Los sevillanos olímpicos · Ana Pérez, gimnasia artística

Equilibrio y constancia

  • Ana Pérez afronta su debut olímpico decidida a hacer un buen papel tras años de duro trabajo en Madrid. Ajena a las polémicas extradeportivas, sólo piensa en vivir su sueño hecho realidad.

La ficha. Localidad: Sevilla. Edad: 18 (14-12-1997). Peso: 45. Estatura: 1,52. Palmarés: Tercera en barra de equilibrio en la Copa del Mundo (2015); campeona de España absoluta (2015); campeona de la Copa de España (2016). 

Su camino en los Juegos: 

Domingo 7 de agosto: Comienzan las sesiones individuales de clasificación, por aparatos y del concurso completo, en el Arena Olímpica de Río.

Miércoles 10 de agosto: Final del concurso completo femenino. 

Domingo 14 de agosto: Primero de los tres días en los que se celebrarán las finales por aparatos tanto masculinas como femeninas.

En enero de 2014, una jovencísima Ana Pérez hizo las maletas rumbo a Madrid. Entre sus pertenencias, además de mucha ropa de abrigo con la que afrontar las bajas temperaturas invernales de la capital, se acumulaban las dudas e inseguridades. Y no había jersey, por muy grueso que fuese, que las combatiese.

Era la primera vez que la sevillana se separaba de su familia. Su buena y prometedora trayectoria en el mundo de la gimnasia artística la invitaba a dar un paso más en exigencia y sacrificio y a cambiar su zona de confort, la que encontraba todas las tardes en el Centro Deportivo Hytasa, por un entorno tan prestigioso como desconocido: la Residencia Joaquín Blume. Así las cosas, no le quedó más remedio que intensificar sus rutinas de entrenamiento, aparcar cuanto podía la añoranza del hogar y, en las pocas horas libres de que disponía, estudiar para superar los estudios de Bachillerato con nota.

 

Para sobrellevar muchas de las cosas que se estaba perdiendo si se comparaba con cualquier otra adolescente de su edad, la hispalense optó por mirar al futuro con optimismo, por imaginarse compitiendo en un Europeo y en un Mundial. Y en ese horizonte que vislumbraba con entusiasmo, un sueño que se le antojaba casi inalcanzable brillaba más que cualquier otro: acudir a unos Juegos Olímpicos. 

 

Un sueño que ahora no sólo otea con ilusión, sino que acaricia con la punta de los dedos, contando los días para hacer de nuevo la maleta, esta vez vacía de inquietudes y repleta de ilusión.

 

Portar ese equipaje conlleva una enorme responsabilidad para alguien que aún no ha cumplido los 19 años. No obstante, en un deporte como la gimnasia artística, con un margen de competición tan limitado y una jubilación increíblemente adelantada, a sus 18 años la sevillana tiene la edad perfecta para experimentar todo un cúmulo de sensaciones y gritar a las cuatro vientos: "Yo estuve en unos Juegos".

 

"Ahora ya lo tengo asimilado, pero al principio no me lo creía. Cuando conseguí la clasificación no paraba de saltar y de decirle a mi fisio '¡que me voy a Río!' -ríe al recordarlo-, pero es que fue uno de los mejores momentos de mi vida", cuenta Pérez, quien selló su billete a tierras brasileñas el pasado abril en el Preolímpico que se celebró en la misma sede que acogerá a principios de agosto todas las competiciones de gimnasia.

 

La incredulidad de Ana cobra aún más sentido al escuchar su explicación: "Yo pensaba que no tenía ninguna posibilidad de estar en Río de manera individual. Mi objetivo y el de mis compañeras era clasificarnos para el concurso por equipos y no lograrlo la verdad es que nos dolió mucho. Así que yo pensé entonces que me quedaba sin Juegos, por lo que conseguir estar allí es más que un sueño".

Con lo que tampoco contaba era con que a su vuelta a casa su familia y amigos la estarían esperando en la estación de Santa Justa con una enorme pancarta que le daba la enhorabuena y las gargantas preparadas para corear su nombre sin descanso. "¡Qué vergüenza pasé! -revela-, no sabía dónde meterme, toda la gente me miraba y yo sólo quería salir de allí. Después me di cuenta de que fue un detalle muy bonito y ojalá vuelva a repetirse, porque sería una muy buena señal".

