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La fiesta tendrá resaca

  • El equipo es despedido al grito de “Tabak vete ya” tras encadenar su séptima derrota en el partido 1.000 en la ACB. Kane suma, Marelja, no

Radicevic lanza desde el perímetro. Radicevic lanza desde el perímetro.

Radicevic lanza desde el perímetro. / Víctor Rodríguez

Se anunciaba fiesta en San Pablo y al final sólo queda una dura resaca tras otro mal encuentro que acabó con derrota ante el GranCanaria. Ni el partido 1.000, ni los fichajes, ni el amor propio... Nada. El Betis Baloncesto está muerto. Plano. No juega a nada. Ni defiende con energía (los lanzadores rivales siempre tiran solos) ni es capaz de atacar con cabeza. El equipo está desquiciado y eso se transmite en la pista con pérdidas tontas que regalan contragolpes al rival, rotaciones incomprensibles y desesperación en cada acción de los jugadores verdiblancos, desde meter la mano atrás haciendo faltas tontas a tirar por tirar porque no hay sistemas trabajados ni ideas.

El público creó la atmósfera necesaria, pero en la pista nadie estuvo a la altura. Ni jugadores ni mucho menos un Zan Tabak al que el discurso de los “pequeños detalles” se le agota. Puede que se juegue su futuro en los dos próximos compromisos ante el Fuenlabrda y en casa con el Joventut. No son sólo los resultados. Las sensaciones son paupérrimas y no se ve la mano del entrenador por ningún lado.

Y es que ya en el primer cuarto el Gran Canaria de Luis Casimiro, intenso atrás y efectivo a la hora de mirar a canasta, doblaba al cuadro local con Planinic haciendo mucho daño en la pintura sin encontrar oposición. Con el 9-18 entró DeAndre Kane, uno de los nuevos, a la pista. Al menos Milosevic dejó de subir la pelota, que en los cinco primeros minutos se tomó la licencia hasta en cuatro ocasiones. Lo hizo con ganas, con Mahalbasic ya sentado en el banquillo con dos faltas personales y con Marelja, el otro que se estrenaba, dando sobradas muestras que la ACB le queda grande. Pero venía en el lote conKane, que se multiplicaba y aparecía reboteando, asistiendo y entrando a canasta en apenas un minuto. Sus compañeros se activaron con su entrada y con un buen sprint se colocaron a tiro de piedra (19-22) y bien pudieron igualar si el lanzamiento final de Kane desde el medio del campo no se hubiese salido de dentro.

Del mal el menos. Otra vez. Pero era cuestión de tiempo de que la aplastante superioridad que el Gran Canaria mostraba sobre el parqué se hiciese patente. Kane se disolvió como un azucarillo. Lo conocía bien Luis Casimiro de sus duelos en la Eurocup esta misma campaña y con McCalebb entonado comenzó a sufrir el base. Y con él todo el Betis. Para cuando Marc García anotó la primera canasta de los sevillanos del segundo acto Salin y McCalebb ya habían martilleado varias veces la cesta rival para romper el partido. No fueron los únicos. Lockett llegaba siempre tarde y O’Neale y Kuric lanzaban desde los 6,75 completamente solos. Algo se hará mal cuando los oponentes, sea cual sea el equipo, tiran tantas y tantas veces sin oposición. Lo habitual en este Betis de Tabak.

Así, canasta a canasta, casi siempre de los amarillos, que no encontraban dificultades, los de Casimiro se dispararon hasta el 26-47 aprovechando las pérdidas verdiblancas. Otra vez a remar. Otra vez, pero a diferencia de otras veces, ya nadie cree.

Es de imaginar que Tabak no les daría a sus jugadores la enhorabuena en el descanso por el primer cuarto. A él, también es de imaginar, que por la tarde o al día siguiente alguien le daría también su merecido rapapolvo. Y sus jugadores salieron con más ganas. Un 8-1 de salida y San Pablo se ilusionaba. Lo poco que necesitan sus fieles para animarse. A todo ello se unió que la grada se encendió con los árbitros, que sin necesitarlo el Gran Canaria le echaron una mano con el distinto criterio a la hora de señalar personal. Respeto, un derecho ganado deportivamente por el campeón de la Supercopa.

Con Kane de nuevo activo, Lockett anotó un triple que redujo la diferencia a sólo nueve puntos (47-56). Pero Casimiro es perro viejo y llamó a los suyos a capítulo. Mano de entrenador. Mientras, Tabak sacaba a pista a Cate y Milosevic por Mahalbasic y Nachbar, muy activos en la recuperación de su equipo, y perdía la opción de la remontada con la que alguno llegó a soñar. Tras el tiempo muerto y de ahí al final del cuarto un parcial de 2-10 acabó con las posibilidades béticas. Las únicas ovaciones de la mañana se las llevaron las pequeñas que saltaron a bailar en los descansos.

El último cuarto sobró. Unos no creían ya y otros tampoco es que quisieran hacer más sangre de la necesaria y con mantener su renta para asegurarse su quinta victoria seguida se dieron por satisfechos. El Betis, por contra, encadenó la séptima derrota consecutiva y los primeros gritos, aún tímidos, de “Tabak vete ya” sonaron en el pabellón. Seguramente tendrá aún dos finales por delante de margen el técnico porque se mantiene el margen con el descenso de un triunfo. Pero ojo. Que la fiesta del partido 1.000 deja resaca: en Fuenlabrada se la juega Tabak.

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