Jugador del BM Montequinto

Enseñar y aprender, todos a una

Enseñar y aprender, todos a una Enseñar y aprender, todos a una

Enseñar y aprender, todos a una / m. g.

Carlos Regordán sólo tiene 20 años, suficientes para ser uno de los capitanes del equipo sénior del Club Balonmano Montequinto. Este jugador, marca de la casa como la mayoría de sus compañeros, prefirió el deporte de equipo al individual y abandonó la piscina, en la que llevaba nadando desde que tenía uso de razón, para seguir creciendo en la pista junto a su segunda familia.

"En Segundo de E.S.O. ya no podía compaginar los dos deportes, así que tuve que elegir, y no dudé. En el balonmano estaban mis amigos, conocía a los entrenadores… Todo era y es muy cercano, y me atraía más la idea de aprender de mis compañeros, sintiendo que siempre habría alguien para apoyarme", explica.

Carlos se empapó así de la filosofía del BM Montequinto, un equipo de barrio, fiel a sus orígenes, en el que nadie es más que nadie y los éxitos se celebran al unísono. "Cuando somos pequeños aprendemos de los mayores, y cuando nosotros nos convertimos en los mayores del club, enseñamos a los que vienen por detrás", apunta el nazareno. Y esta particular cadena de aprendizaje y enseñanza, perfectamente engrasada, ha convertido al club en todo un referente del balonmano andaluz.

Cumpliendo con uno de los ideales de la entidad, ahora es Carlos quien compagina sus entrenamientos como jugador con los que dirige desde el banquillo. Lleva desde septiembre formando a niños de entre 12 y 13 años, y aunque el curso escolar esté próximo a acabar, su labor seguirá en verano, cuando cambien la pista por la arena.

"Me gusta mucho enseñar. De hecho estoy estudiando el Grado en Educación Primaria. Me llevo muy bien con los niños y me lo pasó genial transmitiéndoles lo que sé", revela el quinteño. "Pero no me gusta ser el típico profe serio o autoritario, al revés, yo los trato de forma muy cercana y me toman en serio. Aunque también ayuda que me hayan visto jugar. Así se convencen de que lo que les estoy enseñando es verdad", cuenta con humor.

En efecto, muchos de los jóvenes pupilos de Carlos acuden al pabellón para animar al equipo sénior. Y no son los únicos. Padres, madres, amigos, amigos de amigos y vecinos del barrio se han enganchado en los últimos años a este deporte. Buena muestra de ello es que los carteles que anuncian los partidos pueden verse en colegios y bares, y que a través de las redes sociales están consiguiendo una visibilidad e impactos que tiempo atrás les era desconocida.

"Hace unos años sólo venían a vernos nuestros padres, y porque les pedíamos el favor -bromea-. Ahora hay mucha gente en el pabellón y cuando alguien toca el bombo yendo por debajo en el marcador nos anima muchísimo y nos empuja hacia la victoria", revela el joven.

Quizá en esas gradas llenas y en ese providencial bombo residan parte de los éxitos del Montequinto en la presente temporada de la Primera Estatal. Aunque, cómo no, el gran rendimiento de los jugadores y el crecimiento del plantel también ha tenido mucho que ver. De la mezcla de todos estos factores se deriva un dato impresionante: el equipo que entrena Iván López lleva invicto desde el pasado 27 de enero. O lo que es lo mismo: firmó 12 victorias consecutivas y un empate para concluir la liga regular.

"Fuimos partido a partido, convencidos de que no podíamos perder puntos ante rivales que estuvieran por debajo de nosotros en la tabla. Y cuando conseguíamos una victoria, la celebrábamos y ya pensábamos en el siguiente encuentro. Sin presión, pero sin dejar de trabajar", reconoce Carlos.

Así hasta que el equipo logró clasificarse para la promoción de ascenso a División de Honor plata, que se disputó el pasado fin de semana en Pontevedra. El gran sueño no se hizo realidad, pero la experiencia es un grado, y a buen seguro este equipo lo volverá a intentar pronto.

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