El Fiscal

El Pregón de una vida

  • Hoy esperamos el Pregón que casi todos han podido vivir pero que sólo tú puedes contar con estilo propio, el Pregón sencillo de una periodista de la bulla que esta mañana llega a lo más alto

Charo Padilla, en un besamanos. Charo Padilla, en un besamanos.

Charo Padilla, en un besamanos. / Martín Cartaya.

QUIEN lo vive es quien mejor lo puede contar. Charo Padilla conoce las cofradías desde pequeña. Las quiere, las entiende. Le duelen. Por eso puede hablar en nombre de la ciudad y proclamar la llegada de la fiesta más hermosas. Su vida no se entiende sin la Semana Santa. Nos la ha contado a todas horas desde la bulla. Hasta cuando llueve es Semana Santa en la voz de Charo Padilla, hasta cuando estaba embarazada de sus hijos, hasta cuando no la dejaban pasar por un cruce para llegar hasta el sitio preciso donde realizar la retransmisión.

Antes de acabar la carrera universitaria ya estaba alternando la petición de los apuntes de clase con la radio, los estudios a deshoras con los servicios informativos, los exámenes con los reportajes nocturnos del programa El Llamador. No esperamos hoy ni más ni menos que esa suma de vivencias que hacen auténtica una experiencia toda una vida.

El día ha llegado, Charo, el día de tu vida. Cuántas veces has entrevistado a los pregoneros y hoy eres tú, intrépida reportera, la que nos contará sus vivencias para que nos identifiquemos con ellas y juntos acudamos a la cita con la fiesta que descansa sobre los pilares de la fe, el sentimiento y la memoria. Hoy no es que sea tuya la palabra, porque siempre lo es, siempre lo ha sido, sino que es tu día.

La emoción auténtica

Tal vez no nos sorprenda nada de lo que cuentes porque te sentimos tan próxima por medio de las ondas, tenemos tan interiorizada tu voz incluso antes de conocernos, te tenemos tan presente en las noches de cuaresma y en esas salidas y entradas de tus cofradías del alma, que sólo esperamos vibrar como siempre, emocionarnos como siempre. No esperamos nada especial, ni fuegos de artificio ni efectos especiales. No esperamos un vuelco al corazón, ni sobresaltarnos en la cuneta. Esperamos solamente esa emoción sencilla, el encanto de la Semana Santa contada como llevamos oyendo hace 30 años, los relatos propio que tal vez conozcamos, pero que queremos redescubrir en la mañana de un Domingo de Pasión, que queremos que la ciudad haga suyos desde hoy.

Queremos un pregón auténtico, de fe, de experiencia directa, sencillo, muy sencillo. El pregón que casi todos han podido vivir, pero que sólo tú sabes contar con el estilo Padilla. Hoy llegas a lo más alto. Y lo has hecho colándote como en una bulla, pidiendo paso, aguantando alguna mala cara, agradeciendo la amabilidad de la gran mayoría, procurando no rozar ni molestar a nadie. Hasta que sin darte cuenta has dicho:“Ea, aquí estoy yo”.

Y así has llegado siempre a todos los sitios que te has propuesto. Con el tacto de las buenas personas. Como cuando ayudas a José María a bajar una escalera para que él vea por tus ojos, como cuando le cuentas cómo es la cara de la Hiniesta para que él la siga viendo a través de tus palabras que hoy serán azules y plata. ¡Cómo disfrutará hoy José María! Bienaventurados los que tienen fe porque ellos ven cada día a la Hiniesta. Y Charo lo sabe bien.

Sevilla estrena pregonera el Domingo de Pasión. Una mujer que jamás ha dado un codazo para estar en los sitios principales, a los que ha llegado casi como los nazarenos de ruan: sin hacer ruido. Una vez entró en el Rectorado con el Cerro del Águila cuando la cofradía se refugiaba de la lluvia. Alguien alertó de su presencia, dijo que no debía estar allí. Y una voz mandó: “De acuerdo, que se le diga que espere fuera, pero con muchísimo tacto”. Porque todos saben que Charo siempre, siempre, ha tratado con algodones a las hermandades. Charo es a la radio de Semana Santa lo que Martín Cartaya a la fotografía cofradiera. Saber estar, prudencia, cariño. Con la Padilla hemos llorado cuando el Cerro se mojaba, con la entrevista a un monaguillo, con la persona mayor que le ha cedido su balcón a cambio, ay, de su compañía.

Dos rosarios

No quiso dar el pregón hace dos años. Y hoy saldará una deuda con la ciudad y consigo mismo. Llevará consigo dos rosarios: uno bendecido por San Juan Pablo II y otro por el Papa Francisco. Y algún detalle más que le han aportado esas personas que tienen más mérito que nadie en la vida, que son ni más ni menos que las que superan cada días las adversidades que Dios ha puesto en su camino.

Señores, vamos a escuchar, que diría los aficionados al flamenco. El Pregón se cita un año más con la verdad vivida. El pregón se cita con una historia que puede ser la de cualquiera. Ahí radica el encanto. En que todos saben que la bulla de Charo puede ser bulla, los personajes de Charo pueden ser los suyos, los parientes y las vivencias pueden ser como los suyos. Porque ella siempre ha estado donde estamos todos. Con el pinganillo puesto las tardes de lluvia en la aglomeración de un bar, en los soportales de la calle Imagen o en un portal que sirve como refugio. Con la radio conectada a deshoras para intentar donde queremos estar pero las fuerzas nos fallan. Y en ese momento estaba la vos de Charo y las de sus compañeros. Lo escribimos el día de su designación. No esperamos más de Charo, pero tampoco esperamos menos. Qué difícil es contar lo que todos ya sabemos y lo que todos ya hemos oído. La novedad es el día y la hora. La cita con la ciudad con la mayor de las solemnidades.

Hoy no te dará paso Francisco José López de Paz, sino la ciudad entera para que tu voz, la voz de siempre, sea la voz de todos.

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