Economía

"España es inconcebible sin Andalucía"

  • Cuatrecasas, miembro de una de las sagas jurídicas más prestigiosas, habla de los derbis con Garrigues y Uría y de la potente proyección de la industria legal andaluza

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Para asimilar la verdadera dimensión profesional de Emilio Cuatrecasas (Barcelona, 1954) basta con echar un vistazo al enjambre de fotos que decora una de las estanterías de su despacho. El Rey, don Felipe, Fidel, Clinton o Gorbachov se suceden en un carrusel púrpura. Una alargadísima mesa de madera, testigo sin duda de más de un sanedrín, preside su despacho. Desde allí, Barcelona es sólo la cresta de sus edificios.

-En los malos tiempos, soluciones creativas… ¿Cómo llevan el eslogan?

-Trabajamos para mantener la actividad y hasta ahora también hemos conservado e incluso superado la facturación. Este año está por ver qué hemos hecho. Ha sido una buena oportunidad para organizar cosas pendientes en la casa.

-¿Cuál ha sido la política de precios justo cuando más dificultades pasa la gente?

-No hemos rebajado tarifas, pero sí hemos ayudado a los clientes. Hemos hechos sacrificios.

-No me queda claro cómo se ayuda sin bajar el precio.

-Con presupuestos por debajo de las tarifas, permitiendo que las condiciones de pago sean más relajadas, incluyendo otros servicios en la contratación que tenían a un precio inferior.

-Hay departamentos que en tiempos de crisis trabajan más.

-Laboral ha vivido una explosión. En los dos últimos ha tenido una proyección espectacular. Es el que más ha crecido y el que más crece. Derecho financiero es otro puntal, singularmente en lo que respecta a las refinanciaciones y reestructuraciones empresariales. Pero ésa es sólo una parte del todo. En el resto, la crisis ha sido mucho más notable. ¿Se compensan unas y otras ramas? Sólo en la medida en que un despacho que se mantiene en la situación en que estaba antes de la crisis debe estar muy satisfecho.

-Llama la atención la dicotomía entre el origen catalán del despacho y su explosión en Madrid, donde hay una división muy potente…

-No es una división.

-Bueno, casi otra matriz.

-Sí.

-¿Cómo vive usted ese proceso dual?

-Es absolutamente beneficioso. Este despacho es diverso y flexible, no hay una oficina que imponga una manera de proceder. Tenemos 23 oficinas, cada una con su personalidad. No queremos que un sevillano tenga que actuar como un madrileño. Luego, todo es en el fondo parecido, porque nos une una deontología. Cuando decidí abrir una oficina en Madrid tuve claro que no se trataba de imponer un modelo. Por otra parte, Madrid es la oficina más pujante y lo seguirá siendo.

-¿Cómo funciona Andalucía?

-Ha sido un modelo de integración. Nos aliamos con el profesor Olivencia y Paco Ballester, y su equipo era de primerísima división, no sólo en conocimientos técnicos, sino sobre todo en el aspecto humano. Ha habido una integración de hermanos. Y luego han aportado un trato próximo y respetuoso que ha contagiado al resto del despacho. Sevilla será la oficina que más crezca en 2009. Ya ocurrió lo mismo en 2008. Y con asuntos importantes entre manos, como los de alguna caja puntera. Andalucía es clave. El 20% del país está ahí. Sin ella no se entiende España.

-Los grandes bufetes españoles han sabido resistir la irrupción de los anglosajones.

-Hay tres despachos que implantaron culturas modernas, más internacionales desde el punto de vista técnico, de la promoción, del concepto del socio. Son tres empresas familiares. Uría, Garrigues y Cuatrecasas tienen más de 60 años y supieron adelantarse a los tiempos. Cuando a finales de los 70 y 80 las grandes auditoras internacionales abrieron aquí sus despachos legales, y ésta es la segunda razón, la competencia fue fortísima. Era reaccionar o desaparecer. Al irrumpir los anglosajones años después, ya estábamos muy preparados.

-Nuestro mercado de servicios jurídicos, ¿sale a exterior a perseguir las grandes inversiones españolas? ¿Está listo para competir en esa liga?

-Lo está, y lo estará más a medida que nos internacionalicemos, que es el principal reto. Los clientes que salen recurren a nuestros servicios, aunque no masivamente. Tenemos oficinas en China, Nueva York y Londres, pero allí hay despachos locales importantes. El cliente sale con los bufetes españoles, pero cuando se implanta de verdad puede escoger otros locales con servicios más adaptados al país. Nuestro reto es internacionalizarnos con oficinas propias y, sobre todo, con alianzas.

