Festival de Huelva | Cine en la prisión El Piedra sacude los sentimientos

  • El actor protagonista de la película colombiana acapara con su personaje el cariño de los internos

  • Los invitados salen emocionados de la experiencia en el centro penitenciario

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Luis Enrique Otero no pudo evitarlo al escuchar los primeros aplausos: abrió la puerta del salón de acto, aún a oscuras, para ver a todo el público en pie, aplaudiendo el final de la película. “Me dio igual el protocolo, tenía que verlo”.

Otero es el director de fotografía de El Piedra y esa reacción que ansiaba ver era la de los internos del centro penitenciario de Huelva. No por el hecho de ser reclusos, sino por ver la aceptación de la película en una nueva proyección y entre unos espectadores que, sí, sabía que tienen una sensibilidad especial para una historia como la colombiana.

Pero si ya les emocionó ese recibimiento con los títulos de crédito en la pantalla, la reacción al verles allí en persona fue apoteósica. Sobre todo para Manuel José Álvarez, el actor protagonista, amateur de estreno, boxeador profesional retirado.

Fue verle atravesar el dintel, alto, imponente, y venirse abajo el patio de butacas. Como si El Piedra, ese perdedor con el que pronto empatizaron, acabase de ganar un combate allí, delante de ellos. Mejor que eso, fue quien les emocionó unos minutos antes en la pantalla y ahora le correspondían erizando los vellos, también, a todo el séquito que le acompañaba.

“Gracias, me siento muy halagado. Estoy contento de estar aquí. Me alegro de que les haya gustado”, decía, escueto, abrumado, el púgil-actor a todos desde el escenario.

El equipo de 'El Piedra' posa con los puños en alto. El equipo de 'El Piedra' posa con los puños en alto.

El equipo de 'El Piedra' posa con los puños en alto. / Alberto Domínguez

Al equipo de El Piedra le tocó abrir la 31 edición del Festival de Cine Iberoamericano en la Prisión, pospuesto el inicio dos días por la huelga de funcionarios del centro. Aguardaban con expectación antes de entrar, en la primera experiencia de este tipo para la mayoría. Entre el director de la película, Rafael Martínez; el actor, Manuel José Álvarez; el guionista, Diego Cañizal; y el director de fotografía, Luis Enrique Otero, entraron también dos miembros del Jurado Oficial: el dominicano Omar de la Cruz y la española Virginia Pablos, directores, ambos, de festivales de cine respectivos en República Dominicana y Holanda.

“Estoy intentando asimilar todavía la experiencia”, apuntaba después Pablos, emocionada, mientras trataba de escribir una dedicatoria a instancias de los educadores del centro, con Francisco Regueira a la cabeza, director de este certamen paralelo.

Mientras enfilaba la salida, Rafael Martínez reconocía que llegaba al centro “optimista” sobre la recepción allí del público de la película. Lo imaginado se quedó atrás. “Ha sido impresionante. Siento que hemos conectado con los espectadores de forma auténtica y profunda, porque esta película apela a la parte emocional”.

“¡Le he puesto un diez!”, gritaba un interno abajo, con los invitados en el escenario. “¡Yo le he puesto un cero más, un 100!”, replicaba otro. “¡Yo otro diez!”. “¡Y yo!”, repetían varios sobre las puntuaciones dadas a la película.

Regueira pedía orden y Omar de la Cruz tomaba el mando del acto, micrófono en mano, e interpelaba a los presentes: “¿Quién cree que El Piedra merece un 1?”. Silencio. “¿Quién cree que merece un 4?”. Más silencio. “¿Y un 8?”. Varias manos levantadas. “¿Y un diez?”. Aplausos y vítores que elevaron la autoestima del equipo al máximo.

La admiración y los elogios eran para el protagonista. Bastaba una exhibición de golpes al aire para que los aplausos se repitieran y las voces pidieran más. A él se referían muchas de las intervenciones entre los internos.

Interés en el actor

“¿Has perdido muchos combates cuando eras boxeador?”, le preguntaban a Manuel José Álvarez, buscando coincidencias con su personaje, habituado a la derrota deportiva y espiritual. “Hice 98 peleas, perdí 97 y una la empaté”, bromeó el actor, correspondido por las risas, aludiendo a la carrera del personaje. “En realidad hice 125 combates y perdí apenas tres en toda mi carrera. He sido campeón nacional siete veces campeón mundial aficionado, campeón panamericano...”. La admiración por el personaje real se engrandeció.

“Nunca antes había actuado más que como boxeador”, respondía Manuel a otra pregunta. “Hay que hacer de todo en esta vida para sobrevivir”, dijo sobre su nueva faceta como actor.

“España me hizo una estrella de cine”, bromeaba de nuevo a la salida, emocionado por la acogida en Huelva, en el Gran Teatro, el día anterior, y en el centro penitenciario, en ese momento. “Siempre quise conocer España, ver cómo era. Y me recuerda a Cartagena de Indias. La gente es excelentísima; es más despacio todo pero, como dicen acá, son de categoría”. El corazón, claro, se agitó en todos.

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