La caja negra

Mucho ruido de cacerolas y pocas nueces en el comercio

  • Han abierto muchos pequeños comercios, pero hasta que no lo hagan los grandes almacenes y la mayoría de los bares, el trasiego es mínimo e insignificante. 

Cola de abonados para recuperar el dinero de las localidades del temporada taurina Cola de abonados para recuperar el dinero de las localidades del temporada taurina

Cola de abonados para recuperar el dinero de las localidades del temporada taurina / Juan Carlos Vázquez (Sevilla)

La semana arranca con muchísimos comercios abiertos, pero como los grandes almacenes están cerrados y la mayoría de los bares también, la verdad es que no se nota alegría alguna en la calle. Es como lo que ocurre en la romería del Rocío, que la cosa está a medio gas hasta que no llegan Triana y Huelva, según cuentan los expertos en la materia. En los servicios de reparación de teléfonos móviles hay cola. Un cambio de pantalla, 55 euros. Para los arreglos de prendas por los kilos ganados hay lista de espera. En las consultas médicas no hay que aguardar. Te citan con tanto margen que entras nada más llegar, no da tiempo siquiera a repasar la prensa del corazón de hace cuatro meses.

Los repartidores de Amazon de mayor edad tocan el timbre, se aseguran de que hay presencia en la casa y dejan el paquete en la puerta tras anunciarlo a viva voz. Así debían dejarle la comida a los leprosos en otro siglo. En los supermercados venden sartenes y cacerolas, lo cual está muy bien para irse con ellas a las calles Virgen de Luján y Asunción a las nueve de la noche. Por ellas deambulan los vecinos haciendo ruido contra Pedro Sánchez. Muchos van envueltos en banderas de España que recuerdan a los años en que la selección jugaba siempre en Sevilla. En la pescadería no se limpian ciertos peces, ni en la carnicería pican la carne.

¿Y qué me dicen del ambiente en torno a la Plaza de Toros en el día de ayer, cautiva y desarmada la Fiesta Nacional entre unos y otros? Había cola, con la debida distancia interpersonal, para recuperar el dinerito de los abonos por parte de quienes lo recogieron en su día. Los que pagaron por banco y no recogieron los cartones ya han recibido la devolución por transferencia. El empresario Ramón Valencia ha cumplido de manera impecable. Otros aún no han hecho los deberes. Pero ya se sabe que antiguamente los deberes había que hacerlos por las tardes en casa, después del Barrio Sésamo que sabía a Nocilla, o te obligaban a ir un sábado por la mañana. Pero se hacían. Qué será de los toros tras esta pandemia es una de las grandes dudas. El taurino es uno de los sectores que ya padecía una crisis propia a la que se ha sumado la generada por el coronavirus.

El ministro Garzón trata de salir del jardín en el que se metió al menospreciar el turismo. Pudo haber criticado la hiperdependencia que tenemos del sector, los casos de precariedad o los efectos perniciosos de la masificación, pero se dedicó a una crítica general, a un desprecio sin más. Al sector, por cierto, lo traen loco con tanto plan y tanta estrategia de diseño que son como el carro de paradas que se aproxima a la cama del paciente cuando el corazón se para. Uno de los grandes restaurantes del Arenal, el Bajo Guía de la calle Adriano, anuncia comida para llevar a partir del 25 de mayo. Enfrente ha reabierto la confitería Los Angelitos. El estacionamiento subterráneo del Mercado de Entradores está ni a un 20% de su capacidad. El teletrabajo ha dejado casi vacío un aparcamiento usado mayoritariamente por trabajadores del centro. Se ven algunos patinetes eléctricos por la calle, pero muy pocos. Hay gente que hace deporte a las siete de la tarde. ¿No era a partir de las ocho cuando se podía?.

El Zara de la Campana está vacío, al igual que varias franquicias de heladerías del centro. Mala señal. En las tintorerías hay mamparas que separan a la dependienta del cliente. Papelerías, joyerías, camiserías, perfumerías… Muchas puertas abiertas, pero muy poco trasiego. Dos autónomos charlan sobre las ayudas que han recibido. “Echaremos cuentas el día uno y veremos cuánto tenemos que pedir al banco. Cuanto menos mejor”. Los bancarios llaman ofreciendo ayudas. Cave canem. El alivio de hoy puede ser el potro de tortura del mañana. Sevilla sigue sin sumar muertos a su particular Puerta Osario de esta pandemia. Esta semana veremos si nos portamos verdaderamente bien en las dos primeras semanas de luz verde para el deporte, esa franja del día en que el río marca la senda de la ruta del colesterol y los triglicéridos, donde se mezclan caminantes, bicicleteros, corredores y adolescentes. En el Pozo Santo hay cola diaria para pedir comida. Y no se trata precisamente de gente con aspecto desaliñado. Qué pasaría si Cáritas cerrara durante diez días en España, se pregunta el juez Calatayud. El teléfono suena y se oye una voz amable que simplemente se interesa por saber cómo te la vida. ¿Y a usted? “Yo rezando”. En la puerta de varios conventos se anuncia una red de ayuda a los monasterios que más lo necesitan. Figuran los teléfonos móviles de tres señoras.

El telediario informa de una posible vacuna en Estados Unidos y de otra en China. “De los orientales no te fíes porque sus laboratorios son militares”. Los hoteles de Huelva aspiran a abrir en julio, las normas de los administradores de fincas para las piscinas quitan las ganas de tomar un baño, y no se olvide de arrancar el coche de vez en cuando para evitar que la batería se quede gripada. No sabemos ni los nombres de los científicos que asesoran al Gobierno ni los restaurantes que reabrirán. Esta pandemia es una duda perenne, una espera continua hasta conocer las grandes verdades. ¿Cuándo volveremos a distraernos con las revistas del corazón pasadas de fecha en la sala de espera de un dentista? Esa será la señal inequívoca de la normalidad. La de siempre. La que todos anhelamos.

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