El mérito de la joven no sólo es notorio por tratarse de la primera sevillana que estará en una cita olímpica en su modalidad, sino que también será la única española que compita. Y aunque asegura que se ha propuesto trabajar "a tope" estos últimos meses para dar lo mejor de sí, no niega que la presión revolotea de vez en cuando sobre su cabeza. 

 

"Pero espero ser capaz de aparcar los nervios, de olvidarme de todo cuando empiece a competir y de sentirme orgullosa de las notas que saque con independencia del puesto en el que acabe", afirma, quizá en un intento de autoconvencerse a fuerza de repetir la idea en voz alta.

 

Ana Pérez desvela que, dentro de lo que cabe, "la exigencia de los entrenamientos es más o menos la misma en un año olímpico en comparación con los anteriores", si bien sus sesiones están ahora enfocadas en "limpiar los ejercicios todo lo posible y en intentar sacar alguna décima de dificultad". 

La perfección, tan difícil de alcanzar en cualquier ámbito de la vida, y más aún cuando median en el intento una barra de equilibrio o unas asimétricas, se torna en obsesión en cada ejecución. Y éstas, repetidas hasta la saciedad, quedan grabadas en la memoria de su artífice como si de un vídeo en reproducción continua se tratase.

 

De los aparatos que componen el concurso completo de gimnasia artística femenina, Ana Pérez se desenvuelve con efectividad en suelo y salto, sobresale en la barra de equilibrio -"es mi punto fuerte", indica- y sobrevive en las asimétricas -"me sigue costando controlar los nervios y siempre saco menos nota que en los demás", reconoce-. 

 

Tras sus exhaustivas jornadas de entrenamientos, en las que nunca puede faltar la concentración, llegan las horas de asueto y reposo, las que invierte en desconectar todo lo posible, pues no sólo el cansancio físico, también el psicológico, es capaz de lastrar el rendimiento de un deportista de alto nivel.

Tan mentalizada está con la importancia de afrontar la competición bien descansada que la sevillana es baja casi segura para la ceremonia de inauguración de los Juegos. "Sería una experiencia increíble poder estar allí con el resto de la delegación española, pero no voy a Río a desfilar, sino a competir, así que prefiero quedarme en la habitación y verlo por la tele", responde convencida.

 

Así las cosas, a sus orgullosos progenitores no les quedará más remedio que esperar a que su hija se presente en el pabellón que acoge las competiciones de gimnasia, el Arena Olímpica, para aplaudirla con orgullo, ese que sólo sienten los padres cuando ven que su pequeña sigue haciéndose grande, para más gozo en este caso en un escenario olímpico.

 

Por lo demás, Ana afronta los días previos a su gran viaje con serenidad. Concentrada hasta el extremo en desempeñar un buen papel, poco sabe de las cuestiones extradeportivas que se han asociado a Río de Janeiro en los últimos meses. 

 

"Cuando estuve en abril para el Preolímpico me di cuenta de que las obras no estaban muy avanzadas y que muchos pabellones iban por la mitad. Imagino que se habrán dado mucha prisa desde entonces para que todo esté a punto, pero no sé si lo habrán conseguido… Y en cuanto al zika, la verdad es que no estoy muy puesta, así que no le doy importancia", explica con su habitual tono tranquilo.

 

Ni los mosquitos ni las instalaciones que puedan estar inacabadas constituyen un problema para Ana Pérez, que se prepara con ilusión e inquietud para poner rumbo a su sueño hecho realidad. Quién se lo iba a decir cuando cruzó por vez primera las puertas de la Residencia Blume, con el miedo propio que cualquier persona, más aún en plena adolescencia, ha sentido alguna vez al poner un pie en un lugar extraño. También frío, y no precisamente porque la llegada se efectúe en pleno invierno.

 

Ahora la sevillana se embarca hacia una estación invernal diferente, la que caracteriza a Río de Janeiro en esta época, pero reconfortada por el calor que brinda el trabajo bien hecho y la confianza en uno mismo. 

