Reacciones a las condenas de los ERE Mutismo en el funeral

  • Ninguno de los acusados habla a la salida de la Audiencia, sólo Guerrero pide tiempo para leer la sentencia

  • Caras desencajadas y pesadumbre entre los condenados

Gesto serio de José Antonio Griñán al salir de la lectura de la sentencia. Gesto serio de José Antonio Griñán al salir de la lectura de la sentencia.

Gesto serio de José Antonio Griñán al salir de la lectura de la sentencia. / Antonio Pizarro

Pasaban la una de la tarde, una hora poco apropiada para un entierro. El frío seguía instalado en los huesos de los periodistas que cubrían la sentencia del caso de los ERE, convertida ya en funeral desde que, unos minutos antes, se había hecho público el fallo que condenaba a casi todos los acusados, incluidos los ex presidentes de la Junta de Andalucía Manuel Chaves y José Antonio Griñán.

El cementerio era la Audiencia de Sevilla, un edificio feo, viejo y anodino, que evoca ecos de otras épocas grises de la Historia contemporánea de España. La Policía había tomado posiciones dentro y fuera del mismo, para garantizar que la salida de los acusados transcurriera con el mismo orden que se había registrado la entrada.

Los informadores leían la tabla con las penas en sus teléfonos móviles. Había quien lo cantaba para el resto. "¡¡¡Griñán seis años de prisión!!!", recitaba. "Chaves nueve de inhabilitación", "Zarrías igual", y así seguía una letanía que iba perdiendo intensidad a medida que se pasaba a los acusados más secundarios. Apenas dio tiempo a digerir el fallo cuando empezaron a salir los condenados.

El paseíllo se hizo eterno. Salió Griñán con una cara desencajada y recorrió los escasos metros hasta la esquina. Aguantó el tipo ante las cámaras. Algunos periodistas lo intentaron, a sabiendas de que lo que menos tenía aquel hombre en ese momento era ganas de hablar con la prensa. "Señor Griñán, por favor, ¿una valoración del fallo?".

Fueron saliendo el resto de acusados. Ninguno habló. Todos compungidos. Se esperaba una sentencia dura y los 1.700 folios empezaban a pesar ya como la losa más gruesa de un panteón. Sólo Guerrero, otra vez, como a la entrada, fue el único que se detuvo unos instantes. Educado y cortés. "Hasta que no leamos la sentencia no vamos a hablar", dijo.

Manuel Chaves aprovechó el momento en que Guerrero decía estas palabras y salió a toda prisa. Tampoco habló. Las vallas impedían a la prensa acercarse a los acusados. Así fueron saliendo todos y cada uno de ellos, dando quizás los pasos más desagradables de sus vidas. Salvo en el caso de los dos absueltos, claro. Camino de casa con una condena de prisión en unos casos y con la mancha de la inhabilitación en otros. 

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