Natación sincronizada Un chapuzón de felicidad

  • La sevillana Alisa Ozhogina regresa al CAR de San Cugat con el equipo nacional de natación sincronizada tras más de dos meses

  • Las medidas de seguridad todavía condicionan los entrenamientos

La sevillana Alisa Ozhogina vuelve a entrenarse en las piscinas del CAR de San Cugat. La sevillana Alisa Ozhogina vuelve a entrenarse en las piscinas del CAR de San Cugat.

La sevillana Alisa Ozhogina vuelve a entrenarse en las piscinas del CAR de San Cugat. / M.G.

"Un chapuzón de felicidad". No hay mejor forma de expresar lo que ha significado para Alisa Ozhogina el regreso al CAR de San Cugat, donde desde hace una semana retomó los entrenamientos con el equipo nacional de natación sincronizada. No está siendo fácil la vuelta, porque, de momento, las medidas de seguridad impiden que la nueva normalidad se parezca a la antigua, pero afronta el futuro "con decisión y mirando el lado positivo". "Hemos vuelto".

Casi dos meses alejada de una piscina para alguien que lleva "más 10 años" zambulléndose casi a diario es mucho. "Vamos recuperando las sensaciones poco a poco. Dos meses trabajando a distancia y en seco es demasiado para nosotras. Nos está costando coger el ritmo y hay agujetas, pero estamos encantadas de estar de nuevo juntas", señala la nadadora hispalense, que al menos tuvo un contacto con el agua en la última semana de la fase 1 en Sevilla. "Cuando nos dejaron desplazarnos dentro de la provincia y como deportista profesional pude trabajar con mi entrenadora del Sincro Sevilla en la piscina de su casa. Hacía ejercicios de brazos y nadaba con los pies amarrados sin moverme para recuperar sensaciones", explica.

Las chicas del equipo nacional, de nuevo en la piscina del CAR de San Cugat. Las chicas del equipo nacional, de nuevo en la piscina del CAR de San Cugat.

Las chicas del equipo nacional, de nuevo en la piscina del CAR de San Cugat. / M.G.

Pero ya está de nuevo en el CAR. Es como su "segunda casa". Y volver a ella tras el confinamiento fue "una sensación extraña". "Sentía que todo era familiar, pero a la vez nuevo. Fue algo raro para mí", indica la sevillana, "muy feliz" por empezar una rutina que debe llevarla a cumplir el sueño olímpico dentro de un año. Queda tiempo para eso y el equipo debe ponerse antes a tono. Las nadadoras han pasado de entrenarse conectadas por internet a hacerlo de nuevo en la piscina, donde también mandan las medidas de seguridad. "Al menos ahora nos vemos en directo y la música suena a la vez para todas, pero incluso en la piscina debemos guardar la distancia de seguridad y eso en sincronizada lo complica todo. En las rutinas estamos en continuos cambios y lo que antes son desplazamientos cortos ahora son mucho más largos. Casi no llegas a una posición cuando estás ya pensando en la siguiente de otras tres brazadas, cuando lo normal es que sean muchos desplazamientos de distancias muy cortas. Lo hemos intentado también en seco y aun así es muy complicado", explica Ozhogina. Pero esto no es más que "un reto más". "Esto hace que no nos relajemos y con las ganas con las que venimos todas lo hagamos todo con más ganas e ilusión".

Mantener la distancia en la piscina no es la única medida de seguridad en un CAR casi blindado. Los deportistas no residen allí de momento y los grupos están distribuidos en los diferentes espacios para que coincidan lo menos posible. "Hay muchas medidas de seguridad. En cada salida y entrada nos toman la temperatura. Los horarios de acceso están muy restringidos y hay geles y mascarillas por todas partes. A la piscina entramos con una especie de patucos desinfectados, guardando la distancia siempre entre nosotras. No compartimos material y en el gimnasio las máquinas están más separadas con su spray desinfectante con las que limpiarlas antes y después de usarlas. Es una rutina nueva, pero necesaria si queremos seguir entrenando con seguridad", admite la nadadora internacional.

Seguramente es peor ese distanciamiento que adoptar estos nuevos hábitos. "Quizás es lo que peor llevamos. No poder darnos un abrazo, animarnos con una palmada... Somos un grupo muy unido y echamos en falta esas cosas, así que de momento juntamos los codos. No queda otra. Tenemos que resetear, pero lo importante es que estamos de nuevo juntas entrenándonos con una ilusión común", explicó.

Mientras todo se normaliza fuera, en el CAR Ozhogina trabaja junto a sus compañeras para "recuperar lo más rápido posible las sensaciones y el físico para empezar con las coreografías cuando se pase de fase y las medidas de distanciamiento cambien", pero de momento entiende que "hay que cumplirlas para acabar con esta pandemia y que no se produzcan rebrotes que haga que toda la sociedad dé pasos atrás".

"Con todo lo que está costando hay que seguir así", destaca la protagonista. 3.000 metros de natación diaria para empezar a recuperar ese nivel que debía llevar este año a la selección a los Juegos de Tokio. "Pero el sueño continúa, lo que pasa es que se ha aplazado un año", asegura la sevillana, que cree que "todo esto no ha hecho más que unir al equipo". "Hemos vuelto con las pilas cargadas en todos los sentidos. Con las mismas o más ganas de entrenar para alcanzar nuestro mejor nivel y cumplir con el objetivo. De momento tenemos que ir poco a poco, pero esto ya es un paso y estoy feliz por ello", resume.

Después de dos meses en casa, espera que pronto la pandemia esté superada para volver a ver a su familia. Mientras, seguirá trabajando con su “otra familia”, la deportiva, con la que se siente "como pez en el agua" de nuevo dejando atrás un periodo "de secano" que se le hizo “eterno”. En el CAR de San Cugat se dio un "chapuzón de felicidad" con la vuelta a una rutina de trabajo mientras la nueva normalidad vuelve a parecerse a la antigua.

Las componentes del equipo nacional de natación sincronizada, juntas de nuevo en el CAR. Las componentes del equipo nacional de natación sincronizada, juntas de nuevo en el CAR.

Las componentes del equipo nacional de natación sincronizada, juntas de nuevo en el CAR. / M.G.

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