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Provincia

Dos días para cimentar la diplomacia estival en Doñana

  • Sánchez buscó desde el primer gesto y con ayuda del escenario una complicidad con Merkel un paso más allá de lo institucional

Las dos parejas a su llegada al palacio ducal ayer a mediodía. Las dos parejas a su llegada al palacio ducal ayer a mediodía.

Las dos parejas a su llegada al palacio ducal ayer a mediodía. / joaquín hernández 'kiki'

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Es conocida la amistad que Felipe González llegó a tener con Helmut Kohl, que iba más allá del oficio político. Buena parte de ella se fraguó en Doñana, que los días de vacaciones unen mucho. Parece que el encuentro estival Sánchez/Merkel pretende revivir esa concordia hispano-alemana llevando la diplomacia un paso más allá del institucionalismo. Pedro Sánchez tiene dos días para concretar una alianza de complicidades en un momento en que la geopolítica es un cambiante cubo de Rubik donde no acaban de cuadrar los colores. Europa hace lo imposible para no quedar en la cara ciega del cubo mientras Trump vía twitter cambia cada mañana el terreno de juego .

En el momento en que ambos mandatarios cruzaron a primera hora de la tarde el Guadalquivir para proseguir en el Palacio de 'Las Marismillas' la fraternidad se abrió otro escenario sin focos donde la obligación de Sánchez es seducir a la locomotora europea de que España no necesariamente tiene que ir de pasajero en el trayecto, que apunta complejo, sino dentro de la cabina de pilotaje.

Este cambio de paradigma se hizo, el paso de lo público a lo privado, se hizo con casticismo. Los dirigentes, junto con sus parejas, subieron en Bajo de Guía a la barcaza que siempre ha hecho el trayecto que separa Sanlúcar de Doñana, en la majestuosa desembocadura, y se perdieron entre pinos. La política monetaria o los acuerdos diplomáticos de la UE deben de tener otro color menos árido en un paisaje paradisíaco que en las largas discusiones de los pasillos de Bruselas.

Como aperitivo, Pedro Sánchez dio la bienvenida a la canciller alemana al Palacio de los Duques de Medina Sidonia de Sanlúcar con croquetas de rape, cocktail de mariscos con langostinos, corvina de caña a la plancha con verduras salteadas, langostinos con tomate y tiramisú casero. No es un mal comienzo diplomático.

Ya cuando se dio a conocer este encuentro, a principios de esta semana, el Gobierno español explicó que este fin de semana de trabajo reafirmará "la excelente sintonía que existe entre ambos mandatarios" y, además, brindará a la canciller la oportunidad de conocer "la belleza del paraje natural del Parque de Doñana" y la labor que allí se realiza para la defensa y recuperación de especies amenazadas, como el lince ibérico.

Esa es la nota oficial. Y así será hoy cuando las dos parejas se levanten y enfilen en dirección al centro de protección del lince ibérico, donde cada vez hay menos linces y en el que merkel mirará con curiosidad el trabajo que en el sur hacemos con lo que a ella le parecerán encantadores gatitos salvajes. No hay previsto, sin embargo, ninguna visita a los centros de la Cruz Roja del Campo de Gibraltar o de cualquier otro lugar de la provincia donde durante semanas se ha producido una crisis no migratoria, sino de recursos, que es para lo que se necesitan fondos. Tampoco hay previstas reuniones con los círculos de silencio que a uno y otro lado del Estrecho recordaron el pasado miércoles que "en 30 años no se ha creado un gran Centro de Acogida de Migrantes en El Estrecho, que pudiera atender con dignidad y de forma adecuada a los que llegaban a nuestras costas". Quizá tras estas vacaciones Merkel empuje sensibilidades a favor de los emigrantes. Y, de paso, también al lince ibérico.

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