Sweat | Festival de cine de Sevilla La soledad de la instagramer

Magdalena Kolesnik ante es espejo en una imagen de 'Sweat'. Magdalena Kolesnik ante es espejo en una imagen de 'Sweat'.

Magdalena Kolesnik ante es espejo en una imagen de 'Sweat'.

Todo resulta obvio y hasta cierto punto previsible en esta cinta del sueco afincado en Polonia Magnus Von Horn (Después de esto): una exitosa y mediática monitora de fitness (Magdalena Kolesnik, siempre a tope) con más de 600.000 seguidores en Instagram retransmite su vida atlética, perfecta y saludable como un producto más de la oferta digital, una vida convertida en simulacro y monetizada (con perdón) hasta el último gesto, de la bebida energética de media mañana hasta el acto cotidiano de subir unas escaleras.

Se ve venir pronto que esta fachada radiante y virtual esconde un alma en lucha a punto de quebrarse, una soledad profunda que intenta disimularse a toda costa. Cuando las cámaras de la emisión en vivo no están encendidas, Von Horn empieza a desvestir las emociones verdaderas: una visita a casa de los padres, posiblemente la mejor secuencia de todo el film, revela los orígenes y los conflictos no resueltos, las carencias afectivas, la dificultad para amar.

Pero Sweat también tiene, como tantas otras cintas de este corte, necesidad de una salida o una escapatoria redentora para su protagonista. El stalker que la acosa bajo su casa no deja de ser otra víctima inocente de la perversión digital, un pobre hombre que terminará apaleado por el verdadero macho violento y que hará que Sylwia atisbe también la posibilidad del perdón camino de urgencias.

Con su tufillo sociológico y algo moralizante, pegada a su protagonista en un intento de traducir su mundo de pantallas, tejidos técnicos, colores sintéticos y apariencias, Sweat se suma a ese cine atento al presente y a sus nuevas criaturas semi-monstruosas, en una variante 2.0 de la revelación por seguimiento que tanto ha fascinado siempre a cierto cine de autor europeo.