Opinión

Justicia es no abrir ciertos procesos

El abogado Alberto Revuelta El abogado Alberto Revuelta

El abogado Alberto Revuelta

El primer tribunal criminal conocido se constituyó en Atenas para juzgar a Orestes acusado de matricidio. Orestes era hijo de Agamenón y hermano de Ifigenia, Laódice, Electra y Menelao. La familia descendía de Atreo, nieto de Tántalo, maldecido por haber hecho comer a los dioses el cuerpo de su hijo Pélope.

El magistrado presidente del tribunal de los ERE tiene ante sí supuestas prevaricaciones y no menos supuestas malversaciones. Nada que ver con Tántalo y Orestes. Oído pues su "visto para sentencia” advirtamos en este fin de año sevillano que las instrucciones de la señora Alaya nos cuestan a los españoles del común, votantes o no del excedente magistrado señor Zoido, un pastón , dicho en roman paladino. Algún interventor,  más agudo y avisado que el acusado en el recién terminado macroproceso, ayudado del perito judicial enviado por la IGAE en auxilio de los fiscales y magistrados y del inspector de Hacienda que tardó cinco años en emitir el suyo en el acusatorio a don Manué, deberían dedicar tiempo y neuronas a calcular y hacer saber cuánto costó la instrucción, juicio y consecuencias ciudadanas del proceso Mercasevilla y otro tanto, después,  el del Betis. 

Santa Teresa, castellana bien hablada como era y que por tal se tenía, llamaba “divertirse” a distraerse en sus tareas, pensamientos, obligaciones u oraciones. Puede que “diversión” hayan sido las instrucciones de ambos procesos, concluidos ambos con rotundas absoluciones y, en uno de ellos además con la aseveración de que no había ni siquiera pruebas indiciarias. ¿Y qué trabajo, objetivo y contrastado, de análisis de esos indicios hicieron fiscales y jueza?. No ha sido divertido para los ciudadanos aplastados por la maquinaria acusatoria e inquisitiva con ayuda de prensa y propaganda de la particular Secretaría General del Movimiento, continuo eso sí, que funciona en esta ciudad para asombro de los siglos venideros.

Don Luciano Varela, magistrado de la Sala Segunda del Tribunal Supremo, nombrado Irmandiño de Honor de la Irmandade Xuridica de Galicia y medalla de oro de la misma, ha recordado a un catedrático suyo que decía “hacer justicia es fácil, lo difícil es hacer lo justo”. Lo penoso para los ciudadanos que detentamos la soberanía nacional es que en estos procesos hacer justicia nos ha costado cantidades astronómicas para concluir que lo justo era no haberla iniciado, pues nada había ni siquiera indiciariamente,  por mucho comandante de la UCO que  pasee por la Audiencia.

Y Friederich Nietzsche: “No que me hayas mentido; que ya no pueda creerte, eso me aterra”.

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