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La vaca que ríe

  • Así se vivió una noche histórica en la sede del PP regional. Moreno Bonilla puede ser presidente con 818.000 votos menos que Arenas y la mitad de los escaños

Moreno Bonilla, en pleno momento de celebración Moreno Bonilla, en pleno momento de celebración

Moreno Bonilla, en pleno momento de celebración / Juan Carlos Vázquez (Sevilla)

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LA política en estado puro. La política como montaña rusa, como ruleta en la que la alianza de factores adversos termina con la bolita en la casilla de un resultado favorable. La política como carambola, como lotería en la que el premio especial está en las aproximaciones, que son las que habrán de protagonizar tres formaciones situadas entre el centro-derecha y la derecha pura y dura. La política como una cabalgata en la que se pasa de rey a beduino en un plisplás, de contemplar la organización de tu funeral político (“Poned allí cuatro candeleros y que las plañideras no se vean mucho”) a tener opciones firmes de ser presidente. Así se vivió la noche electoral en la sede del principal partido de la oposición. Juanma Moreno puede desembarcar en San Telmo con la mitad de escaños que un gigante de la política andaluza como Javier Arenas en 2012 y con 818.000 menos de los conseguidos entonces por el lince de Olvera.

La evolución de la mañana con los bajos índices de participación (sobre todo en los feudos tradicionales del PSOE) generó esperanzas de un resultado digno para el PP. Jamás se imaginó el vuelco. A las 17:42 se recibió un primer mensaje que atisbaba la tragedia socialista: “Me dicen que hay máxima preocupación en el PSOE”. A las 18:28, otro más: “Las provincias con más voto rural son Sevilla Jaén y Córdoba. Este es el problema PSOE”. Y a las 19:48: “Sin novedad. Sigue negro para el PSOE. El resto abierto”.

La noche arrancó, como siempre, con predisposición al ambiente a la funerala. Ciudadanos aguantaba el resultado y, con el apagón informativo de datos hasta las 22:00 horas provocado por el atraso en el cierre de un colegio de Sanlúcar de Barrameda, parecía que el PP iba al derrumbe absoluto. Los rostros en la sede de San Fernando eran de quinario. En la segunda planta se servían grandes montaditos de tortilla de patatas y cerveza Alhambra. “Aquí se puede ver un numerito desde esta misma noche”, se oía en los pasillos. Más mensajes. A las 21:06: “Los datos en Sevilla son muy preocupantes”. A las 21:33: “Regular. Vox va como un tiro. Ciudadanos no ha pinchado lo suficiente”.

Moreno Bonilla, junto a su inseparable Toni Martín Moreno Bonilla, junto a su inseparable Toni Martín

Moreno Bonilla, junto a su inseparable Toni Martín / M. G. (Sevilla)

Los primeros datos internos de informaciones de afines en mesas escrutadas ofrecían un solo dato concluyente: el PSOE ni estaba ni se le esperaba y Vox sacaba votos en el medio rural, en esa España “devota de Frascuelo y de María…”, donde al PP siempre la ha costado un mundo penetrar con sus candidatos urbanos. Estaba claro que los sanchistas se estaban quedando en casa… Pero, aún así, en el PP esperaban que el PSOE aguantara merced a la fuerza del aparato de la Junta.

Llegaron mensajes de desolación de socialistas, pero los peperos todavía no daban crédito a lo que leían en sus teléfonos móviles. La impresión es que la desolación consistía en quedarse en manos de Podemos para gobernar. De repente apareció la imagen de Rosa Aguilar en televisión y alguien exclamó: “¡Ha llorado, ojo! ¡Cuidado!”. Todos atentos a las pantallas. Se proyectaron los resultados al 80% escrutado: 26 parlamentarios. La cifra era muy baja, sólo 26, los mismos que Gabino Puche en 1990 y a una eternidad de los 50 de Arenas de aquel Domingo de Pasión de 2012. Al menos se ha evitaba el temido sorpasso, tal como refirió alguien con alivio y celeridad. De repente se oyó una exhortación: “¡Sumad! ¡Sumad! ¡Que nos da, que nos da!”. Alguien pidió que le pellizcaran. Otros gritaron.

Arenas llegó a la sede con su esposa, Macarena Olivencia. “Con lo que lloramos en estas losetas en 2012. Y lo vamos a ver, lo vamos a ver”. Un responsable del partido tomó conciencia de la que se avecinaba y dio una indicación al responsable de seguridad del partido. “Povedano, controla la puerta”.Comenzó un estado de locura. Todos preguntaban lo mismo. “¿Pero sumamos de verdad?”.

En la segunda planta estaba Moreno Bonilla con su esposa y su reducida guardia pretoriana, donde destacaba el sevillano Toni Martín, número tres por Sevilla gracias a la determinación del malagueño: “O Toni va en puesto de salida o no soy el candidato a la presidencia de la Junta”, dicen que llegó a decir al cierre del plazo para presentar las listas. Todos empezaron a sonreír. Algunos siguieron sin creérselo: “¡Llamad a todos!”. Empezaron a llegar interventores y apoderados de los distritos de Sevilla. Se produjeron los primeros abrazos entre miembros del PP de Sevilla.

Y la pregunta del morbo de la noche era sobre el paradero del ex ministro del Interior, ex alcalde de Sevilla y número uno por la circunscripción hispalense: “¿Dónde está Juan Ignacio?”. “Se ha ido a Madrid”. Hubo quien especulaba con que Zoido quería evitar la foto del enésimo fracaso del PP andaluz, que ese momento le pillara tras el burladero de Génova. Se fue de Sevilla y perdió... la instantánea para la historia.

Moreno Bonilla bajó a la rueda de prensa entre abrazos de quienes le estaban encargando la esquela política. Elías Bendodo estuvo a su lado como coordinador de campaña. Loles López también. El destino hizo que los cuatro concejales del Ayuntamiento de Sevilla que se pusieron detrás de Juanma en la debacle de 2015 también estuvieran a la vera del presidente regional: Evelia Rincón, Pepelu García, Rafael Belmonte y Beltrán Pérez, éste ya como candidato a la Alcaldía. También estaba en lugar destacado del tiro de cámara la presidenta provincial, Virginia Pérez. Juan Bueno , ex presidente provincial, sonreía en la misma sede en la que, como decía Arenas, tanto se había llorado en tantas ocasiones.

No hubo celebración en el balcón, no se descorrió ninguna pancarta. Moreno salió a la calle y se abrazó con los militantes, muchos siguieron sin creer que por primera vez existía la opción de formar gobierno en Andalucía. La muchachada de NNGG terminó delante de San Telmo pidiendo un camión de mudanzas. La noche era fría, pero alegre en el fondo. El que resiste gana, decía Cela. Moreno Bonilla conocerá ahora a la verdadera Sevilla: a la legión de falsos y a la minoría que nunca le engañó. Todos forman parte de la misma cabalgata donde, en su caso, pasó de estar a punto de despeñarse del camello a ocupar el trono de Baltasar. La vaca que ríe. Marca de queso.

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