Mariché López | Bailaora, actriz y coreógrafa “El flamenco también es un camino para llegar a otra parte”

La bailaora y actriz Mariché López, en una representación de 'Material'. La bailaora y actriz Mariché López, en una representación de 'Material'.

La bailaora y actriz Mariché López, en una representación de 'Material'. / La Pícara

El presente del flamenco se juega en el nombre de Mariché López, bailaora y actriz malagueña que comenzó bailando lo mismo en tablaos familiares que en escenarios en China delante de tres mil espectadores. El veneno del teatro guió sus pasos hacia el arte dramático y encontró en la interpretación un cauce de posibilidades para llevar la expresión propia del flamenco a otras latitudes. Tras pasar por varias compañías, fundó su propio proyecto, La Pícara. Su último espectáculo, Material, ha sido reconocido con cuatro galardones en los Premios Ateneo de Málaga.

-Estrenó usted su último espectáculo, Material, en febrero de 2020. Eso sí que es ir al límite.

-Sí, la verdad es que con los teatros cerrados ha sido muy, muy difícil hacer más funciones después. Por lo menos, los premios y las nominaciones nos han dado alguna visibilidad. No vemos el momento de empezar a moverlo.

-¿Cabe entender en su caso Material como antítesis de lo espiritual?

-El origen del espectáculo estuvo en una lesión de rodilla. No era la primera lesión que tenía, ya había pasado por el quirófano alguna vez, pero ésta me pilló fuera de juego. Mientras me iba recuperando, poco a poco, pasé por momentos de verdadero dolor físico y también por otros de cierto placer al ir logrando superar las metas. Comprendí que en esa mezcla de dolor y placer mi cuerpo se expresaba de manera absoluta, contundente. Cuando tu cuerpo te duele y cuando te proporciona placer no piensas en nada más, nada importa. Comprendí que ahí había mimbres para hacer un espectáculo sobre el cuerpo como algo esencial, material y tangible, que no necesita más explicación.

-Usted dio sus primeros pasos en el flamenco más puro, ¿qué queda de eso?

-Queda todo. No renuncio a nada. Lo que pasa es que además de bailaora soy más cosas. También actriz. Así que cuando bailo, inevitablemente, incorporo recursos propios de la interpretación. Es más, te diré que ya echo de menos hacer un trabajo textual. Al final, cuando creamos echamos mano de lo que tenemos más cerca. En mi caso, el flamenco ha estado siempre en mi casa, así que tiro de él enseguida. Pero me gusta pensar que el flamenco, además de un arte redondo en sí mismo, es un camino para llegar a otros lugares. Lo importante es como artista hagas algo en lo que te reconozcas. Lo de menos, quizá, son los ingredientes.

-Pero, al final, ¿es usted más actriz o más bailaora?

-Soy las dos cosas. No lo veo como dos mitades distintas, para mí forman parte de lo mismo. Cuando bailo flamenco, me transformo. Y cuando trabajo como actriz, también. Luego hay elementos que van de lo uno a lo otro, cuando bailo empleo las herramientas que uso como actriz, y viceversa. Pero es un proceso inconsciente porque, como te decía, bailar y actuar forman parte de lo mismo.

"Las estructuras que sostienen la actividad teatral son antiguas y deficitarias: no somos prácticos"

-¿Quiénes son sus mayores referentes, tanto en el baile flamenco como en la interpretación?

-Empecé bailando flamenco por derecho en los tablaos, así que mis primeros referentes eran los propios de ese mundo. Después, estudiando Arte Dramático, descubrí a artistas como Israel Galván y Rocío Molina, que dejaron en mí una huella muy profunda: gracias a ellos tuve por primera vez una imagen clara de lo que quería hacer como artista. A la hora de trabajar, sin embargo, quienes más me influyen son mis compañeros, los creadores cómplices con los que comparto inquietudes día a día. Mis referencias pueden parecer entonces pequeñas, pero para mí son fundamentales.

-Usted ha sido profesora de actores. ¿Es muy exigente cuando enseña?

-Mucho, sí. Lo bueno es que los actores son gente disciplinada y muy preparada. He dado clases de danza en la Escuela Superior de Arte Dramático de Málaga y lo he disfrutado mucho. De vez en cuando, aparecen sorpresas casi como en un ensayo. Hay cosas con las que no cuentas, y es mágico.

-¿Está superado el debate entre el flamenco puro y el contemporáneo?

-Debería estarlo. Igual que lo que supusieron en su momento Camarón para el cante y Paco de Lucía para la guitarra, la expresión flamenca que más ha evolucionado en los últimos años es el baile. Y sería absurdo poner palos a las ruedas. Por más, eso sí, que el baile flamenco más puro deba seguir haciéndose.

-¿Han estado las instituciones públicas a la altura en esta pandemia?

-Es verdad que hay ayudas, sí, pero es complicado llegar a ellas. Creo que no somos prácticos. Y no me refiero sólo a la pandemia: la cultura debería hacer otro recorrido para llegar a más público de manera más sencilla. Las estructuras que sostienen la actividad teatral son muy antiguas y deficitarias. Habría que ir mucho más atrás y empezar por la educación. Sin la educación, el arte está perdido.

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