Feria de Abril

Se hizo la luz, se apagan las velas

  • Trajes de etiqueta y de fiesta en los transportes urbanos, casetas móviles

  • El alumbrado y las sevillanas de los Romeros abrieron una nueva Feria

Comentarios 1

Se hizo la luz en el primer día y al séptimo el dios de la Feria no descansó. Con sevillanas de Los Romeros de la Puebla. Las de Melado están en un anuncio de Cruzcampo, Mírara cara a cara que es la primera. Las ganas de fiesta se intuían en los preparativos: el cuidado versallesco en las casetas de Labradores y el Mercantil. La legión de camareros camino de sus destinos con sus atuendos de figurantes de la Carmen de Francesco Rosi. En la Feria JB no son las iniciales de un whisky escocés ni de la saga/fuga de Torrente Ballester, sino del Pasmo de Triana con calle en el real. En la esquina con Chicuelo está Wifredo er Belloso, caseta que procede del Prado, donde se fundó hace tres cuartos de siglo.

Jóvenes se fotografían bajo la portada ya iluminada. Jóvenes se fotografían bajo la portada ya iluminada.

Jóvenes se fotografían bajo la portada ya iluminada. / Juan Carlos Muñoz

Debe ser el día que más hombres con chaqueta y corbata y más mujeres con traje se bajan de los autobuses de Tussam. La convivencia de indumentarias es consustancial a la fiesta. Cojamos la calle Sierpes, donde tiene su sede el Círculo Mercantil, presente en la portada en sus 150 años, celebrados ayer en la caseta con unas sevillanas de Paco Robles. De Sierpes al real, cualquier lugar menos la Catedral y el Archivo de Indias es susceptible de ser convertido en caseta de Feria: la taberna El Papelón, Casablanca, la Casa Guardiola.

La temperatura iba bajando, pero en unos términos muy agradables. Se disipaban los temores de la pluviometría. Sevilla no era Venecia con rebujito. Suena a Unamuno, pero el alma de los pueblos se corporeiza en sus tradiciones. La voz coral de la ciudad pasaba lista ayer y anotaba las bajas de quienes cayeron este año, gentes sin las cuales la ciudad no sería lo que es. La Sevilla de Olivencia, de Ayarra, de Nicolás Salas, historiador de la Feria y sus vicisitudes, de Julio Manuel de la Rosa, vecino de la fiesta desde 1973, la de Manolo Vaquero, la de Anchoa, con los buñuelos junto al paseo Remeros de Sevilla. La Sevilla de Javier Navascués, que desde algún cielo comunista seguro que ayer vio a Paula Garvín, su compañera, con un traje de gitana con los colores de la República, como cada 14 de abril que ha caído en Feria.

En la Feria no hay cajeros automáticos ni franquicias. El impacto económico es superlativo, pero el dinero apenas se ve. La Feria la inventaron un vasco y un catalán, pero parece anterior a los fenicios. Funciona el trueque de la amistad. Y las sorpresas. A Manolo González se la dieron y bien. Un grupo de amigos, pertrechados de sevillanas y de regalos, se presentaron en su caseta, Los Catavinos, para felicitarlo en su cumpleaños. Cumplió 65 el 7 de abril, pero lo celebró una semana después para apagar las velas antes de encender las luces del pescaíto. Eran amigos y compañeros. "En la Feria no se trabaja". La caseta data de 1973, el año del traslado desde el Prado.

Se acerca la hora de la cena y algunos nombres de casetas lo recuerdan: La Pringá, El Gazpachuelo, una especialidad malagueña. José Antonio Francés ha vuelto de la patria de Narciso Bonaplata. Este escritor de Alcalá de Guadaíra ha vivido varios años en Barcelona. Allí, el 8 de octubre de 2012, asistidos por un ginecólogo que es sobrino de Samaranch, nacieron sus hijos mellizos, Diego y Julia, cinco años y medio de energía que ayer correteaban por el real del prólogo. Francés trabaja ahora de profesor en el instituto Buen Pastor de Nervión. Prepara novela. Con el añorado Garmendia, que se murió en plena Feria -mujeres en traje de gitana lo lloraban en el tanatorio-, con Paco Robles, el autor de las sevillanas del Mercantil, y con quien suscribe, Francés publicó un Diccionario del Fútbol de pitorreo, palabra que da nombre a otra caseta.

La Feria está llena de momentos mágicos. Uno de ellos se vivía ayer en Chicuelo 58. No estaban haciendo un remake de la película Sevillanas que Carlos Saura estrenó en plena Expo del 92. Cristina Hoyos bailaba sevillanas con el guitarrista Ricardo Miño. "Está aquí media Triana", decía la bailaora que el año pasado fue nombrada Hija Predilecta de Sevilla y reconocida por la Unesco.

Cristina Hoyos quiere mostrarle los secretos de la Feria a una visitante muy especial. Yoko Tamura (Tokyo, 1978) es bailaora profesional en su país y el Gobierno japonés le ha dado una beca para que durante un año perfeccione sus nociones de flamenco. Su anfitriona la conoció en Japón. "Allí hay un tablao que durante casi medio siglo se llamó El Flamenco y ahora le han puesto El Garlochío", dice Cristina, que niega que Yoko sea un producto del exotismo. "En 2011 ganó en Sevilla un concurso de flamenco y hace dos años deslumbró en el festival de las Minas de La Unión, pero el jurado era muy remiso a darle el primer premio a una extranjera". Viene de un país que se prepara para los Juegos Olímpicos de 2020, los que Tokyo le ganó a Madrid en Buenos Aires. Cristina Hoyos es una bailaora olímpica: en la inauguración de los de Barcelona 1992 salió montada a caballo. La gente se sorprendía de ver bailar sobre el albero a una maestra, que no perdía el ritmo sin soltar el catavino.

La calle Asunción era un río de gente camino de la Feria. Todos estaban ayer invitados al Mercantil, al menos a la caseta que evoca la portada de César Ramírez. Menos a la cena de la caseta. Entre ellos, el fotógrafo Fernando Salazar. Extraña verlo sin su cámara. Es una tradición para el cronista cruzarse por la Vía Apia de la Feria con Javier Delmás camino de su caseta Los Cebolleta. Nieto de Blas Infante, su abuelo da nombre a la estación de Metro más próxima a la calle del Infierno. Caseta metropolitana para todos los que vienen a la Feria desde Triana y el Aljarafe. En la Confitería Asunción ponen las mejores palmeras de chocolate.

Empezó el día que dura una semana. Casetas como pabellones de una exposición universal del reencuentro. Con todo listo, los cubiertos, los adornos. Las frases de rigor: "Nos tomanos luego allí lo que sea... allí hay sitio para sentarse... Si no te gusta la noria, te montas en los coches locos". Ayer, 14 de abril, sí cumplían años Pepe, el panadero de San Bruno, que todos los días se va de Feria (la calle frente al mercado y Ómnium Sanctórum) y Antonio Falcón, que volvería a echar de menos su vigilia de manzanilla con Juan Teba en Casablanca.

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios