Rogelio Rodríguez, periodista y autor de 'El trompetista de jazz'

"Cuando algo cuesta tiene más valor y te estimula para el futuro"

"Cuando algo cuesta tiene más valor y te estimula para el futuro" "Cuando algo cuesta tiene más valor y te estimula para el futuro"

"Cuando algo cuesta tiene más valor y te estimula para el futuro"

-Tras una dilatada carrera como periodista ha decidido poner un punto y aparte y dedicarse a la narrativa. ¿Por qué ha tomado esta decisión?

-Después de más de treinta años de ejercicio del periodismo me encontré en un cruce de caminos y sin un destino definido, así que opté por recuperar una vocación que se había quedado aparcada en etapa juvenil: escribir novela. Y aquí está.

-¿Qué le ha supuesto técnicamente pasar del periodismo a la literatura?

-El periodismo y la literatura comparten sus raíces, están en el mismo huerto, se alimentan unas de otras, aunque luego sus frutos sean distintos. Decía Miguel Delibes que el periodismo es el borrador de la literatura.

-Es la primera novela que publica, pero ¿ha escrito alguna otra?

-Tengo otras dos empezadas, pero decidí terminar primero El trompetista de jazz, al inicio un relato breve en el que los personajes comenzaron pronto a cobrar vida propia. Me sentí atrapado en una emboscada y en una escritura que me producía misterio, ansiedad y placer.

-¿Cuál es el argumento motor de la novela?

-Una dramática historia de amor entre una joven atrevida, huérfana de madre y con un padrastro sin escrúpulos, y un veterano músico, veinte años mayor que ella, atractivo y virtuoso, pero con un pasado oscuro que oculta y que sólo él cree conocer.

-La trama se desarrolla en 1920 y 1960. ¿Por qué motivo?

-Los años veinte eran el escenario propicio para una historia de amor pasional como ésta. Un periodo entre guerras en el que la sociedad se deshace de los prejuicios que se arrastran de la época victoriana y busca la libertad y la felicidad a cualquier precio. Una época en la que se implantan nuevas modas, casi todas procedentes de Estados Unidos. La novela es ficción, pero el contexto histórico es real, y también hay algún personaje real, aunque secundario.

-¿Y los años sesenta?

-Cuarenta años después. Trato de significar el pasado, ese pasado que nunca muere, en el que siempre hay una alacena de belleza y otra de drama, y que en la novela rebrota con virulencia sentimental. Las cenizas nunca apagadas que de repente, por azar, se convierten en llamas que alcanzan a otros protagonistas.

-Otros condimentos de la novela son la intriga y el jazz. ¿De ahí el título?

-Sí. La intriga, que arranca cuando el juez levanta el cadáver de un anciano desconocido y abre una investigación, y el jazz, el fantástico sonido de Nueva Orleans que conquista los oídos de toda Europa. El jazz es la música más libre, muchas de sus grandes composiciones están escritas en el aire.

-¿Y por qué París?

-París era el faro de una Europa semiderruida tras la Gran Guerra, el faro de una felicidad a galope, sin medida, que resultó pronto equívoca y perecedera. Todos los artistas querían triunfar en París.

-¿Cuánto tiempo ha tardado en escribirla?

-El texto en bruto, cerca de un año. Tenía cierta urgencia y realicé un ejercicio intenso de imaginación y memoria; pero el proceso en narrativa se hace después casi interminable.

-¿Qué espera que sientan los lectores que se sumerjan en El trompetista de jazz?

-La misma, o parecida, satisfacción que he sentido yo al escribirla. Un conocido periodista dijo el otro día en Twitter que le había producido una lectura de placer. No es poco, en un tiempo con las banderas de la alegría general casi a media asta.

-¿Qué le ha significado ver su novela en las librerías?

-La recompensa a un esfuerzo. Han sido muchas horas, y cuando algo cuesta tiene más valor y te estimula para el futuro.

-Habituado el ruido de una redacción, ¿dónde escribe ahora habitualmente?

- Gran parte de esta novela está escrita en el sótano de mi casa de la playa, en Aguadulce, Almería, junto a un ventanal desde la que veo una hilera de hibiscos y se escucha el mar, sobre tododurante la noche.

-Ahora, ¿cómo es un día en la vida de Rogelio Rodríguez?

-Mi vida ahora es muy normal. Algunas veces voy a pescar, dedico siempre tiempo a leer o a escribir. De media paso entre seis u ocho horas diarias leyendo o escribiendo. Lo hago habitualmente, cuando el tiempo me lo permite. Suelo ser bastante estricto en el método, si lo tengo que hacer lo hago. Cuando estoy en el mar me gusta aun más escribir, porque me inspira de una forma muy especial.

-Y, tras hacer periodismo y literatura, ¿qué le llena intelectualmente más?

-He sido periodista, soy periodista y moriré periodista. Y ahora soy un veterano periodista que pretende escribir varias novelas, si el tiempo y la salud me lo permiten.

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