El Rocío 2018 | Misa de Pentecostés Un universo sin discordia

  • El cardenal Carlos Osoro, arzobispo de Madrid, preside el pontifical de Pentecostés

  • La lluvia hace acto de presencia en una jornada que sirve de prólogo a la salida de la Virgen

Hace 25 años, un caluroso 14 de junio, el Papa Juan Pablo II -elevado en 2014 a los altares- proclamó desde el balcón que mira a la marisma la universalidad rociera. Lo hizo tras rezar a los pies de la Virgen que por estas fechas se convierte en epicentro de Andalucía. Todos los caminos conducen a Ella. A este icono mariano donde cada comunidad, cada provincia o pueblo se convierte en uno solo. Sin abandonar sus señas de identidad propias, pero bajo el paraguas de cinco letras que engloban una única patria de la que todos se siente miembros: Rocío.

Aquella visita del Sumo Pontífice supuso -en términos técnicos- un salto de calidad para esta fiesta que hasta entonces no era lo suficientemente valorada por ciertos colectivos eclesiales. "Nos consideraban una Fe de segunda". Así lo define el que es hoy presidente de la Matriz de Almonte, hermandad que ejerce de anfitriona estos días. Juan Ignacio Reales era en 1993 un joven que no ostentaba cargo alguno en la corporación. Como tantos otros almonteños de su edad, vivió intensamente las vísperas de aquella jornada histórica. Recuerda los nervios previos. Especialmente en el trabajo protocolario. Nunca antes los vecinos de este pueblo onubense se habían enfrentado a una visita de tal envergadura. El Vicario de Cristo pisaría las arenas. Las que surcan las carretas en estos días de Pentecostés.

Desde aquel balcón, donde ahora un azulejo recuerda el hito histórico, el Papa de origen polaco, con su característica habla española, hizo un mandamiento que quedó grabado en los corazones de los romeros: "¡Que todo el mundo sea rociero!". La frase sigue hoy más vigente que nunca en el número de hermandades que peregrinan a la aldea almonteña. Las filiales no han dejado de crecer. Este año se han recibido a dos más: San Sebastián de los Reyes y El Viso del Alcor. Alcanzan ya las 121. En este cuarto de siglo, además, se ha inaugurado el camino europeo del Rocío, que comienza en Bruselas, corazón del viejo continente.

Ambiente en la aldea tras la Misa de Pentecostés / JOSELE RUIZ

De cara al exterior, la visita del Pontífice mejoró bastante la imagen que hasta entonces se tenía de esta celebración. Era principios de los 90. La eclosión rociera. En número de visitantes y en los medios de comunicación. Unas cifras que demasiadas veces se quedaban en lo superficial -el cante, el baile, la diversión...- y no ahondaban en la raíz de la fiesta. "Dentro de la propia Iglesia nos consideraban una religiosidad de segunda. El Papa dio un respaldo inmejorable al movimiento rociero", refiere Reales, quien hace hincapié en aquella frase de Karol Wojtyla que ayer, minutos antes del pontifical, recordó sobre el altar efímero que se monta cada año en el real: "¡Hagamos del Rocío un camino de vida cristiana!".

El Rocío como camino. Como forma de vida. Como principio de existencia. Un Rocío de hermanos. Sin importar de dónde se viene. Sino dónde se está. El cardenal Carlos Osoro subrayó los valores de esta peregrinación durante la homilía que pronunció en el pontifical. Una convivencia donde la figura de María aparta toda discordia. "Algo que urge en un mundo donde la discordia está tan presente por centrar nuestra vida en intereses personales o de grupo", afirmó el prelado de la capital de España.

Frente a la individualidad, frente a los colectivos cerrados, frente a los separatismos, la unidad y la universalidad del Rocío. "Aquí sólo hablamos una lengua, que es la del amor. El lenguaje de Pentecostés", incidió monseñor Osoro, quien apeló para que en esta convivencia también predomine la ayuda a los demás: "Cuidarnos los unos a los otros otros ha de ser el rasgo de los hombres de Dios".

La visita del Papa hace 25 años mejoró la imagen que se tenía de la devoción rociera

El pontifical -en el que ha intervenido el coro de la Hermandad de Bormujos- ha estado también lleno de referencias a las bodas de plata de la visita de San Juan Pablo II. Banderas pontificias flanqueaban el pasillo central, por donde los hermanos mayores de las 121 filiales renovaron su fe rociera. Un recuerdo que impregna el cartel que el malagueño Raúl Berzosa pintó para anunciar esta peregrinación, con la famosa frase de uno de los Papas más longevos: "¡Que todo el mundo sea rociero!". Una conmemoración que también se ha hecho presente en las flores de tonalidades blancas y amarillas: las que luce la Patrona almonteña y las que han adornado numerosas carretas de Simpecados.

Acabada la misa, comenzaba uno de los días más importantes en la aldea. Jornada de convivencia en las casas de hermandad y en las viviendas particulares. Ambiente de fiesta a la que se sumó la lluvia, que fue especialmente intensa a primera hora de la tarde, cuando ya se empezaban a notar el nerviosismo por que la Blanca Paloma volara otro año más de su nido a hombros de los almonteños.

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