zurich maratón de sevilla

Rompiendo muros

  • Dickson Kipsang se impone en la Cartuja con un sensacional Javi Guerra, cuarto, que hizo historia en su debut en Sevilla

  • Nuevo récord de la prueba femenina para la marroquí Boulaid

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Cruzar la meta en un maratón no es un logro nada banal. Da igual si ganas o acabas dos horas después de que del vencedor haya cruzado la línea de llegada. Las sensaciones en los últimos metros, en el estadio la Cartuja en el caso de Sevilla, son tan numerosas como diferentes. Para ser más concreto, 13.000. Unos gritan de alegría al ver cumplido un sueño; lo hubo que entraron llorando, otros derrumbados tras los 42,195 kilómetros dejados atrás y otros eufóricos por haber logrado el objetivo marcado en la salida. Fue el caso de Javi Guerra, cuarto en la prueba hispalense que le sirvió para coronarse como campeón de España con una marca de 2:08.36 horas, batiendo su mejor marca personal (en casi un minuto, pues era de 2:09.33) y la de un maratoniano español en suelo nacional. El segoviano estuvo siempre en el grupo cabeza y sólo en los dos últimos kilómetros cedió ante el empuje de la legión africana comandada por el keniano Tuwei Dickson Kipsang, ganador (2:08.22) en un disputado final por delante de sus compatriotas Laban Kipkemboi Mutai y Andrew Ben Kimtai, que completaron el podio.

Esta vez no hubo récord de la prueba masculina, que seguirá en poder de Titus Eriku (2:07.43 logrado el año pasado), pero sí en la femenina a cargo de la marroquí Kaoutar Boulaid, que con 2:25.35 horas por fin batió la marca de la portuguesa Marisa Barros (2:26.03), inamovible desde 2009.

La carrera hispalense tenía todos los alicientes posibles. Una nómina de corredores de primer nivel, un recorrido plano para que muchos atletas europeos lograsen la mínima para los Europeos de Berlín de este verano y una afición que alentó a los protagonistas casi en cada metro de una cita que estrenó a los grande el sello Gold Label de la IAAF, algo sólo al alcance de 12 maratones en Europa y 35 en todo el mundo. Nada falló. Incluso acompañó la meteorología pese a las dudas. A las 08:30, puntual, se dio la salida y los 13.000 inscritos partieron de la Avenida Carlos III. Por delante, más de 42 kilómetros de asfalto hasta llegar al estadio de la Cartuja donde Abel Antón se coronó en los Mundiales de 1999. Una pena no haber sabido aprovechar más y mejor un recinto de primer nivel.

La carrera salió rápida. Muy rápida. Apenas se dio el pistoletazo de salida cuando la luz del sol dejaba atrás la noche y Carles Castillejo partió como un tiro. Era su trabajo. Liebre hasta el kilómetro 15, tiró del carro hasta la media maratón con un ritmo que hizo dudar a más de uno de que lo podría pagar más adelante, incluso a Guerra. Castillejo, precisamente el hombre que perdió el honor de ostentar la mejor marca de un atleta español en maratón en suelo nacional (2:10.09), salió desatado. En el kilómetro 5 pasó con un tiempo de 15:05 y en el 10, 29.55. A 2.59 minutos el kilómetro, cuando el récord del mundo está en una media de 2.53. El catalán, alejado ya del primer nivel, se dio un homenaje en una demostración de fuerza cara a su próximo reto, el Mundial de medio maratón el próximo mes en Valencia. La mínima estaba en 1.04,30 y el barcelonés pasó por ese punto primero, apretando incluso para gustarse en ese momento y destacarse del resto de corredores del grupo de cabeza, con 1.03.20 horas.

Para entonces delante quedaban ocho corredores, siete sin un Castillejo que realizado a la perfección su trabajo bajó el ritmo. Ya sólo tenía que acabar para estar en la cita de Valencia. Su testigo lo tomó otra liebre, Cheruiyot Kibet. Guerra aguantaba, pese a algunas molestias en los pies (acabó con dos señoras ampollas), sin problemas el ritmo impuesto por el keniano, que en el kilómetro 30 dejó la carrera para subirse, literalmente, al autobús de la prensa e ir sentado y recuperando el aliento hasta la meta.Y a partir de entonces, comenzó de verdad el maratón de Sevilla. Algún tirón hizo que la cabeza se redujera un poco más y en a entrada al parque de María Luisa por la Glorieta de los Marineros sólo seis corredores comandaban la carrera. Habría que remontarse muchos años atrás para ver en ese punto, kilómetro 35, a un grupo tan numeroso delante y quizás muchos más para que un español estuviese metido y aún con opciones de ganar. "Al español lo veo muy bien", dijo Kibet al subirse al autobús.

Y tan bien iba que apenas le faltó un puntito más par pelear por el triunfo. Cuando ya se entreveía en estadio de La Cartuja, dejada atrás la cuesta de la calle Calatrava que se convierte para muchos en un verdadero muro, y el puente de la Barqueta, lanzaron su ataque Tuwei Dickson, el menos conocido del grupo, y Laban Kipkemboi Mutai que ceder en un apretado sprint frente a su compatriota, sólo con 14 segundos de ventaja sobre Guerra.

Mucho mérito tuvo también a carrera de la marroquí, afincada en España, Kaoutar Boulaid, que hizo prácticamente sola la carrera. Se destacó pronto y siempre mantuvo medio minuto de ventaja sobre sus perseguidoras para vencer en Sevilla estableciendo un nuevo récords femenino. La valencia Marta Esteban se proclamó Campeona de España al acabar séptima (2:31.24) logrando la mínima para el Europeo, pero no el reto de batir su marca personal (2:30.47).

Y mientras los vencedores recogían sus premios en el podio, miles de corredores seguían pateando las calles de Sevilla en busca de su triunfo personal. Cruzar la meta y dejar atrás la magia de los 42,195 kilómetros del maratón.

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