EBE

Televisión, educación, miedo, libertad y provocación

  • El EBE 2010 debate sobre el futuro de la pequeña pantalla, las nuevas tecnologías como herramienta de aprendizaje y sobre cómo se ejercitan las libertades desde la Red.

¿Cómo es la televisión actual? ¿Cómo están reaccionando al nuevo escenario de lo digital? ¿Cómo se relacionan las grandes cadenas con internet? Estas fueron algunas de las preguntas que vertebraron la charla que mantuvieron la tarde del sábado en el Evento Blog 2010 Alfredo Peña (La Sexta), Eudald Domenech (InOutTV) y Nicolás Amado (BrightCove). Tras repasar las estrategias con las que las cadenas españolas que emiten en abierto han dado el salto a la Red (un salto no uniforme, porque unas ofrecen emisiones en directo y otras en diferido y la oferta de televisión a la carta es muy dispar), coincidieron en que la creciente demanda de los espectadores, cada vez más específica y más difícil de satisfacer con una programación estándar, será la que marque el futuro inmediato del medio, porque la gente “quiere ver cada vez más lo que quiere y en el momento en que quiere verlo”, y además quiere acceder a todos esos servicios “desde el sofá”, una tendencia incompatible con el modelo clásico de televisión de pago.

“Si la gente puede pagar una cantidad razonable al mes por Hulu y Netflix para ver determinados contenidos de su interés, ¿por qué va a pagar mucho más por ver una lista interminable de canales que no va a ver?”. Además, las nuevas plataformas ofrecen la posibilidad de comentar lo que se está viendo en diversas redes sociales. En la mesa sobre televisión también se habló, cómo no (había un representante de la compañía entre los ponentes) de InOutTV, que se acerca bastante a esa televisión de verdad a la carta; de BrightCove (también había otro representante) como plataforma para la gestión de vídeo on line, y del iPlayer de la BBC, que según datos de los ponentes aglutina el 25% del tráfico de todo el Reino Unido.

Pese a que la sesión duró una hora, quedaron algunos temas en el tintero (por Twitter se preguntaban por qué no hablaban de cómo ha cambiado Perdidos la forma de muchos de ver televisión) y por otros se pasó casi de puntillas (como la publicidad, los contenidos que las televisiones toman prestados de la Red sin citar siquiera la fuente -porque YouTube no es una fuente- o la intención de los fabricantes de tecnología de involucrarse en el ámbito de los contenidos sin ser ellos productores de contenido).

Por su parte, Dolors Reig introdujo en el Evento Blog la educación, un campo en el que las nuevas tecnologías, sobre todo de un tiempo a esta parte, juegan un papel decisivo. Reig habló de la importancia del mensaje por encima de los dispositivos que se usen para emitirlos o recibirlos, desmintió los estudios que acusan a internet y las redes sociales de mermar la empatía de las personas, especialmente de los más jóvenes, y defendió la inteligencia colectiva que surge de las comunidades que propician las redes sociales, mucho más poderosa que la inteligencia individual de cualquiera de sus miembros. (Presentación de Dolors Reig)

Tras ella, tomó la palabra Juan Freire, que disertó sobre la libertad en la Red o, como él mismo precisó, sobre cómo se ejercen las libertades desde la Red, que deben librar cinco batallas. La primera de ellas es “contra nosotros mismos”, para huir del “tecno-determinismo y la tecno-utopía”, porque “la tecnología no cambia nada”, son los usuarios los que deben usarla, apropiarse de ella, para llevar a cabo cualquier cambio. La segunda batalla debe librarse contra “nuestros gobernantes”, que suelen tener “principios que venden al mejor postor” y que han llevado el debate sobre la legislación en internet a un planteamiento industrial que se está abordando como una cuestión de telecomunicaciones (en Europa), de contenidos (en EEUU) o de hardware (en Asia) según el territorio, porque los gobiernos piensan en la Red únicamente como un producto y como un mercado. Según Freire, internet ha propiciado tanto “cosas buenas” (WikiLeaks) como algunas malas (la posibilidad de que quienes gobiernan puedan monitorizar la actividad de sus ciudadanos).

La tercera batalla tiene dos flancos: por un lado, la propia industria y, por otro, la inhibición de las administraciones públicas. Ambas dan lugar, por ejemplo, a lo que Freire llama “el caso Facebook”, con sus extensísimas condiciones de uso y de privacidad que los usuarios aceptan sin leer y que los gobiernos ni conocen ni se interesan por ellas. Los periódicos cambios en las condiciones de la red social no son, pues, fruto de la intervención de ningún poder público, sino de una “negociación difusa entre los usuarios y la industria”. La cuarta batalla tiene lugar entre los colectivos marginales en sociedades democráticas, que, obviamente, tienen problemas más acuciantes que las condiciones de uso de Facebook. Por último, la quinta la lucha la ciudadanía en las sociedades no democráticas. El caso paradigmático es China, donde el Gobierno emplea a decenas de miles de personas para controlar on line la actividad de los disidentes. Freire detecta ciertos paralelismos entre el caso Facebook y el chino, y piensa en lo que ocurre en ese país como en “una especie de laboratorio de lo que podría ocurrir en cualquier parte del mundo”.   

Precisamente sobre el miedo (no es que las propuestas de Freire asustasen, pero sí resultaron en cierto modo inquietantes) habló Pilar Jericó, y de cómo ahuyentarlo. Jericó pidió a los asistentes que se conviertan en cambio, que compartan, porque “compartir crea valor” (“el cerebro funciona de forma diferente si estamos conectados”, algo que se advierte sobre todo en los llamados nativos digitales), y que no se queden esperando a que las empresas lideren el cambio, porque “la sociedad cambia más rápido que las empresas”. Y para llevar a cabo ese cambio, “que cuesta”, las personas deben dejar atrás el miedo, “que bloquea el pensamiento”. “El reto es que el miedo no te paralice”, dijo, y aseguró que “podemos influir en nuestras emociones”, porque la mayor parte de nuestros miedos no tienen una base real. Y para desterrar ese miedo, Pilar Jericó propone “pensar en el compromiso que da sentido a tu vida y te hace más fuerte”

De perturbar ese aura de optimismo que se había instalado en el plenario del EBE se encargó Antonio Fumero, decidido a asumir el papel de provocador de esta edición del Evento Blog. Fumero criticó el empeño de muchos de los ponentes que habían pasado hasta entonces por el programa en que todos los asistentes se dedicasen a emprender (“también tiene que haber empresas, no sólo emprendedores”) y que a las empresas se les llena la boca hablando de lo social cuando lo único que hacen “es cambiarle el nombre a los publicistas para llamarlos community managers y la única obsesión de muchas compañías es encontrar gente para gestionar sus cuentas en las redes sociales”.

Fumero, que reconoció estar cansado del “buenrollismo dospuntoceril”, también dijo estar harto de escuchar una y otra vez la misma retórica y debates sobre los mismos “lugares comunes”, y recordó cómo hace unos años todos decían que la mensajería instantánea acabaría con el correo electrónico y que ahora, cuatro años después de que Twitter apareciese en público, todas las compañías han decidido que tienen que estar ahí. Y también arremetió contra uno de los mantras de este EBE: “El fracaso es bueno”. “Claro que es bueno”, admitió, “porque de los errores se aprende, pero no veo dando conferencias al que creyó que Keteké era una buena idea”.

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