Secreto de Sumario

El club de los damnificados de Alaya

  • Alaya está imparable, como aquel eslogan de la Junta. Cada vez que hace una declaración pública, se crea nuevos enemigos. Y ya van unos pocos, a los jueces y fiscales, se suma ahora el ex presidente del Betis Manuel Ruiz de Lopera, que también la denunciará ante el CGPJ.

La juez Mercedes Alaya, en un almuerzo del club Siglo XXI. La juez Mercedes Alaya, en un almuerzo del club Siglo XXI.

La juez Mercedes Alaya, en un almuerzo del club Siglo XXI. / EFE

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La junta de jueces de Instrucción de Sevilla, el Consejo Fiscal, el presidente del TSJA, el ex interventor de la Junta Manuel Gómez, y ahora el ex mandatario del Real Betis Manuel Ruiz de Lopera. Alaya está como ese eslogan de hace unos años que relataba las excelencias de la "Andalucía imparable". Ya sabíamos que Alaya era incansable, como ella misma se autodefinió en un auto, pero después de tres años callada en su nuevo destino, Alaya ha roto ese silencio. Alaya está imparable. Cada vez que interviene públicamente, se suman nuevos miembros a su particular club de damnificados.

Lo primero que quiero es agradecer públicamente a la magistrada que, después de nueve años, se decidiera a hablar con los periodistas que habitualmente cubrimos la información de tribunales en los juzgados de Sevilla, dado que hasta ahora había sido totalmente inaccesible.

Reconozco que en la conversación con los informadores, que se produjo el mismo día en que se conoció que el Consejo General del Poder Judicial (CGPJ) le había abierto unas diligencias informativas a raíz de la queja del Consejo Fiscal, la juez estuvo muy amable y no eludió responder a ninguna pregunta, salvo la relacionada con el nombramiento de la nueva fiscal general del Estado, la hasta ahora fiscal de Sevilla, María José Segarra, un nombramiento del que no quiso hacer ninguna valoración.

Así, Alaya volvió a hablar de la politización de la Justicia; del juez de refuerzo al que acusó de irse a la una a recoger a sus niñas o a almorzar con su mujer en un club; de que no tiene ninguna aspiración política; de la independencia de la Fiscalía; de la juez María Núñez Bolaños; de las quejas de sus compañeros; de la instrucción de los ERE; de la causa de los cursos de formación; y como no de los casos Mercasevilla y Betis, que después de unas instrucciones larguísimas han concluido con una sentencia absolutoria. Y sobre todos estos temas ratificó sus anteriores manifestaciones, de las que no se arrepiente.

Alaya añadió que hablaba porque su intención es cambiar el sistema desde dentro de la Justicia, pero lo cierto es que aunque manifestara que no quería herir a nadie, sus declaraciones no hacen más que crearle nuevos enemigos. 

Alaya sigue sumando "damnificados" por sus palabras, como diría el presidente de la Audiencia de Sevilla, Damián Álvarez, quien no obstante parece haber arreglado ya su relación con la magistrada, después de haber reconocido públicamente, en una comparecencia la semana pasada en la sede del CGPJ, que a él y al presidente del TSJA, Lorenzo del Río, los "puso verde", y que no tenía prácticamente relación con la magistrada.

Como decía en estas mismas páginas la compañera Amanda González en su artículo "Las otras víctimas de Alaya", algunos investigados que posteriormente fueron absueltos de los cargos llegaron a plantearse crear una asociación de afectados, pero lo dejaron porque lo único que quieren es "pasar página”.

Ahora Lopera entra como miembro de pleno derecho en el club de los damnificados por Alaya, y lo hace anunciando que presentará una queja ante el CGPJ, el máximo órgano de gobierno de los jueces, cuyo presidente, Carlos Lesmes, ya ha tildado de "poco apropiadas" y "poco amables" las declaraciones de Alaya.

No se puede expedientar a un juez por utilizar palabras poco apropiadas, pero ojo que ahora las quejas provienen de dos personas que se han sentado o se sientan en el banquillo por las instrucciones de Alaya.

Evidentemente no se puede expedientar a una juez por utilizar palabras inapropiadas o desagradables, pero ojo, que las quejas contra Alaya ya no provienen sólo de jueces y fiscales, sino de personas que se han sentado o se sientan actualmente en el banquillo de los acusados -esos a los que los juristas denominan los justiciables- para responder de unos cargos que derivan de las instrucciones de Alaya y quienes se preguntan si Alaya está intentando "influir" en otros jueces o "condicionar" a otros jueces, ya sean los de la Sección Primera que están enjuiciando actualmente el caso de los ERE -en el caso de la queda del ex interventor de la Junta Manuel Gómez- o los del Tribunal Supremo que tendrán que resolver el recurso presentado contra la absolución de Lopera.

A Alaya se le abren nuevos frentes. La queja de los fiscales, la de Lopera ahora, o la del ex interventor, que la denunció ante el TSJA. La Sala de Gobierno del Alto Tribunal andaluz ha rechazado esta misma semana las declaraciones de la juez y ha remitido al Consejo las quejas que hay actualmente contra ella.

Alaya reconoció a los periodistas de Sevilla que estaría más tranquila sin hablar absolutamente de nada, pero se considera una persona "muy libre" y cuyas opiniones "son tan lícitas como las del que opine lo contrario". Tiene usted razón, señoría. Las opiniones son libres y todos tenemos una, pero lo que no parece muy prudente es que un juez que ha instruido un procedimiento hable del mismo cuando ni siquiera hay sentencia. Parece que la polémica creada con cada nueva declaración de Alaya amenaza con convertirse en el culebrón del verano. Y sería el segundo que tiene como figura principal a esta juez, tras el escándalo que protagonizó por sus duras críticas a una recién llegada María Núñez Bolaños y que acabaron por dejarla fuera de la instrucción de las macrocausas, en el otoño de 2015.

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