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Miguel Guillén, un presidente de club

  • El jueves cumplió cien días el máximo mandatario más profesional del Betis de los últimos tiempos, una persona moderna y cultivada con vocación de servicio.

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"Creo que Gordillo podría seguir perfectamente como presidente, pero igual de entre los béticos del nuevo consejo alguno adquiere un protagonismo que no esperamos". El copyright de la frase pertenece a Miguel Cuéllar Portero, presidente de la Fundación Heliópolis, y la pronunció allá por febrero, cuando ya Rafael Gordillo, quien ocupaba el cargo desde la junta del 13 de diciembre de 2010, había anunciado que a final de temporada dejaba el cargo.

Por ese tiempo, a la sombra de José Antonio Bosch y del propio Gordillo, ya se empezaba a oír en los mentideros de Heliópolis la gran labor que estaba desarrollando el joven Miguel Guillén Vallejo (Sevilla, 14-04-1968), a la sazón consejero de marketing del club y uno de los más activos.

La importancia de hallar ingresos atípicos en una entidad que el 14 de enero había entrado en Concurso de Acreedores había otorgado un papel principal en el día a día de la sociedad anónima deportiva a este licenciado en Economía (Dirección de Empresas) por la Universidad de Lambuth (Tennessee, EEUU).

Guillén, siempre trabajando codo con codo con el director de marketing del club, Ignacio Lasa, mejoró como pudo los contratos con Green Sport, Seat, Ipunto, Miapuesta.com... y algunos otros firmados por los anteriores rectores en condiciones poco favorables para el Betis. Apenas se le resistió la barrabasada del okupa Luis Oliver con Giem Sports para el columbario, que ni ha podido quitar de la fachada principal del estadio, aunque tampoco haya que anotarlo como un fracaso y, conociendo la tenacidad de Guillén, se puede asegurar que la horterada perpetrada en Heliópolis no se alargará por el tiempo firmado.

Por contra, firmó el que ha sido a la fecha el contrato más importante de la entidad, el de Cruzcampo, que supuso para el Betis algo más de un millón de euros al contado, cantidad más que necesaria para aliviar la maltrecha tesorería del club tras el presunto saqueo de Oliver, según palabras en su día de Bosch.

La relevancia de Guillén ya era notoria. Se iba cumpliendo el aserto de Cuéllar por cuanto, además, el nuevo consejero, procedente de una familia con raíces en el sector aceite de oliva (él trabaja como broker en el mismo ramo), se había convertido en un fijo en los viajes del primer equipo y trabado una seria amistad no sólo con Gordillo sino con el entrenador del equipo, Pepe Mel. Siempre con una sonrisa en la boca, los propios futbolistas notaron su cercanía de forma inmediata sin que por ello el consejero invadiera jamás la intimidad que la plantilla demanda. En eso, aprendió rápido de Gordillo, quien ya en Santa Cruz de Tenerife relataba a un periodista la importancia de medir los terrenos con los jugadores. Lo hablaba, además, quien lo fue todo como profesional.

Mientras, Bosch buscaba entre algún notable de la ciudad la figura del presidente idóneo. La Junta General Ordinaria se retrasaba cada día más y ello le confería tiempo de sobra al entonces vicepresidente y administrador judicial del club. Hasta que el 6 de abril, en una entrevista en Diario de Sevilla, se le desliza el nombre de Miguel Guillén como candidato. "Sería un magnífico presidente, seguro, pero hay muchísimos más. Aunque noto obsesión por saber quién será el presidente, cuando lo importante es crear un gran equipo de directivos que trabaje", respondía Bosch, al tiempo que se descartaba: "Sería un fracaso para mí no encontrar un presidente y tener que serlo yo".

A partir de ese día, Guillén no sólo cobró fuerza sino que, al poco, se convirtió en el único candidato. Bosch se lo comunicó a Gordillo y éste vio en su nuevo amigo al hombre idóneo. Su nombre se mantuvo en secreto, aunque lo sabía toda Sevilla, hasta que el 29 de junio fue proclamado como el 42º presidente de la historia del Real Betis Balompié.

El gobierno de Guillén ha estado presidido por el trabajo. Él ha sabido compatibilizar sus labores de marketing en el club con las propias representativas y ejecutivas de la presidencia. Pese a que Bosch sigue siendo el hombre fuerte, su figura ha crecido y cada vez se le ve más alejado de ese papel de cuchara que los malos agoreros le conferían.

La fuerza de Guillén reside en su capacidad de trabajo y en su talante. El Betis está a punto de firmar un soberbio contrato hasta 2016 con la firma italiana de ropa deportiva Macron. Igualmente, ha rubricado convenios de colaboración con empresas emergentes sevillanas como Nueva Victoria o Sato Sport. Negocia actualmente con Mapfre y con La Caixa y, en una época en la que el dinero está bajo las losetas, el Betis respira y vive.

Guillén no cesa en su pelea con Sogecable por los 10 millones de euros que ésta pretende restarle al Betis del contrato televisivo y, socialmente, ha contribuido de manera notable, junto con Gordillo, a limpiar la imagen de la entidad. Deportivamente, el equipo funciona y, sobre todo, los futbolistas se sienten a gusto.

Lleva poco más de cien días en el cargo y ni él ni nadie pueden saber a ciencia cierta cuánto tiempo permanecerá en la presidencia, pero, muy alejado del populismo del que se adornaron sus antecesores, Miguel Guillén es un presidente de club, léase en el mismo sentido que cuando se habla de entrenador o jugador de club. Quizá ni Miguel Cuéllar podía imaginar cuando su vaticinio que la cantera iba a producir una figura de semejante dimensión.

Miguel Guillén,

en una terraza sevillana

con la Giralda muy al fondo.

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