Betis E. Plus

Empeñado en su epílogo

  • El equipo bético encara virtualmente descendido la penúltima cita del año ante el Obradoiro

  • Ganarlo todo y que Bilbao y Zaragoza reciban tres palizas, única opción para la permanencia

Entrenamiento del Real Betis energia Plus. Entrenamiento del Real Betis energia Plus.

Entrenamiento del Real Betis energia Plus. / Víctor Rodríguez

Mientras la ACB va llegando a su final, el Betis Energía Plus se enfrasca en empezar su particular epílogo anticipadamente. Lo hace, además, con un empeño tan verdadero como doloroso. Revés tras revés, derrota tras derrota -contra el Madrid, el miércoles, fue la última de una ristra de siete-, el equipo está enzarzado en perder la categoría por segunda vez en dos temporadas. De corrido. De ese modo, el club sevillano de baloncesto culminaría ominosamente un periodo de tres décadas en la élite del baloncesto nacional.

Después de tantos colores en la vestimenta, siempre al calor de entidades financieras, al equipo ahora verdiblanco le quedan dos jornadas con la de hoy en Santiago para dar por finalizada la temporada 17-18. A ojos del aficionado más sentido, después de lo visto, será poco menos que un alivio que el ejercicio llegue por fin a su conclusión. Habrá jugadores desempolvando las maletas y otros las tendrán aún relucientes y con la ficha impoluta de la última aerolínea, pero no les queda otra opción que jugar esta tarde (19:00) frente al Obradoiro.

En sus manos, en las de quienes han viajado a la capital compostelana, está armar una despedida de campaña con amor propio o abandonarse a la caída más ramplona. Una victoria en Santiago y otra más contra el Tenerife en la última jornada sería indudablemente un modo benévolo de acabar de una vez con esto. Y que conste que la consideración sería de ellos para con ellos. Pues si el Betis Energía Plus no desciende con esos dos triunfos será porque se activaron fuerzas gravitacionales que variaron la órbita de los astros y provocaron una insólita alineación de los planetas.

Si los siete partidos ganados por los béticos se convierten pues en nueve de aquí al final liguero, el equipo adelantaría al Bilbao Básket (hoy con ocho victorias) e igualaría al Tecnyconta Zaragoza (con nueve), siempre y cuando, naturalmente, bilbaínos y zaragozanos no se impongan en ninguna de las tres jornadas que a ambos y al resto de equipos -menos Madrid y Betis- les quedan para terminar la fase regular. Si así ocurriera, el Betis podría salvarse sólo si revirtiera la desventaja de 196 puntos que acusa en el recuento general con respecto a la escuadra zaragozana.

Nadie dijo que perder, obviamente, podía hacerse de cualquier modo. Sin embargo, este Betis ha carecido a menudo del norte en este tipo de cuestiones más elementales. Y van ya dos temporadas consecutivas. Son esos momentos en los que el hincha trae a mano la calculadora cuando se recuerdan esas palizas abismales a las que esta plantilla tan escasamente dotada para defender ha llegado a abochornar al aficionado más entero.

El error, obviamente, venía de fábrica. Y allí estuvo el presidente, Fernando Moral, pergeñando un equipo que se ha propuesto batir plusmarcas negativas en una misma temporada. Pero al regidor de Kansas City ya están pidiéndole incluso la dimisión. Lo hizo su propia hinchada el pasado domingo en San Pablo.

El Obradoiro es otro club y tiene otros dirigentes. El santiagués es un equipo modesto pero que ha encontrado un orden adecuado. La plantilla está formada por cinco jugadores españoles, teniendo tres de ellos -Pepe Pozas, Alberto Corbacho y Nacho Llovet- galones de varios trienios en el club. Aparte, dos de sus hombres más importantes, Pustovyi y Bendzius -hoy no jugará por lesión-, cumplen su tercera temporada sudando el parqué de Fontes do Sar. Y, en la nómina de novatos, constan un Nemanja Radovic con una amplia experiencia en la ACB y un estadounidense, Matt Thomas, recién salido del horno universitario para convertirse en uno de los protagonistas de la competición.

No, no es la receta de la Coca Cola. La guía para competir con cierta fiabilidad en la Liga Endesa nunca fue el misterio de un papiro del Mar Muerto. Y aun siendo el Obradoiro un equipo solvente (13 victorias alumbran su marcha), también es propicio a la derrota (18 veces). Tanto es así que fue la primera víctima del curso del Betis Energía Plus. Luego llegaron tres más, una racha de cuatro triunfos que no volvió a repetirse pero que en aquel momento daba aire a una parroquia bética que había arrancado la Liga con diez partidos perdidos.

En aquella ocasión, en la aún inocente jornada undécima, el Betis de Óscar Quintana se estrenó con un triunfo del que pudieron advertirse varias pistas de lo que sería después. En primer lugar, que había una seria carencia en la dirección y, contra pronóstico, que Úriz demostraba que su concurso no sería secundario en comparación con los recitales de McGrath y Draper. En aquella victoria, Schilb produjo 23 puntos y Kelly, 21. Y, en total, recibió 77. Eran los otros dos síntomas: para ganar, el equipo necesitaba la mejor versión del alero checo y del ala-pívot estadounidense y, para no perder, había que encajar menos de 80 cada vez.

Esta tarde, sin Franch y con la duda de Booker, ambos con problemas físicos, el base navarro estará obligado a tener un protagonismo que nadie habría imaginado al comienzo de la temporada. Schilb y Kelly deberán dar el do de pecho decisivo y la defensa, prolongar ese nervio que se ha atisbado en tres de los cuatro partidos precedentes. De eso dependerá que este forzado y anticipado epílogo sea digno o sea otro bodrio más, otra temporada más.

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