Audiencia de Sevilla

Condenado por intentar violar a su ex pareja sexual

  • Coincidieron en una discoteca y ella accedió a realizar el acto sexual en los aseos

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La Audiencia de Sevilla ha condenado a un año y medio de cárcel a un hombre que intentó violar, en los aseos de una discoteca, a la que había sido su pareja sexual esporádica durante varios años pero sin haber entablado una relación sentimental. 

Las circunstancias del caso han necesitado una sentencia de 27 folios a cargo del magistrado ponente, José Manuel de Paúl. En efecto, la mujer aceptó inicialmente realizar el acto sexual en unos aseos apartados, siguió al acusado por un pasillo sin iluminación mientras él abría camino con la linterna de su móvil pero, una vez sentada en el inodoro, se desdijo de su anterior aceptación. 

La denunciante solicitó una condena de seis años y ocho meses de cárcel por delitos de tentativa de violación y amenazas, junto a una indemnización de 30.000 euros. La condena ha quedado en un año y medio de prisión y 3.000 euros de indemnización.

Los hechos ocurrieron el 20 de diciembre de 2015 en una céntrica discoteca de Sevilla. El acusado tenía entonces 34 años y la mujer 23. 

Según la sentencia a la que ha tenido acceso este periódico, al principio de esta década ambos habían mantenido durante unos años una serie de relaciones sexuales esporádicas, que no dieron lugar a una relación sentimental. Ya en abril de 2015, habían coincidido en la Feria de Sevilla y el acusado había propuesto a la mujer realizar un nuevo acto sexual, a lo que ella ya no accedió.

El día que ocurrieron los hechos eran las 7:00 de la mañana y la discoteca acababa de cerrar al público, pero en el interior permanecían varios empleados y clientes de confianza, entre ellos el ahora condenado y su antigua pareja sexual. Se pusieron a hablar y el acusado “ponderó en términos tan expresivos como obscenos los dones físicos de la mujer y el atractivo erótico que ejercía sobre él, le propuso hacer realizar el acto acto sexual en los aseos y ella accedió”.

Entonces se dirigieron hacia unos aseos no usados habitualmente por el público y separados del salón de la discoteca por una cortina. El pasillo carecía por completo de iluminación y la pareja se dirigió hacia el fondo alumbrada por el teléfono móvil del acusado.

Cuando ya estaban en uno de los diminutos cubículos, dotado exclusivamente de un inodoro, la joven se sentó en la taza y orinó, el acusado se aproximó a ella y la abrazó “con el propósito de realizar el acto sexual convenido”. Ella entonces se desdijo de su anterior aceptación y se negó a seguir adelante, aduciendo que tenía novio. 

El acusado no aceptó esta negativa y “dio violentamente media vuelta al cuerpo de la mujer con ánimo de penetrarla desde atrás”. No obstante, ante la resistencia opuesta por la mujer y tras un breve forcejeo, el acusado “cejó enseguida en su empeño, abandonó el retrete dando un portazo mientras dirigía a su antigua compañera un grosero insulto”.

Los jueces empiezan afirmando que tanto denunciante como acusado “sin apartarse diametralmente de la realidad de lo ocurrido, ocultan o tergiversan -puede que sin plena conciencia de hacerlo- aquellos extremos del episodio que pueden dejarlos en mal lugar ante sí mismos, el tribunal o ante terceros”, entre ellos el novio de la denunciante.

En primer lugar, la joven negó rotundamente que hubiera aceptado mantener una relación sexual y sostuvo que el acusado la siguió por el pasillo cuando ella se dirigía al cuarto de baño. Pero tal declaración “queda desmentida por la rotunda e inequívoca visión de la grabación de las cámaras de seguridad de la discoteca”, donde se ve al procesado  abriendo camino con la luz de su móvil y ella detrás “a muy corta distancia”.

Cuando la mujer le manifestó su oposición, él “aunque enfurecido y calificando groseramente su conducta”, se abstuvo de continuar y se comportó “como una persona decente con adecuado autocontrol de sus impulsos”, según la sentencia.

Una de las controversias del juicio fue si, cuando se produjo la aproximación, la joven se había subido ya la ropa interior y las medias. Él dijo que no y ella que el acusado se las bajó de nuevo a la fuerza. Los jueces ven más convincente la afirmación del procesado “por su grado de precisión” y porque, de haber mediado violencia, “lo más probable es que esas prendas delicadas hubieran sufrido algún desgarro”.

La sentencia rebaja la condena por un delito de tentativa de violación desde los cuatro años y medio que pidió el fiscal, al tener en cuenta que el acusado desistió “tempranamente”  y “renunció a proseguir su acción ante la aparición de un obstáculo fácilmente previsible y vencible, como era la oposición de la víctima”.

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