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"Siento una obligación moral con la música histórica española"

  • Albert Recasens contextualiza en su último álbum con La Grande Chapelle a la figura de Pedro Ruimonte en la corte flamenca de los archiduques Alberto e Isabel Clara Eugenia

"Siento una obligación moral con la música histórica española" "Siento una obligación moral con la música histórica española"

"Siento una obligación moral con la música histórica española"

Este es el decimoséptimo álbum que La Grande Chapelle publica en los últimos doce años. Todos ellos dedicados a la música española de los siglos XVI a XVIII, de Mateo Romero a Rodríguez de Hita, pasando por Victoria, García Salazar, Nebra, Pujol, Lobo, Durón, Hidalgo o Valls. Albert Recasens (Cambrils, Tarragona, 1967) lo siente "como una obligación moral. Yo hice parte de mi formación en Lovaina. Cuando estudiábamos el Renacimiento y el Barroco europeos, a España se le dedicaba un capitulito, casi un apéndice. Y me dije que eso no podía seguir así, que necesitábamos que Ruimonte o Durón no fueran sólo nombres dentro de un catálogo. Es un compromiso personal y también una pasión".

Su última parada se acerca a la figura del aragonés Pedro Ruimonte (1565-1627), un músico que trabajó en la capilla de Bruselas en el tiempo en que el archiduque Alberto y la princesa Isabel Clara Eugenia, hija de Felipe II, fueron gobernadores de los Países Bajos. "El proyecto nació vinculado a la Beca Leonardo a Investigadores y Creadores Culturales de la Fundación BBVA en el año 2016. Aquel trabajo mío de investigación culminó con un concierto en la iglesia de los Jerónimos en Madrid el 3 de febrero de 2017. A partir de ahí se preparó la grabación. Mi intención era rendir homenaje a esos territorios vinculados a la corona española, como lo hicimos con Italia con el álbum Victoria. Sobre Pedro Ruimonte había ya publicados algunos discos, pero yo quería ubicarlo en un contexto, el de una de las cortes más brillantes del siglo XVII europeo". Ruimonte es una figura muy especial de la música española porque "se fija en un género tan poco cultivado en España como el madrigal. Eso ya justificaba el disco. En su gran publicación, El Parnaso español (1614), combina madrigales con villancicos. Y aquí nos encontramos ya con el villancico moderno como un hito al que se le había dedicado poca atención. En muchas partes del mundo persiste la idea de que España es sólo la polifonía sacra en el siglo XVI, tonos humanos en el XVII e influencia italiana en el XVIII. En ese esquema, hay géneros que quedan un poco perdidos. Y lo que me maravilló de Ruimonte es la calidad de la factura de sus obras tanto en latín como en castellano. El caso de los madrigales es absolutamente único. Yo interpreto esta excelencia como consecuencia de su estancia en Bruselas entre 1596/97 y 1614 o 17. La imprenta de Phalèse está entonces funcionando a todo ritmo. Frescobaldi, Marenzio o Vecchi publican por aquellos años en Amberes. Así que Ruimonte unió la excelente formación técnica que proporcionaban las catedrales españolas (en su caso, Zaragoza) con el conocimiento directo de lo que se estaba haciendo en algunos de los centros fundamentales de la vanguardia musical europea".

Lo que me maravilló de Ruimonte fue la calidad de la factura de sus obras, en latín o castellano"

Esa contextualización de Ruimonte en un ambiente cultural idóneo "por los años de paz y el mecenazgo cultural de los gobernantes", que permitió la presencia en Bruselas de artistas como Rubens o Brueghel de Velours, en el terreno musical se extiende a compositores como Peter Philips, Pieter Cornet, Richard Dering o el mismo Frescobaldi, también incluidos en el álbum: "Me interesaba profundizar en el cruce de estilos (español, italiano, inglés, flamenco), aunque la influencia de lo italiano es muy grande en todos ellos. Sin embargo, Ruimonte mantiene en su escritura de los villancicos esa factura típicamente española, con mucha hemiolia, que hallamos por ejemplo también en los villancicos de Pujol, que trabajó en Barcelona y Zaragoza. Pero a eso se une una elaboración polifónica muy flamenca, con motivos que se repiten y se retoman en todas las voces. Sus madrigales parten además de unos textos de primera magnitud. Cada verso está asociado a un afecto y cada afecto a un pasaje musical. Procuré que eso fuera perceptible para el oyente, cada una de esos cambios bruscos de tempo o de carácter: el duro invierno, la rueda del tiempo, el inflamarse por amor, el vuelo del amor, como Cupido… Ruimonte va siguiendo el texto como hacían los italianos por entonces. Su música es una auténtica perla en el curso de nuestra historia".

Sin embargo, la música de Ruimonte no se programa demasiado y ello se debe "en parte al hecho de que sea cantada en castellano, lo que ahuyenta a muchos grandes grupos europeos, que cuando se acercan a nuestra música prefieren la polifonía en latín. En el caso español, hay muchos programadores que no saben ni de su existencia". Para el musicólogo y director tarraconense, "el tejido artístico en España, sobre todo en la música antigua, ha crecido exponencialmente en los últimos 10-15 años. Tenemos artistas de renombre mundial, grupos consolidados, una cantera que está subiendo y una musicología boyante… Pero la infraestructura es incluso peor que la que teníamos hace 20 años. Está por completo obsoleta. No es ya que se programe muy tarde, es que la burocracia resulta abrumadora, porque además nadie prevé el apoyo estructural. Una orquesta sinfónica tiene un equipo administrativo detrás de cinco-diez personas mínimo. En música antigua eso parece anatema. Hay gente que tiene que tirar de sus familiares. Y si pretendes cargar una comisión para pagar la estructura, resulta que eres caro. Conjuntos belgas, franceses o alemanes están supersubvencionados y no tienen gastos. Los ingleses cuentan con sponsors y a lo mejor hacen veinte conciertos de cada programa. En España tienes suerte si das diez en todo el año. Así que la gente trabaja más fuera. Mi teoría es que en la música española hay sectores extremadamente subvencionados y protegidos, por ejemplo la ópera. Nadie pone el grito en el cielo si un teatro se gasta 800.000 euros en la producción de un título. Cuando hablamos de poder hacer un ciclo con obras importantes de autores como Morales o Ruimonte o Hidalgo o Nebra o Corselli nos llevamos las migajas." De todos modos, el compromiso puede al desánimo y el decimoctavo trabajo del grupo está ya grabado y a punto de salir al mercado: será con música vocal del Padre Antonio Soler.

La Grande Chapelle, con Recasens al frente en los Jerónimos de Madrid.

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