-¿Qué percepción hay de la marca España desde esa perspectiva de la industria legal? ¿Llega, por ejemplo, una empresa británica y no se lo piensa dos veces antes de llamarles?

-Si fuera al revés, no seríamos tan grandes. Las mayores operaciones de M&A (fusiones y adquisiciones) en España las siguen haciendo los tres grandes despachos nacionales. En Europa los despachos españoles son muy conocidos. Nuestra reputación es equiparable a la de nuestros bancos.

-¿Cómo es esa liga entre Garrigues, Uría y Cuatrecasas?

-La rivalidad es sana, pero evidentemente existe. Hay una competición por diferenciar porque incluso cuando un despacho británico viene aquí, emplea a abogados españoles, en muchos casos fichados de nuestros propios despachos, pero independientemente de esta rivalidad patente, hay una absoluta cordialidad.

-¿Cómo ha evolucionado el ejercicio de la profesión con la llegada de las nuevas tecnologías? ¿No es demasiado grande la tendencia a cortar y pegar?

-La evolución desde que me incorporé en 1977 hasta hoy era inimaginable entonces, pero la próxima es mayor aún. Trabajábamos sin ordenadores, dictábamos, estaba el teléfono de baquelita negra. Lo que viene ahora es una transformación muy grande del modelo de negocio. Hace 30 años nuestros padres se hacían los trajes a medida; hoy esos sastres no existen, hay un prêt-à-porter y todo queda perfecto. ¿Qué le ocurre a la abogacía? Hay 700.000 páginas al año de los boletines de las comunidades autónomas. Si les sumas las 100.000 del BOE y el millón y pico de la Comisión Europea, son dos millones de páginas. ¿Quién digiere esto? La gestión del conocimiento legal se debe sistematizar. No se trata del corta-pega, porque la abogacía al final es la defensa en juicio, y eso depende de la cabeza, de saber hablar, de escoger el argumento más plausible en una negociación o ante un tribunal… Pero el conocimiento jurídico se lo tendrán que facilitar.

-¿Qué nicho le va a quedar al pequeño abogado?

-Habrá nichos. En el Reino Unido, no más de un 5% de los abogados trabajan solos. En EEUU, con un sistema jurídico parecido, un 60-65% lo hace en pequeños despachos. En España, más de la mitad. ¿Tienen un mercado? Sin duda. En materia matrimonial, por ejemplo. Todo el mundo se divorcia ahora, y eso genera mucha actividad, pero no para los grandes despachos. El derecho penal se practica aún en los despachos-nicho. También está el factor del trato cercano. El mundo tiende a modificarse, pero no desaparece nada. Los periódicos no van a desaparecer. Tampoco los libros.

-¿Cuáles son ahora las tierras vírgenes de la abogacía? Se me ocurre internet.

-Internet es más bien el medio. Pero sí que plantea dificultades. Si se compra algo por la Red, ¿dónde se ha hecho la operación? A los problemas comunes, internet les añade una complicación especial, de la misma manera que la banca virtual no elimina la tradicional aunque de ella deriven algunas singularidades. Hay problemas por ejemplo con los mail. ¿Puedes visitarlos? ¿Qué pasa si un trabajador manda un correo masivo y ofensivo? Hay patologías, pero no es una rama del derecho. El gran reto está en realidad es el asesoramiento multijurisdiccional. Si tienes una compañía con centros de trabajo en cinco países, ¿cuáles son las normas laborales que se aplican?

-El vínculo entre abogados en un despacho de estas dimensiones corre el riesgo de convertirse en un simple lazo entre empleador y empleado.

-Sí, se están laboralizando los despachos. A pesar de que el régimen jurídico haya dado un giro de 180 grados, a pesar de que lo que era una relación libre de colaboración profesional se ha transformado y el colaborador ha pasado a ser asalariado, percibo que sigue siendo una relación entre compañeros. A nosotros nos gustaría seguir cuidando esa filosofía sevillana de la que hablaba.

-¿Van a crecer en Andalucía?

-Estamos sólo en Sevilla, y Andalucía no es sólo Sevilla. Nos gustaría crecer. Hemos tenido planes de expansión. La prioridad es Málaga. Estuvimos muy cerca hace año y medio, pero con toda la que vino encima (operación Malaya), decidimos esperar.

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