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Tras el Betis, Merino

  • El linense tiene difícil seguir en el primer equipo y ahora, más que nunca, está en manos de la plantilla.

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A falta de seis jornadas para el final de la competición, el Betis tiene la permanencia virtualmente amarrada. No era éste el objetivo que perseguía la entidad cuando con los calores lo fijó en una permanencia holgada, sin sobresaltos. Primero, porque el equipo aún no está a salvo de la contingencia de un posible descenso y segundo, porque de no ganar en los siguientes cuatro partidos podría asomar por Ipurúa en la penúltima jornada sin los deberes matemáticamente hechos y aumentar el sufrimiento que ha supuesto esta desastrosa campaña para el beticismo por obra y arte de un gurú apellidado Maciá.

Lógicamente, muy mal se le tienen que dar las cosas al Betis con el colchón que ha abierto sobre sus perseguidores y con el Levante sentenciado y el Sporting con muy mala pinta tras su derrota de ayer ante el Celta en El Molinón.

El conjunto vigués, Las Palmas, Sevilla, Barcelona, Eibar y Getafe, alternativamente a domicilio y en Heliópolis, conforman el calendario de Liga que resta a los verdiblancos y, aunque les podría bastar para la permanencia con los 37 puntos que hoy atesoran, quizá les fuesen necesarios algunos más, nunca por encima de los 40 según las previsiones más realistas.

La clave está en que el Betis sea capaz de sumar cuanto antes estos puntos que podrían echarse de menos en el siempre proceloso tramo final liguero y en que Juan Merino sea capaz de que sus futbolistas mejoren su aptitud con la mochila de presión que el sábado ante el Levante se quitaron de encima.

Una vez virtualmente salvado el equipo, quien se la juega es el vehemente entrenador linense. Merino lo tiene complicado porque quienes rigen los destinos del club tienen casi decidido optar de nuevo por alguien de fuera para entregarle las riendas deportivas del Betis, pero si en este tramo final gana y convence con un juego que ha ido a menos podría tener sus mínimas opciones.

La tarea del técnico gaditano ahora es que el equipo, lógicamente apenas presionado, no pierda también la tensión competitiva, ya que ello, unido a la escasa calidad del material que tiene en sus manos, podría incluso provocar goleadas de escándalo, con un derbi además en ciernes, y ridículos que podrían hacer saltar por los aires algo más que sus aspiraciones de seguir entrenando al primer equipo del Betis.

No es fácil la tarea por dos razones. Primero, porque el vestuario verdiblanco es una especie de ONU sin líderes que nadie entiende -la planificación deportiva ha sido la peor y más costosa que se recuerda en años- y de la que será difícil obtener algo de compromiso y, segundo, porque Merino se ha desgastado en exceso con algunos futbolistas con sus valientes decisiones. Éstas fueron clave durante el interinato, pero a la larga hasta el más lerdo entiende por qué Mel no tomó muchas de ellas.

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