Lola | Festival de Cine de Sevilla Identidad versus familia

Benoît Magimel y Mya Bollaers en 'Lola'. Benoît Magimel y Mya Bollaers en 'Lola'.

Benoît Magimel y Mya Bollaers en 'Lola'.

Lola, de 18 años, lleva tiempo separada de su familia porque su padre (un Benoît Magimel algo fuera de sitio) la echó de casa al no aceptar que comenzara a travestirse. Estando a las puertas de la operación que completará su definitiva transformación física, recibe la noticia de la muerte de su madre. Tendrá así que reencontrarse con su progenitor con el fin de cumplir el último deseo de aquella: que sus cenizas sean esparcidas en el mar. Empieza así un complicado viaje por carretera que confrontará a padre e hija frente a las viejas heridas aún por cerrar.

El segundo largometraje del director y guionista belga Laurent Micheli aborda el tema de la transición de género, y toda su problemática familiar, a la vez que juega la baza de estar interpretado por una actriz transexual (Mya Bollaers). No entraremos en el delicado tema de si artísticamente esto es un plus o no, es ese un debate que excede los márgenes de esta crítica (incluso los márgenes del propio cine). Por el momento, ahí queda la interpretación de Mya Bollaers en esta Lola y la de Victor Polster en Girl, película también belga; vean y comparen ustedes mismos con todo lo que, no obstante, media cinematográficamente entre ambas.

Lola es una película que muestra abiertamente, y desde muy pronto, su vocación didáctica y comercial, deseando concienciar al mayor público posible con su calculada dosis de emoción y conflicto. La guerra padre e hija es un poco de fogueo, predestinada a ese improvisado y torpe abrazo que todo el mundo sabe que se terminará produciendo. Por el camino, alguna buena escena, como la de la visita a hurtadillas de la protagonista a la antigua casa familiar, donde todavía se siente la presencia cercana de la madre muerta.