Elecciones generales en Cádiz Queda inaugurada la ruta del politiqueo

  • Pablo Casado estrena en medio de una gran levantera el circuito más usado por los candidatos en elecciones

  • La presencia del líder del PP revoluciona el casco antiguo de Cádiz con elogios y críticas a partes iguales

Pablo Casado se fotografía con dos mujeres en la calle Compañía de Cádiz, con los candidatos al Congreso José Ortiz y María José García-Pelayo detrás de él Pablo Casado se fotografía con dos mujeres en la calle Compañía de Cádiz, con los candidatos al Congreso José Ortiz y María José García-Pelayo detrás de él

Pablo Casado se fotografía con dos mujeres en la calle Compañía de Cádiz, con los candidatos al Congreso José Ortiz y María José García-Pelayo detrás de él / Julio González

Who is him?”. Una pareja supuestamente británica acompañada por una adolescente se para en seco en la confluencia de la plaza de las Flores con la calle Compañía, en Cádiz. Un hombre muy sonriente que está rodeado de cámaras de televisión y reporteros gráficos acaba de entrar en la cuchillería Casa Serafín y la numerosa comitiva que le acompaña llama la atención. “Who is him?” vuelve a preguntar el foráneo a las personas que están cerca de él. Y de repente alguien que pasa por detrás suya le saca de dudas: “He is Paul Married”, dice con todo el arte. Porque en Cádiz hay mucha gente que sabe inglés, casi las mismas que hay que saben latín.

Parece que el gadita va a pararse, porque en cierto modo se siente obligado a explicarle al turista a qué se dedica el tal Married. Pero, claro, eso ya es más complicado. “¿Cómo se dirá en inglés ‘jefe de la oposición’?”, parece preguntarse. Y al no encontrar respuesta, el hombre desiste de ahondar en su explicación y enfila el camino hacia la plaza de la Catedral.

La familia de turistas, por su parte, opta por cambiar su itinerario inicial y se suma a la comitiva del PP unos pasos, hasta la entrada a Columela. Por si el espectáculo merece la pena.

Y es que el tal Paul Married, a la sazón Pablo Casado, líder del PP y candidato de este partido a la Presidencia del Gobierno, inauguró este martes de manera oficiosa la ruta de politiqueo en el casco antiguo de Cádiz. Quién sabe, a lo mejor con el dinero que sobre del Museo del Carnaval –si finalmente llega el dinero, si finalmente empiezan las obras, si finalmente acaban las obras y si finamente se inaugura el Museo, que de promesas incumplidas está Cádiz llenita– el Ayuntamiento de la capital podría plantearse en serio esto de la ruta del politiqueo. Se pinta una línea en las calles del recorrido, se ponen unos carteles, se habilitan unas sillas para el público y hasta se podría vender la ruta en Fitur.

Porque no hay campaña electoral –sobre todo las de ahora que duran por lo menos tres meses– que no cuente con líderes y candidatos que recorran el circuito más usado en Cádiz por los políticos para dejarse ver y, si se puede, pedir el voto a los gaditanos.

La ruta del politiqueo contaría con elementos que están seguros pero también con alguna que otra sorpresa. Y una cosa que nunca falla es que el inicio de la ruta llega siempre con retraso. Este martes, por ejemplo, Pablo Casado llegó a la plaza de la Catedral a la una de la tarde, o sea, 45 minutos después de la hora prevista. Eso sí, como la levantera era de las buenas, al PP no se le ocurrió otra cosa que citar a los periodistas en la calle Arquitecto Acero, en un lateral de la Catedral. El aullido del viento y el estruendo de las vallas de obras que iban cayendo al suelo como piezas de dominó hacían la espera algo más amena.

La ruta del politiqueo tiene además varios itinerarios. El de largo recorrido empieza en la plaza de San Juan de Dios y acaba siempre en el Mercado, por donde en los últimos años han pasado líderes de peso como, entre otros, Mariano Rajoy, Zapatero, Pablo Iglesias, Alfonso Alonso y, la última, Inés Arrimadas, que lo hizo en la campaña de las pasadas andaluzas.

También está la versión corta, la que va desde la plaza de la Catedral al Mercado, pero esa es la menos usada, porque el hipotético votante casi no tiene tiempo de verte. Y también se puede improvisar, que es lo que hizo Casado: desde la Catedral hasta San Juan de Dios pero pasando por Compañía, la plaza de las Flores, Columela y San Francisco. Y de ahí a su templo, que fue La Cepa Gallega, el conocido establecimiento hostelero de la calle Plocia. Allí acabó la primera procesión pepera de esta Cuaresma.

