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Un resurgir en las piedras

  • El alemán Degenkolb salva la temida jornada de adoquines y firma la victoria en Roubaix

  • La dura etapa no causa estragos en la general, con el belga Van Avermaet aún más líder

John Degenkolb levanta los brazos para celebrar su victoria en la novena etapa del Tour, con Van Avermaet tras él. John Degenkolb levanta los brazos para celebrar su victoria en la novena etapa del Tour, con Van Avermaet tras él.

John Degenkolb levanta los brazos para celebrar su victoria en la novena etapa del Tour, con Van Avermaet tras él. / YOAN VALAT / EFE

El alemán John Degenkolb (Trek) resurgió en la temida jornada de adoquines y volvió a firmar una gran victoria en la novena etapa del Tour disputada entre Arras y Roubaix con un recorrido de 156,5 kilómetros, en la que el belga Greg van Avermaet (BMC) reforzó el maillot de líder con el segundo puesto.

En una jornada de gran dureza que no causó estragos en la general y los favoritos se mantuvieron en sus posiciones, Degenkolb, un esprinter y clasicómano nacido en Gera hace 29 años, volvió a ganar en Roubaix, pero no en el famoso velódromo donde se impuso en el Infierno del Norte de 2015.

Esta vez levantó los brazos en el centro de la ciudad batiendo en duelo directo al líder Van Avermaet y al otro belga de la escapada definitiva, Yves Lampaert (Quick Step). Una disputa entre especialistas que se resolvió por velocidad entre sólo tres corredores, los únicos que fueron capaces de saltarse la disciplina del grupo de favoritos.

Era la etapa del miedo, la que exigía cambios materiales, como ruedas especiales con presión menor para amortiguar el trote, y un despliegue excepcional de auxiliares por los tramos adoquinados, 40 del Sky, uno cada 600 metros con agua y ruedas. Movistar con un despliegue de 42 juegos de ruedas.

Esperaban 21,7 kilómetros de pavés repartidos en 15 sectores. Aroma a Infierno del Norte. Al final nadie se quemó en el infierno de los adoquines, pero caídas, pinchazos y sustos hubo de todos los colores.

Los primeros adoquines a 109 kilómetros de Roubaix rompieron la bicicleta de Bardet y pinchó una rueda a Dumoulin. Mientras, diez hombres marchaban adelantados, entre ellos Omar Fraile, Calmejane y de Gendt. En el pelotón el mando lo llevaba el Bora de Peter Sagan, ganador este año de la París-Roubaix.

Bora empezó mostrándose en los primeros tramos, pero a diferencia de la clásica de primavera, donde se corre sin respiro desde el primer sector adoquinado, en el Tour se encadenaron los tiranos y los momentos de reagrupamiento.

Sky siempre estuvo atento en la entrada a las piedras, con Kwiatkowski de locomotora hasta que el polaco se fue al suelo, pero el Quick Step asomaba de vez en cuando, como en el sector 8 de Mons-en-Pèvèle cuando atacaron Lampaert y Gilbert poco después de una caída de Froome y su compañero Moscon.

La clave llegó en el penúltimo sector, el de Camphin en Pévéle, a 16 de meta, cuando atacó Lampaert. Sólo lo siguieron Van Avermaet y Degenkolb. Abrieron hueco y se decidió la etapa.

Por detrás hubo conformismo, aunque lo intentó Valverde, sin permiso del pelotón. Los favoritos se dieron la mano y el trío de cabeza se la jugaron con un final propia del ciclismo en pista. Como si estuvieran en el velódromo. Miradas, amagos y Degenkolg que zanja el asunto con una arrancada letal.

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