Valladolid-Betis Energía Plus | Crónica

No se sube al trantrán (74-67)

  • En un malísimo partido el Betis cae en Pucela sin actitud en defensa ni ideas en ataque.

  • Segunda derrota para un proyecto que no arranca 

Dos jugadores del Betis defienden una jugada. Dos jugadores del Betis defienden una jugada.

Dos jugadores del Betis defienden una jugada. / J. M. Lostau

Diez días mal contados de competición, dos derrotas en tres partidos y la sensación de que el Betis Energía Plus está, hoy por hoy, lejos de ser un equipo. Y eso, más que grandes individualidades, es la clave para salir airoso de la LEB Oro. Quien quiera puede coger una excusa. La que guste. "Esto acaba de empezar", "es que en la pretemporada hubo muchos lesionados", "la LEB es muy dura"... Hay más, ¿será por excusas? Pero lo que es inexcusable es que el conjunto verdiblanco, conformado a golpe de talonario, es un equipo de retales que, independientemente de lo que pase en el futuro, hoy está lejos de rendir en la pista como se espera y rivales con más ambición, ilusión y deseo les han demostrado a los de Curro Segura, y a él mismo, que para ganar hace mucho más que grandes individualidades.

Anárquico en ataque y perdido en defensa, el cuadro sevillano se fue de paseo a Pucela, porque casi no compitió en ningún instante. El grupo tiene que recibir un par de golpes para reaccionar y le cuesta llevar la iniciativa. Le pasó en tierras oscenses; en la segunda jornada en San Pablo ante un Básquet Coruña que sólo claudicó con la lesión de Monaghan; y le pasó en Valladolid ante un conjunto que sí trabaja solidariamente en las dos canastas.

Y es que el plantel de Paco García llevó el peso del choque y la iniciativa con más cabeza en su juego y, sobre todo, más ganas. Ganas, ambición, deseo... Eso es lo que les falta a los béticos. Alguno necesita un chute de sangre para cambiar la horchata que les corre por las venas, porque los locales con un pase extra o un paso más largo en la penetración encontraban siempre el camino expedito hacia la canasta. Entre eso y las 11 capturas ofensivas en los primeros 20 minutos, los de Paco García lanzaron hasta 13 tiros de campo más.

Así, con esa premisa, no fue raro ver a un Valladolid con una marcha más, fruto de las señales de debilidad que ha mostrado el Betis en las primeras jornadas que hace que cualquier rival vea posibilidades de lograr un triunfo de postín ante el llamado favorito al ascenso. Todo comenzó torcido y pronto Stainbrook se fue al banquillo al recibir un golpe de Carlos Novas al entrar a canasta. El pívot salió tras el descanso con algunos puntos en la cara de nuevo. Con los rebotes ofensivos respondían los locales a las canastas fruto de la calidad del rival, pero siempre eran acciones individuales y no como fruto de un juego colectivo.

El primer cuarto, pese a todo, fue un intercambio de golpes que acabó con el 19-18, pero las sensaciones no respondían a ese resultado porque el Betis iba a tirones sin un estilo de juego ni un líder. Stainbrook se recuperaba en el vestuario del golpetazo recibido; Dee no parece estar acostumbrado a estar tanto tiempo en la silla; Bropleh, desaparecido, acabó doblando balones en vez de mirar a canasta en posiciones cómodas como para quietarse el marrón de encima por si fallaba; los bases eran incapaces de repartir alguna asistencia; y Obi, Tunde y Samb no se enteran de lo que va la competición haciendo faltas ridículas.

No es raro por tanto que entre las canastas de Álex Reyes, los rebotes y los puntos de Sergio de la Fuente y la ambición del resto el Valladolid diera un tirón para abrir una brecha en el segundo cuarto que el Betis ya jamás cerró. El 21-22, obra de Malmanis, fue la última vez que estuvo por delante en el marcador el Betis. A la canasta del letón contestó de inmediato Álex Reyes con un triple y el cuadro local aceleró hasta el 34-24. Curro Segura probaba de todo. Cambiando a los bases, con Samb haciendo de pívot, Borg, de alero..., pero su equipo era incapaz de construir un ataque organizado y todo acababa en tiros sin sentidos o pérdidas de infantiles por intentar el pase imposible.

Con ocho puntos de desventaja (44-36) se fue el Betis a los vestuarios, tras una jugada que acabó con un triple fallido de Obi desde nueve metros y algún compañero pidiéndole explicaciones porque esa no era la jugada ensayada. De allí salió con algo más de ímpetu, pero los fallos bajo canastas los hicieron desesperar e irse del partido. Dos puntos en los primero cinco minutos del cuarto. No estaba mucho mejor el rival, pero el problema era de los visitantes. Si en el primer cuarto los airball marcaron el juego de los heliopolitanos, las pérdidas lo hicieron en este periodo. Tres consecutivas en los tres primeros ataques. Toda una declaración de intenciones. Gantt, más poderoso físicamente, castigaba a Dee en defensa y Kezadi hacía lo propio con el base de turno. El Betis parecía cogerle tirria a un choque más físico y el Valladolid se remangó los pantalones para bajar al barro a pelear mientras el rival creía que su momento llegaría en el último cuarto, porque llegó vivo a los últimos diez minutos (53-48).

Sin embargo, el problema de fiarlo todo al potencial ofensivo y olvidar de defenderse es que en un mal día en ataque no hay plan B. Tuvo su momento el Betis, que con un triple de Bropleh se puso a tiro de piedra (56-53). En el ataque siguiente falló Sergio de la Fuente, a Tunde se le escurrió el balón de las manos en el rebote y Carlos Novas aprovechó para anotar sin oposición. Ahí se le escapó el tren. Porque de ese 56-53 se pasó a un 68-53 (12-0 de parcial) entre las caras desquiciadas de los béticos, que no sabían qué hacer...

Stainbrook apareció para meter el miedo en el cuerpo al público de Pucela, y con nueve puntos seguidos puso el 68-62, pero Hayes, solo desde cuatro metros, anotó para darle tranquilidad a los suyos, que acabaron poniéndole el broche al encuentro culminando una jugada de pizarra tras tiempo muerto para firmar el 74-67 y sembrar de dudas el proyecto del Betis no por las dos derrotas en estas tres primeras jornadas, sino por la sensación de que todavía no sabe a qué y cómo jugar. Dependiendo de cuando lo sepa, estas derrotas quedarán en anécdota o no.

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