Abusos sexuales

Ingresa en prisión un hombre que abusó de su sobrina durante cinco años

  • Condenado en 2018, retrasó el ingreso recurriendo al Supremo y ahora pedía esperar al Constitucional

  • La Audiencia valora la gravedad del delito y la elevada condena de 11 años

Sala Gesell de Sevilla destinada a la declaración judicial de menores Sala Gesell de Sevilla destinada a la declaración judicial de menores

Sala Gesell de Sevilla destinada a la declaración judicial de menores

La Audiencia de Sevilla ha ordenado el ingreso en prisión de un hombre de 45 años que debe cumplir 11 años de cárcel por  abusar sexualmente de su sobrina durante cinco años, cuando la niña tenía entre 7 y 13 años. Condenado en 2018, el acusado había eludido hasta ahora el ingreso en prisión a la espera del Tribunal Supremo y, una vez confirmada su condena en diciembre pasado, había pedido esperar a que se pronunciara el Tribunal Constitucional.

Agustín L.C. fue condenado a 11 años de cárcel y a pagar a su sobrina -hija de una hermana de su esposa- una indemnización de 12.000 euros por el “fuerte impacto psicológico de la traumática situación vivida”.

Su abogado había pedido a la Sección Cuarta de la Audiencia que dejase en suspenso el ingreso en prisión hasta que sea presentado su recurso de amparo ante el Tribunal Constitucional y resuelta por el alto tribunal la pieza separada de suspensión de la pena privativa de libertad.

Pero tanto la Fiscalía de Sevilla como la acusación particular que ejerció el abogado Manuel Manzaneque en nombre de los padres de la niña se opusieron a aplazar el cumplimiento efectivo, a lo que el tribunal añade las razones de la “gravedad del delito” y la elevada pena de once años de cárcel impuesta.

Además la Sección Cuarta de la Audiencia recuerda que la Ley de Enjuiciamiento Criminal ordena que, una vez dictada sentencia firme, “procede acordar su inmediata ejecución”, según el auto al que tuvo acceso este periódico.

Los abusos ocurrieron en Alcalá de Guadaíra: Agustín L.C. abusó sexualmente de su sobrina desde que la niña tenía 7 años y hasta los 12 o 13. La víctima no contó lo sucedido por temor a que su denuncia rompiese a la familia y fueron sus compañeros de instituto quienes primero acudieron a la Policía.

Aprovechando los días que la niña se quedaba en su casa, el acusado le decía que le iba a dar unos “masajes especiales” y aprovechaba para hacerle tocamientos, introducirle el dedo en la vagina y pedir a la menor que le  masturbara. 

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