Lo curioso de esta ruta del politiqueo es que está vetada a cualquiera que gobierne. Si estás al mando del Gobierno o de la Junta, ¿para qué tienes que mezclarte con la plebe? Es lo que le pasó el lunes a Pedro Sánchez en el campus de Puerto Real, que ni se acercó a los jóvenes que querían saludarle. Pero si estás en la oposición, siempre hay que arriesgar, que es lo que hizo Pablo Casado.

Y cuando uno arriesga puedes salir bien parado, mal parado o las dos cosas a a vez. Y esto último fue lo que le pasó al nuevo líder del PP. Arropado por candidatos y dirigentes de su partido tanto locales como provinciales e incluso regionales (allí estaban, por ejemplo, Juancho Ortiz, María José García-Pelayo, José Ortiz, Loles López, Teófila Martínez, Felicidad Rodríguez, Mercedes Colombo, Bruno García, Vicente Sánchez, Alfonso Candón, María José de Alba, etc.), Pablo Casado se topó en Cádiz con partidarios y detractores a partes iguales.

“Ven, Victoria, ven, que nos hacemos una foto con él, que es muy guapo el chaval”. La mujer cogió a su amiga del brazo y las dos se plantaron delante del candidato del PP en la calle Columela. Y primero llegó una tanda de besos en cada mejilla, después un selfie y luego una carantoña de despedida mientras se escuchaba un “a ver si ganas” que no parecía muy convincente.

Y hubo quienes se topaban con Casado de frente, se alegraban con su presencia, le lanzaban algún “ole tú ahí” y se sumaban sin dudarlo a la marcha, como si de una conga se trataba.

Pero no todo fueron palabras halagüeñas. Se supone que aguantar de todo va en el sueldo de cualquier político, y Casado tuvo que escuchar cosas que seguro que no eran de su agrado. Como las que le dedicó aquel hombre que le vio pasar cuando estaba sentado en la terraza de la Freiduría Las Flores: “¡Fuera de Cádiz!”, “¡Aquí queremos al Kichi!” o “¡Enseña el máster!” fueron sólo algunas de las frases que engrosaron esta particular bienvenida al líder del PP.

El dirigente que quiera hacer un uso razonable de la ruta del politiqueo de Cádiz debe saber que no tiene por qué hablar con los medios –este martes Casado huyó de los micrófonos–, que tiene que entrar en varios comercios y, algo más importante aún, que tiene que comprarle siempre un cupón a un vendedor de la ONCE. El cuponero afortunado en esta ocasión fue el que se ubica en la esquina de las calles Columela y José del Toro. Pero previamente Casado ya había saludado a una florista de la plaza de las Flores, y había entrado en la cuchillería Casa Serafín y antes en la tienda de turrones Sabor a España. El nombre le venía a él como anillo al dedo.

A las puertas de esta tienda una mujer le pregunta al hombre que le acompaña. “¿Qué habrá venido a hacer Casado a Cádiz?”. Y la respuesta fue clarificadora: “Ha venido a comprar arvellanas”.

Porque si hay un deporte preferido en Cádiz ese es el de hablar por lo bajini. Resulta más educado y más sano porque, por un lado, no tienes que decirle al político de turno lo que piensas de él a la cara pero tampoco te quedas nada dentro, no te vaya a salir una úlcera. En esa situación se encontraría aquel hombre que en la calle Compañía, tras cruzarse con la comitiva del PP, decía por lo bajini: “Mañana habrá que echar desinfectante por aquí”. O la mujer que en Columela le decía a su amiga: “Este es peor que el Aznar”. O el chaval que le decía a otro: “Qué peaso dentadura tiene el nota, ío”.

En el estreno oficioso de la ruta del politiqueo de Cádiz hubo tiempo para ver a Pablo Casado departiendo con algunos marineros del Georg Stage, el velero danés que está considerado el buque escuela más antiguo del mundo, o para presenciar una disputa dialéctica en plena calle entre ciudadanos partidarios y detractores de Casado con la polémica de Cataluña como telón de fondo.

Y hasta hubo una anécdota de esas que llaman la atención. Sucedía en la plaza de San Agustín, cuando la comitiva del PP encaraba la recta final de su paseo por el casco antiguo. Un hombre encorbatado hablaba por su teléfono móvil y suspendió un momento la conversación cuando vio pasar delante suya a Pablo Casado y compañía. Nadie se fijó en la presencia de este hombre, que resultó ser Agustín Rosety, el general de brigada de Infantería de Marina que encabeza la candidatura de Vox al Congreso por la provincia de Cádiz. ¿Era una metáfora? ¿Quería decir esa imagen que entre el PP y Vox unos van y otros vienen? Quién sabe, igual la próxima vez que Rosety vea a Casado sea ya en el Congreso de los Diputados... aunque igual coinciden antes en cualquier esquina de esta ruta del politiqueo, porque aún quedan muchos días de precampaña y esto no ha hecho más que empezar.

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