Festival de Malaga

La vida sigue (casi) igual

  • Una mejor 'clase media' y algunos debuts son las mejores noticias de la Sección Oficial.

Cierra la 19 edición del Festival de Málaga y, en el sentir global sobre la Sección Oficial se perciben ánimos similares: no ha sido tan duro como se esperaba. El nivel general ha mejorado con respecto a la edición precedente, y para festejarlo se ha llevado la Biznaga de Oro Callback, una rara avis en el principal escaparate mediático del certamen, lo cual ha sorprendido y agradado a parte iguales: lo merecía.

Por su lado, la mejora de la clase media de la sección es indudablemente una buena noticia, aunque no sepamos a ciencia cierta si esto es achacable a un retocado criterio de selección, o a que la añada simplemente ha traído mejor uva que los dos años precedentes (lo cual, dicho sea de paso, no hubiera sido difícil). Y en el lado negativo de la balanza, sólo El futuro ya no es lo que era ha provocado unanimidad en torno al sonrojo, y los motivos que hayan podido llevar a la programación del festival a incluir esta cinta (y, por cierto, a Televisión Española a producirla) deberían quedar para un largo debate posterior.

Pero volviendo al palmarés, Callback se antoja una justa vencedora, pese a su naturaleza atípica para una cita como Málaga. Si bien no es de extrañar que un jurado que cuenta con Martín Cuenca la seleccione como mejor película: Carles Torras tira líneas en común con el Caníbal del almeriense, y en la trama pesa mucho más lo callado que lo dicho, al gusto del realizador de La mitad de Óscar. El reverso tenebroso de la resplandeciente Nueva York hace el resto junto a uno de los descubrimientos del festival: Martín Bacigalupo, protagonista y coautor del guión, galardonado en ambas facetas.

Otras cintas han resultado, por otro lado, los indicadores de una mejor salud de la Sección Oficial. Para empezar, la segunda gran vencedora en galardones: La próxima piel, el regreso al cine ¿comercial? de Isaki Lacuesta, protagonizado por una Emma Suárez, igualmente premiada. La película, por otra parte abiertamente tramposa a nivel de guión, gustó a crítica y público, y se espera de ella un relativo éxito comercial. Como también se espera de Cerca de tu casa, el drama musical dirigido por Eduard Cortés, con Sílvia Pérez Cruz en el papel protagonista, y que extrañamente no obtuvo premio del público pese a la calurosa acogida.

Gernika, La noche que mi madre mató a mi padre o Kóblic han, como decimos, mejorado el nivel medio de otros años, aunque persista la duda de si cumplen con el nivel de un festival (es decir, el de pasar una criba que exija algún riesgo, alguna particularidad en la propuesta); o si bien la Sección Oficial se continúa planteando desde su archiconocido mantra de "foto fija del cine español", en cuyo caso claro está, todo tiene cabida.

No obstante, las mejores noticias se han vuelto a producir entre las óperas primas. Por un lado, Pol Rodríguez sorprendió muy gratamente con Quatretondeta, una bella e imperfecta fábula sobre el amor después de la muerte, conducida por un Sacristán en estado de gracia. Como también sorprendió Marc Crehuet con El rey tuerto, acogida quizá con más alborozo de lo esperado al aparecer tras un dubitativo inicio del festival. Y en un nivel distinto -por la capacidad competitiva del film, al tratarse de una producción amateur- podríamos sumar a Zoe, el proyecto a coste cero dirigido por Ander Duque, protagonizado por Rosalinda Galán.

Estas tres cintas, que bien podrían haber recogido algo más en el palmarés (sólo Quatretondeta fue reconocida con una mención especial), marcan el territorio donde el Festival ha demostrado moverse con más soltura: pequeñas producciones con dificultades para moverse por festivales y distribuciones de mayor calado, y que encuentran en Málaga su plataforma de lanzamiento, como en ediciones anteriores la encontraron Roger Gual, Mar Coll, Carlos Marques-Marcet o Jonás Trueba, entre otros.

Sin embargo, el reto de que regresen los directores que se encumbran aquí se mantiene un año más en compás de espera, y con una edición donde la cartelera ha resultado especialmente traviesa contraprogramando citas (Almodóvar, Bollaín y Paco León han estrenado o estrenarán en cines con apenas semanas de distancia), hay que admitir que siguen sin resolverse las dudas sobre si, tras diecienueve ediciones, el Festival de Málaga es de verdad la gran cita anual con el cine español… y por qué.

Dicho esto, no infravaloremos: en todos los ámbitos de la vida hacerlo un poco mejor es muy difícil, y se ha conseguido. Pero sigue quedando mucho por hacer.

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