón Sánchez-Pizjuán suspiraron de alivio con el pitido final de Mejuto González. Algunos, después de suspirar, cogieron aire para dedicarle sonido de viento a su equipo. No fue una pitada mayoritaria, como la del descanso, pero sí es significativo que, después de cuatro derrotas consecutivas y de la necesidad que tenía el Sevilla de cantar victoria, se escuchasen pitos en lugar de palmas y ovaciones de júbilo. Pero no están los tiempos para manifestaciones exageradas de alegría en Nervión, por mucho que la clasificación indique otra cosa. El Sevilla es quinto, y gracias.

La pitada con que premió la afición sevillista a su equipo al descanso podría haber llegado incluso si el encuentro no hubiese estado precedido de esa racha de cuatro derrotas. Fue la consecuencia de un análisis puntual de lo visto sobre el terreno de juego: apenas dos disparos a las nubes, de Maresca y Kanoute, y sólo sensación de peligro en el área de Palop.

Jiménez volvió a apostar por esa pareja de medios centro que naufragó en Lieja. Y si los dos futbolistas llamados a tener la manija encima son de motor diésel y tienen las piernas cargadas, pues se repite la versión más previsible de un Sevilla vulgarizado por ese agujero en el medio campo.

El técnico sevillista se jugaba bastante en el envite y Kanoute, con su escudero Jesús Navas, lo salvó de un maremoto imprevisible, por más que Del Nido volviera a enviar un mensaje de confianza en la previa: "Que no nos intenten poner nerviosos, porque estamos tranquilos", dijo el presidente en la reunión de Peñas Sevillistas de Extremadura. "No vamos a contar con la ayuda de nadie, ni siquiera del entorno, pero hay que estar tranquilos, porque estamos ante un proyecto sólido aunque haya momentos mejores y peores. Con raciocinio, solidez, seguridad y convencimiento, los éxitos llegarán sí o sí, estoy convencido", añadió el mandatario.

No está siendo el momento del Sevilla, eso es obvio. Fazio, que apuntaba a piedra angular del proyecto, sigue esperando su turno en el banquillo mientras va recuperando su forma tras el tiempo perdido en Pekín. Pero, al menos, Jiménez sí dio con la tecla en el descanso. Quitó a Romaric y dio entrada a Capel para revolucionar el sistema ubicando a Jesús Navas en la mediapunta y retrasando a Renato. Y el equipo respondió gracias al inicial zafarrancho de sus hombres más menudos: Adriano, Jesús Navas y Capel, de derecha a izquierda.

En la primera que tuvo, Kanoute no falló con su esperada versión de salvavidas, cabeceando a la red un preciso centro de Jesús Navas, que sigue haciendo buenas estadísticas como asistente por el método de Paulov, el del ensayo y error. Pero el agujero en el centro del campo persistió, en una especie de virus de la ansiedad que ha contagiado a hombres otrora fiabilísimos como el propio Kanoute, que falló el penalti de la tranquilidad en la segunda jugada clave, o Renato. Con el yerro del penalti, la falta de confianza por la racha negativa y el inexplicable bajón de Renato -el agujero de Mosquera en el lateral es caso aparte-, el Sevilla sufrió hasta el final. Si Renato falla pases fáciles y Kanoute penaltis, es difícil ganar con tranquilidad. Pero más de una racha positiva ha comenzado con un pobre encuentro. Eso y la media inglesa mantenida son los bálsamos del Sevilla.

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