 

Dos años y medio han pasado desde que decidiese marcar un punto de inflexión a su carrera y el tiempo transcurrido desde entonces ha sabido gratificarla con éxitos deportivos, tanto a nivel nacional como internacional, y un buen número de escalas que añadir a su hoja de ruta en la gimnasia artística. Pero la más emocionante, la que perdurará por siempre en su memoria y su currículum, aguarda al otro lado del Atlántico.

El cuestionario

1- ¿Cuál es su primer recuerdo de unos Juegos?

De los más recientes, de Londres, la final de gimnasia artística femenina.

2- Destaque un momento emocionante de Barcelona '92.

El quinto puesto del equipo español de gimnasia artística femenina.

3- Dígame tres deportistas míticos de la historia de los Juegos.

Usain Bolt, Nadia Comaneci y Mireia Belmonte. 

4- ¿Qué condiciones debe tener un abanderado?

Tiene que ser un deportista que destaque mucho y que haya hecho historia, como Nadal.  

5- ¿Cuántas medallas ganará España en Río?

Entre 15 y 20.

6- ¿Y quiénes ganarán más, los hombres o las mujeres?

Las mujeres, como en Londres 2012.

7- ¿Qué significa para un deportista estar en unos Juegos?

Haber cumplido el sueño que llevas persiguiendo desde hace mucho tiempo y para el que has trabajado durante años. 

8- Conseguir ganar una medalla olímpica puede ser similar a…

Vivir algo increíble, tanto que no se me ocurre un ejemplo. 

9- Si la ganase lo celebraría haciendo…

La verdad es que no he pensado nada, pero supongo que mis compañeras me retarían a hacer algo.

10- ¿Qué sacrificaría de su vida por un oro olímpico?

Echar aún más horas de entrenamiento.

11- Vigente campeona olímpica en su disciplina…

Gabrielle Douglas.

12- Para preparar unos Juegos, ¿renuncia a algo de lo que no renuncia en años no olímpicos?

Más o menos mi vida es la misma, no hay gran diferencia, se trabaja un poco más duro, pero es lo normal. 

13- Volvería satisfecha de Brasil siempre y cuando…

Hubiese competido bien, independientemente del resultado. Aunque si consigo meterme en la final me sentiría aún más satisfecha y sería una experiencia inolvidable.

14- ¿Qué deportes sigue en los Juegos?

La natación y los saltos de trampolín.

15- ¿Tiene una canción o música fetiche para los días de competición?

No. 

16- ¿Lleva algún amuleto en la maleta para Río?

Tampoco.

17- ¿Tiene alguna manía en los instantes previos a competir?

La verdad es que no, soy un poco simple para esas cosas. Tengo una compañera que es muy maniática en ese sentido y yo me río de ella.

18- ¿No peca el entorno de los deportistas (federativos, prensa...) de medallitis?

Es bueno que confíen en que ganaremos muchas medallas, pero hay personas a las que la presión no les funciona, porque piensan más en lo que la gente espera de ellos que en competir. Está bien que se crea en nuestras posibilidades, pero mejor si se hace sin presión para que podamos hacer bien nuestro trabajo.

19- ¿Qué le parece el uniforme de la delegación española para la ceremonia de inauguración? ¿Se pondrá falda o pantalón? (por primera vez las mujeres pueden elegir qué ponerse).

Es bonito, otros años ha sido más feo. No creo que vaya a la ceremonia de inauguración, pero si fuera me pondría pantalón.

20- ¿A quién le pediría un autógrafo o un selfie si lo viera en la villa olímpica?

Como soy tan vergonzosa seguramente no me haga una foto con nadie, pero si alguien me para y quiere hacérsela conmigo no tendré inconveniente.

21- ¿Tiene pensado hacer turismo por Río? ¿Sabe decir algo en portugués?

De portugués no tengo mucha idea, y en cuanto al turismo… Ya iremos viendo cómo salen las cosas. 

22- ¿Vuelve más calentito el bolsillo tras una cita olímpica?

No tengo ni idea, aunque no estaría nada mal pensando en las vacaciones (ríe), que me iré seguramente a la playa a coger un poco de moreno.

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