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Festival de Cine Sevilla

"En América también se hace un cine independiente muy bueno"

  • Dirigido por el bosnio Danis Tanovic, Farrell da vida a un atormentado fotógrafo de guerra · Habitual del cine a ambos lados del charco, define su carrera como "ecléctica"

Sólo nueve años han pasado desde el estreno de Tigerland, de Joel Schumacher, primera película americana del irlandés Colin Farrell (Castleknock, 1976) y sin embargo, este actor risueño e irónico en las distancias cortas, ha conseguido un lugar propio en Hollywood participando en grandes producciones como Alejandro Magno o Daredevil sin dejar de lado una especial atención al cine hecho en Europa, caso de sus papeles en Intermission (2003), dirigida por John Crowley, o Una casa al final del mundo (2004) de Michael Mayer. "Durante seis o siete años he tenido la suerte de trabajar con todo tipo de directores. No me he limitado a ningún género, ni a películas grandes ni pequeñas. En un mundo perfecto, mi carrera sería ecléctica tanto en la experiencia como en los resultados. Todo depende de los guiones que me llegan". Lo que es evidente es que su carrera ha estado salpicada -y empujada- por historias donde la lucha del ser humano por la supervivencia es el eje argumental. Este es el motor que mueve Triage, título que alude a las bandas de colores con que se distinguía la gravedad de los heridos, que Colin Farrell presentó ayer en el SFC junto a Paz Vega y al ilustre Sir Christopher Lee. "No sé por qué han sido tantas películas bélicas -reconoce-; he interpretado a muchos soldados y a muchos policías, quizás es la manera de cumpliar las fantasías de niño. Pero de momento, ya he visto suficientes armas".

Tras la cámara se sitúa el bosnio Danis Tanovic, oscar de la Academia por En tierra de nadie, que dirige a Farrell en el papel de un fotógrafo de guerra que viaja al conflictivo Kurdistán de finales de los 80. "Tanovic fue documentalista en varias guerras y sabe perfectamente lo que quiere de las personas, tanto en el plano físico como en el psicológico". Precisamente, las exigencias del rodaje dejaron huella en su cuerpo, tras perder 20 kilos para este papel. "El aspecto físico no estaba tan contemplado en en el guión en un principio, pero leyendo el libro de Scott Anderson [en el que se basa la película] insistía bastante en cómo esa lucha interior del personaje se manifestaba físicamente. Pensé que valía la pena incluirlo pese a que fue duro".

En este sentido, confiesa que éste rodaje, realizado entre Alicante y Dublin, ha sido agotador. "Se supone que debes ser capaz de desconectar una vez que terminas el trabajo y llegas a casa. Pero en este caso, hemos trabajado seis días a la semana durante 14 horas al día con temas psicológicos y emocionales muy duros. Al final del rodaje, estaba muy, muy cansado".

Farrell, que tiene pendiente de estreno las películas de producción europea The Way Back y London Boulevard, reconoce que aún prevalece la clásica distinción por la que Hollywood da el espectáculo y Europa la instrospección. "En Estados Unidos, todo es muy grande, muy ruidoso, la publicidad copa la televisión, los deportes son agresivos... dicho esto -matiza el actor-, allí se está haciendo también un cine independiente muy bueno, igual que existe un cine espectacular en Europa. Quizás, sí, se puede decir que el cine europeo busca la intimidad pero porque no es el objetivo del cine americano y, finalmente, por razones económicas".

En esta coproducción entre España, Irlanda y Francia, Farrell se acercó al mundo de la guerra y los medios que la cubren gracias a su "imaginación y a la experiencia de otros", en concreto, al relato en primera persona del director del filme, que fue documentalista durante la guerra de Sarajevo, y a un amigo de Davis, fotógrafo de guerra de Reuters, que le asesoró técnicamente durante las primeras semanas del rodaje.

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