Crisis sanitaria

Aguado contraprograma a Ayuso

  • El número dos del Gobierno madrileño contradice los mensajes de la presidenta sobre la evolución de la pandemia y le puntualiza que "las cosas no van bien, van mal"  

El vicepresidente, consejero de Deportes, Transparencia y portavoz de la Comunidad de Madrid, Ignacio Aguado, este miércoles. El vicepresidente, consejero de Deportes, Transparencia y portavoz de la Comunidad de Madrid, Ignacio Aguado, este miércoles.

El vicepresidente, consejero de Deportes, Transparencia y portavoz de la Comunidad de Madrid, Ignacio Aguado, este miércoles. / M. Fernández (EP)

Un Gobierno, dos discursos. El Ejecutivo regional de coalición que capitanea Isabel Díaz Ayuso con el insoslayable respaldo de Ciudadanos en Madrid sigue mostrando una doble cara ante la evolución de la pandemia. Por un lado el optimismo con cara de póker y marchamo de remontada que venden los populares. Al otro, la cara de circunstancias de sus socios naranjas y aire de contraprogramación.

“No es prudente decir que estamos derrotando al virus. Ahora mismo estamos con una incidencia altísima”, ha declarado este miércoles sin ambages el vicepresidente, Ignacio Aguado, de Cs, en rueda de prensa tras el Consejo de Gobierno.

Unas palabras que dejaban en evidencia el mensaje que trasladaba un día antes a a la opinión pública el consejero de Sanidad, Enrique Ruiz Escudero, que defendió que los datos demuestran “la tendencia descendente del virus en la región” desde el 21 de septiembre y la “efectividad” de las restricciones en 46 áreas de Salud que implantó el Gobierno madrileño antes de que el Ministerio de Sanidad le impusiera cierres perimetrales  homogéneos en lugar de selectivos.

El Gobierno de Díaz Ayuso se ha plantado ante el Ministerio de Sanidad y ha llevado a los tribunales sus imposiciones para frenar al virus. Una guerra  en la que los socios de coalición del PP se han posicionado sin disimulo del lado de Moncloa, al considerar que no es momento de pleitear sino de remar juntos.

Erre que erre

Lejos de aunar fuerzas, el Gobierno regional siguió marcando distancias con el central e insistía en pedir la  vuelta de las restricciones por zonas básicas de salud o por distritos porque “funcionan”. Así lo explicó Escudero, rebelde ante la “la imposición” de la orden ministerial y que divisaba algo de luz al fina del túnel. “Los datos demuestran una tendencia descendente de la incidencia del virus en la región. La Comunidad tiene un plan y este plan, lo digo con la máxima humildad y prudencia, funciona. Tiene medidas específicas para aquellas zonas básicas de salud con alta incidencia”, declaraba.

Sin embargo, sus socios de Ciudadanos han negado este miércoles la mayor. “No es posible seguir trasladando a la opinión pública que las cosas van bien, porque no es cierto; las cosas van mal”.

El puyazo de Aguado a su aliado mayoritario lo ha redondeado con otra estocada: “Madrid tiene una incidencia acumulada de casos altísima, el objetivo tiene que ser revertir al máximo la curva; no vale con aplanarla”.

La tensión entre los dos socios de gobierno en la Comunidad de Madrid sigue pues ganando enteros; de manera inversamente proporcional sin embargo a la que se ha registrado este miércoles entre Sol y Moncloa, que no se fía a pies juntillas de las gloriosas cifras que le traslada Díaz Ayuso.

Tras el desencuentro de las últimas jornadas sobre las cifras de contagios, el Ministerio de Sanidad y Madrid han coincidido al fin este miércoles en la incidencia acumulada de positivos de coronavirus diagnosticados en los últimos 14 días, que ambos han cifrado en 591,16 casos por cada 100.000 habitantes.

Una feliz coincidencia que parece indicar que lo remar juntos no es una quimera, aunque el presidente del Gobierno no se ha privado de poner en evidencia la ultima gran metedura de pata de la presidenta madrileña, quien declaró en una entrevista el fin de semana pasado que “no se trata de confinar al cien por cien de los ciudadanos para que el 1% se cure, se trata de detectar al 1 % que va contagiando y que el 99 % salga a la calle a buscarse la vida”.

Lo que echando cuentas quiere decir que a Díaz Ayuso no le importa en demasía que se curen unas 67.000 personas y a la que habría que recordarle que en Madrid no hay un confinamiento como tal, pues de hecho nadie está obligado a quedarse en casa, sino un cierre perimetral.

Mientras tanto, los tambores de guerra entre PP y Cs suenan cada vez más fuerte y a Aguado y compañía les cuesta cada vez menos desmarcarse de sus socios.

El adelanto electoral o la moción de censura (el PSOE le ha ofrecido a Aguado la presidencia, a despecho de Ángel Gabilondo) parecen fantasmas muy vivos y en cualquier momento se le sustancian a Díaz Ayuso.

Mal avenidos desde el minuto uno

El matrimonio de conveniencia está marcado por la desconfianzas nada más colocarse los anillos en unos dedos que se han venido pillando incesantemente en su primer año de gobierno.

No ayuda la equidistancia como nueva marca de la casa de Inés Arrimadas, con su consiguiente disposición a negociar los Presupuestos Generales del estado con Sánchez.

Tampoco ayuda la elección como consejero de Transportes del ex presidente autonómico y ex dirigente del PP Ángel Garrido, quien cambió la chaqueta azul por la naranja en plena campaña de las elecciones generales de abril de 2019.

Ni que Cs avalara la petición de la izquierda de una comisión de investigación en la Asamblea de Madrid sobre Avalmadrid, tras las informaciones sobre un crédito concedido en su día al padre de Ayuso.

El fuego de las fricciones se ha seguido avivando y acaba de arder la figura del consejero de Políticas Sociales, Alberto Reyero, quien dimitió este lunes  pasado aunque ya hace meses que echaba chispas su relación con Escudero, con el que se enfrentó por la gestión de las residencias y ese siniestro borrador que recomendaba no derivar ancianos con Covid desde residencias a los colapsados hospitales madrileños. 

Para que no haya dudas de que la atmósfera es irrespirable entre bastidores en la Puerta del Sol, Ayuso ha organizado un cumbre económica y ha olvidado invitar a su consejero de Economía, el independiente Manuel Giménez Rasero, una apuesta de Ciudadanos para este cuarteado primer Gobierno de coalición madrileño.

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