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Reyes saca su varita en plena vorágine

  • Emery le da una escasa hora al talentoso mediapunta, que iluminó el partido con su clase en la primera parte. Su salida del campo le apagó la luz al Sevilla, que sufrió para ganar.

Desde que tocó el primer balón, a los cuatro minutos, ya se atisbó que podía ser su día. Reyes volvió a la titularidad casi un mes después de la última ocasión, en casa ante el Elche, y le devolvió la deferencia a Unai Emery con un pase extraordinario en el 0-1 y marcando el 0-2, el primero que anota esta Liga. El entrenador sevillista lo sacó del terreno de juego a la hora de juego y el Sevilla perdió el norte, echó de menos su temple, su clase, su visión para parar y mandar entre la nube de piernas del centro del campo del Levante. Reyes apareció para aguijonear la línea enemiga con su extraordinaria visión del fútbol.

El utrerano, que había perdido el protagonismo en las últimas citas, ha levantado el dedo en plena vorágine competitiva del Sevilla. Con Denis Suárez en un segundo plano y Éver Banega copando el protagonismo de la creación del juego, la ausencia de éste por sanción obligó a Emery a poner en el campo al jugador que le queda para imponerse en el terreno de juego por fútbol. A sus 31 años y un futuro incierto, Reyes aún tiene mucho que decir, como demostró este martesen una primera parte en la que fue dueño y señor de lo que se coció en el Ciudad de Valencia.

Casi todo lo hizo bien Reyes. Y cuando Reyes hace bien las cosas algo positivo pasa. Pese a la pérdida de protagonismo, volvió a ponerse el brazalete de capitán con brío, con energía y electricidad. Se vio en ese primer balón que bajó con el pecho junto a la banda derecha para recortar a su par, pisar el área y buscar a algún compañero que llegara en buena disposición. Fue su primer aviso. Cuatro minutos después, en el ocho, recogió un balón en la zona ancha sevillista, derribó en seco a Sissoko y montó con verticalidad y criterio un contragolpe que no tuvo el acompañamiento adecuado. En la siguiente jugada, Vitolo lo buscó donde Reyes hace más daño, en el eje de la mediapunta. Ahí, en un abrir y cerrar de ojos, controló y se dio la vuelta para encarar el área levantinista, donde intuyó la carrera de Gameiro. El pase interior con el exterior de su mágico pie izquierdo fue sublime y el francés engrandeció la acción con un medido disparo sobre la marcha a la cepa del poste contrario. Minuto 10 y 0-1 en la primera llegada cierta del Sevilla.

Para el juego de contragolpe que identifica al equipo de Emery, Reyes tiene la varita de un mago. En cada control orientado, en cada amago, en cada recorte siempre con sentido, abría ante sí un nuevo ángulo de visión que ensanchaba los espacios como Creador. Su privilegiada cabeza para el fútbol tiene la capacidad de convertir la nada en el todo, la oscuridad en luz. Fiat lux. Ahí radica el secreto de su duende, perdida ya la velocidad con la que irrumpió en el fútbol hace ya 15 años.

No sólo fue su duende. Reyes trabajó en defensa, hizo faltas en la medular, incluso tapó junto a la cal para forzar un córner. Pero el plan de Emery era aprovechar su talento durante una hora. Justo después de su único error grosero, un pase horizontal que abrió una vía para el Levante, el técnico lo sacó del campo. Y el Sevilla perdió su luz, la luz, y tuvo que sufrir.

Con la Liga Europa casi atada, todas las miradas en San Mamés

 

El triunfo del Sevilla unido a la derrota del Málaga en Éibar amplía el colchón con el séptimo clasificado hasta los 16 puntos. A falta de ocho jornadas, el equipo de Unai Emery suma más puntos que nunca a estas alturas (61) y puede tener prácticamente atada su participación en la próxima Liga Europa, el objetivo fijado por el club. Sin embargo, éste se ha quedado corto ante la extraordinaria temporada que está firmando el equipo. Los sevillistas, los profesionales y los aficionados, tendrán todas las miradas puestas en lo que suceda mañana en San Mamés, donde el Valencia defiende su ventaja de tres puntos. Y el sábado llega el Barcelona, con casi todo el papel agotado en el Sánchez-Pizjuán. El frenesí no para.

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