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Pepe Núñez, el presidente de la verdad

  • Fallece en Sevilla Núñez Naranjo, que dirigió al Betis desde 1969 a 1979. Apoyado en José María de la Concha fue el gestor del equipo que ganó la primera Copa del Rey Era el socio número uno del club bético.

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Definido como el presidente de la verdad, José Núñez Naranjo dirigió el Real Betis Balompié desde el 3 de julio de 1969 hasta el mismo mes de 1979 y fallecía ayer en Sevilla a los 88 años de edad siendo socio número uno. Pepe Núñez nació en Cazalla de la Sierra el 21 de noviembre de 1925, pero a muy corta edad se vino a vivir a Sevilla a casa de unos tíos que tenían su domicilio en la calle Atanasio Barrón. Se educó en el colegio San Francisco de Paula y cursó estudios de Química en Granada, carrera que dejó para echar una mano en el negocio familiar de alcoholes. 

Sevillano a carta cabal, devoto a machamartillo de la Macarena, montaba a caballo en la Feria y estuvo haciendo el camino del Rocío con La Palma del Condado hasta que un problema cardíaco obligó a instalarle un marcapasos. Se casó en la parroquia de San Vicente con Loli Prieto Reyes, con la que tuvo dos hijas, Mercedes y Eva. 

Hasta ahí su semblanza personal y vamos a la que le dio auténtico realce social en Sevilla, la presidencia del Real Betis Balompié. "El Betis lo tenía cerca desde muy niño, pues yo soy socio desde infantil. Ir al Betis cada domingo era una ilusión extraordinaria y la verdad es que salí bético no sé por qué, pues en mi familia no había antecedentes y mi padre era un hombre eminentemente taurino". Así explicaba su beticismo en el serial Sevillanos gran reservapublicado en junio de 2002. 

Su arribada a la presidencia del Betis tiene el antecedente de un breve periodo en la directiva de Julio de la Puerta. Y así explicaba su ingreso en la cúpula verdiblanca. "Me llamó Julio de la Puerta en el 68 y fui de vicepresidente. Un año y medio estuve ahí y en julio del 69, tras figurar unos meses en el cargo Pepe León, me eligieron presidente. El equipo estaba en Segunda, tenía sólo cuatro mil socios y los números no salían, no podían salir de ninguna de las maneras". 

Núñez Naranjo se encontró con un conflicto al año siguiente, el caso Quino. "Él tenía ofertas de Primera muy importantes y como no accedimos al traspaso se negó a jugar. Y hasta que no se incorporó a la disciplina del club estuvo así. Luego, ya en la normalidad, fue traspasado al Valencia por un dinero que batió todos los récords conocidos. Y la verdad es que fue el único futbolista que se traspasó siendo yo presidente". 

La andadura de Pepe Núñez tiene en el verano del 72 un hito muy entrañable para el beticismo, la vuelta de un gran ídolo, Luis del Sol. Por entonces ya entrenaba al Betis un hombre que dejó su figura grabada en la historia del club, Ferenc Szusza. Con el húngaro en el banquillo y José María de la Concha en la secretaría técnica, el Betis de Pepe Núñez iba formando un equipazo que cuajaría en el que, a las órdenes de Rafa Iriondo, se hizo con la primera Copa del Rey. 

Parecía que bajo el mando del que fuese denominado como presidente de la verdad, el Betis se había estabilizado para siempre. Núñez había entrado con el equipo en Segunda División, lo ascendió en el 71, bajó en el 73 y subió en el 74. Ese verano llegaba Cardeñosa y el anterior había fichado a un guardameta llamado José Ramón Esnaola. 

La noche del 25 de junio del 77, la de la interminable tanda de penaltis, así la recordaba nuestro personaje. "Hasta el Rey se emocionó con el triunfo nuestro. Teníamos un gran equipo, pero que pudo mantenerse porque estaba en vigor el derecho de retención. No sé la de veces que Vicente Calderón estuvo en mi despacho queriendo llevarse a Biosca y a Cardeñosa... Al final, ellos tampoco querían irse porque aquel Betis era como una gran familia. Esa Copa se ganó con Iriondo y el equipo lo había formado Szusza, pero el gran artífice de aquello fue José María de la Concha". 

Pero una macabra broma del destino aguardaba emboscada tras una campaña, la 77-78, que el Betis afrontó con el apelativo de Eurobetis, pero con una plantilla demasiado corta. Las lesiones y el cúmulo de partidos fueron mermando a una plantilla extraordinaria, pero tan insuficiente que acabó en Segunda División en lo que puede calificarse como uno de los más grandes mazazos recibidos por una afición curada de espanto. 

Núñez Naranjo, en una emotiva asamblea en el Colegio Claret, quiso dejar el cargo. No lo permitió el beticismo y continuó en el cargo para una operación retorno que tuvo más aristas de las esperadas. Fichó a José Luis García Traid, un entrenador con fama de duro que, tras un arranque fulgurante, vio cómo el equipo se iba desfondando. Fue destituido, se le dio el cargo a León Lasa y subió a Primera en una última jornada de infarto y suspicacias. 

Pero la suerte estaba echada. Una derrota ante el Jaén la tarde de la destitución de García Traid encrespó tanto al beticismo que ni siquiera el respetado José Núñez Naranjo salió con bien del suceso. A la terminación de la temporada presentó la dimisión y así le ponía el colofón a diez años en el sillón presidencial del Real Betis Balompié. Pero más que un gran presidente de un club de fútbol, Pepenúñez fue un sevillano cabal que amaba a Sevilla y sus tradiciones por encima de todo. Hoy va a ser con entera seguridad un mal día para esa legión de amigos que estará a las 13:45 en el tanatorio de la SE-30 para el último adiós.

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