Análisis

Cuando los políticos son el problema

  • Estamos viviendo una época de política de "baja calidad, que crea incertidumbre y lastra el crecimiento económico

  • Los populismos no solucionan el problema, lo empeoran

Cuando los políticos son el problema Cuando los políticos son el problema

Cuando los políticos son el problema

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Esta vez el problema no es la economía, es la política y los políticos. La producción y la creación de empleo crecen con vigor en todo el mundo. España lo hace con especial fortaleza. Es la política y los políticos los que crean incertidumbre y lastran las expectativas de futuro. Se han convertido en un freno para la economía y en una preocupación para los ciudadanos.

En el último informe del CIS del mes de junio la corrupción y la política se sitúan como segunda y tercera preocupación de los ciudadanos españoles.

Es la gran paradoja de nuestros tiempos: la política cuya noble misión es fomentar el bien común mediante la creación de riqueza, renta, seguridad y bienestar se convierte en un freno de la economía y un elemento de inseguridad e incertidumbre social. Algunos políticos y partidos, condicionan el bien común a sus propios intereses.

Estamos viviendo una época de una política de baja calidad, que no está a la altura de los retos a los que se enfrenta. No existe coherencia entre los valores que proclaman y los comportamientos que exhiben, ni entre lo que prometen en las elecciones y lo que posteriormente hacen. La corrupción política y las crecientes desigualdades en renta y riqueza agravan el problema. El resultado es que los ciudadanos están viviendo una era de desafección y desconfianza hacia los políticos y las instituciones. La crisis de los partidos tradicionales, la fragmentación política de los órganos legislativos y el nacimiento de los populismos y su creciente acceso al poder son la consecuencia de la degradación de la política. Sin embargo los populismos no son la solución al problema. Sus propuestas simples y utópicas, no son las adecuadas para la complejidad del problema que pretenden resolver.

El presidente Donald Trump es la peor amenaza que tiene EEUU y el mundo

Un fenómeno global

Lo más preocupante es que es un fenómeno global. Tras las grandes amenazas globales a la reciente recuperación económica internacional hay políticas y políticos irresponsables. En EEUU las deshumanizadas políticas contrarias a la inmigración y la alocada guerra arancelaria de Trump, un presidente irresponsable, desleal, egoísta y dictatorial. En Europa una política irresponsable e insolidaria con la crisis migratoria y una ausencia de liderazgo y consenso, que está llevando a la parálisis de las reformas y del proceso de integración europea, poniendo en riesgo la Eurozona. En el Reino Unido el Brexit, ejemplo de una actuación política irresponsable apoyada en falsas verdades en perjuicio de sus ciudadanos.

En Italia la xenofobia y el euroescepticismo de un gobierno populista formado por una coalición de extrema derecha y extrema izquierda qué amenaza el crecimiento y el bienestar de Italia y la estabilidad Europa. En Alemania la creciente debilidad de Angela Merkel como líder de una coalición, con graves dificultades para gestionar la crisis migratoria y liderar el proceso de integración europea. En Grecia gobiernos que han empobrecido a los ciudadanos y que son incapaces de hacer frente a la inmensa y creciente deuda pública que han generado. En España un gobierno en minoría que ha accedido al poder a través de una moción de censura, incapaz de acometer la reformas pendientes necesarias para mantener el crecimiento económico que le dejó como herencia un gobierno invadido por la plaga de la corrupción, un parlamento fragmentado, y un gobierno de Cataluña que quiere romper la unidad de España. Podríamos continuar esta deprimente lista, pero como muestra creo que es suficiente.

Las grandes amenazas

El presidente Trump es la mayor amenaza que tiene Estados Unidos y el Mundo. Sus políticas de aislamiento y proteccionismo están amenazando la paz y el orden mundial, la cooperación y el comercio internacional, la multilateralidad y la responsabilidad compartida. Un edificio construido tras la segunda guerra mundial, cuyo arquitecto fue EEUU. La salida de todos los acuerdos internacionales y la guerra arancelaria, de continuar, pueden provocar una nueva recesión mundial. La guerra arancelaria, todavía incipiente, está impactando negativamente en los mercados financieros internacionales y en el crecimiento mundial, por el momento levemente. China ha reducido en el 20% sus exportaciones a EEUU. También se está desacelerando el crecimiento del consumo, la inversión y la producción. Como reacción, el Banco Central de China está inyectando más liquidez a los bancos y está respondiendo con subidas arancelarias a las importaciones de EEUU. Lo más preocupante es que últimamente está respondiendo con una devaluación del yuan. De continuar esta contienda, a la guerra arancelaria podría sumarse una guerra de divisas, que por efecto dominó podía contagiar al resto del mundo. La situación de China se agrava por su alto endeudamiento público y privado, por la frágil solvencia de sus bancos y por la continua disminución de sus grandes reservas de divisas. El impacto sobre el resto del mundo podría ser muy importante ya que no solamente es la primera potencia económica, sino también el mayor importador mundial. Alemania, Europa y los países emergentes productores de materias primas se verían especialmente afectados.

El crecimiento en Europa se está desacelerando. El proceso de integración, fundamental para afrontar la próxima crisis, está estancado. La última reunión del Consejo Europeo del mes de junio ha sido decepcionante. La búsqueda de una solución de mínimos para la crisis migratoria ha centrado todo el debate. Era necesario buscar una salida que le permitiera a Angela Merkel parar la crisis de gobierno desatada por su ministro de interior y presidente de CDS, contrario a la política de puertas abiertas a los emigrantes. Un acuerdo de mínimos sometido a una negociación bilateral con cada uno de los países receptores. El gobierno de Angela Merkel está pasando serias dificultades. La estabilidad del gobierno alemán es fundamental para la Eurozona. Los avances en el proceso de integración y el fortalecimiento de la estructura inacabada de la eurozona dependen fundamentalmente del liderazgo del tanden Alemania-Francia. Como consecuencia en la Cumbre del Euro tan sólo se esbozó la propuesta de trabajar en la creación de un fondo de seguridad para afianzar el Mecanismo de Resolución Bancaria. Propuesta que está condicionada a que previamente los bancos limpien sus balances de activos morosos. Tampoco se abordó la creación de un fondo de garantía de depósitos europeo, pilar fundamental de la Unión Bancaria. La prometida creación de un fondo de empleo europeo ni se comentó. La creación de un embrión del Tesoro Público Europeo, capaz de endeudarse y emitir activos europeos y de una Autoridad Fiscal Europea, se deja para un futuro muy lejano.

La construcción europea se ha paralizado. No existe consenso ni sobre la meta final, ni sobre la ruta a seguir. Ángela Merkel y el presidente de Francia Emmanuel Macron, únicos líderes que pueden impulsar el proceso se encuentran en una situación de debilidad política. Los políticos europeos están acostumbrados a abordar las grandes decisiones dramáticamente y al borde del abismo de una recesión. La economía Europea y mundial están en el techo del ciclo de crecimiento, van navegando bien, pero desacelerándose, en un mar de riesgos geopolíticos que pueden provocar un aterrizaje violento. Y es que esta vez el problema no es la economía, sino la política y los políticos irresponsables.

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