Breve historia del Otro: Twain

Sólo cuando Twain visite clandestinamente el Partenón (las autoridades del puerto del Pireo habían establecido una cuarentena, de modo que Twain se aventuró en la noche, sorteando la vigilancia griega); sólo cuando se halle en la proximidad del más extraordinario vestigio de la Antigüedad pagana, el escritor alcanzará una suerte de plenitud, de epifanía nocturna, en la que lo visto y lo esperado, lo que sabía su corazón y lo que la Historia ofrece, se correspondían íntimamente.

Breve historia del Otro: Goethe

Sea como fuere, cuando llega a Nápoles, Goethe no sólo espera ver el mundo intacto de Pompeya y Herculano, sino la piedra arcaica, solemne, intemporal, que aún se alza en Paestum. ¿Qué ocurre, sin embargo, cuando el consejero Goethe visita las prospecciones de Pompeya, iniciadas por el español Alcubierre en el año 48? El domingo 11 de marzo de 1787, Goethe escribe sobre la “extraordinaria y un tanto desagradable impresión que nos causó esta ciudad momificada”.

Breve historia del Otro: Cortés

Es fácil suponer el orbe ideológico que acompaña a la tropa de Cortés y a su esforzado cronista, Bernal Díaz del Castillo. Junto a las Escrituras (Bernal compara la historia de doña Marina, mal llamada Malinche, con la de José y sus hermanos); junto a los relatos de tradición cristiana, digo, está el heroísmo de Alejandro y César, las hazañas de Amadís, los hechos de armas del romancero. Aun así, cuando el gran Montezuma reciba a Cortés en la ciudad de México, Díaz del Castillo se preguntará, no sin razón: “¿Qué hombres ha habido en el universo que tal atrevimiento tuviesen?”.

Marco Polo

Micer Marco Polo ha conocido el monte Ararat, las sederías de Bagdad, la avaricia sin fin de los califas; también supo de las tribus errantes que oscurecían el día a su voluntad, para facilitar el crimen bajo una vasta noche inducida.