20 años de la muerte de Carlos Cano Verde, blanco y verde

  • 'La murga del currelante' de Carlos Cano es 'El Capital' de Karl Marx traducido por El Tío de la Tiza

Carlos Cano, en concierto. Carlos Cano, en concierto.

Carlos Cano, en concierto. / Juan Carlos Muñoz

Entre la oscuridad y la modorra hubo un tiempo de sueño y esperanza que en esta tierra encarnaron líderes morales como Rafael Escuredo, Diamantino García o Carlos Cano. La murga del currelante es El Capital de Karl Marx traducida por el Tío de la Tiza. Se me vienen los recuerdos del cantante granadino. Un día en el hotel Atlántico de Cádiz, la ciudad que lo hizo pregonero del Carnaval con su amigo Antonio Burgos en 1988, un Cádiz todavía gobernado por Carlos Díaz, Carlos Cano me habló de su fascinación ante una figura emergente del fútbol nacional. Hablaba de Pep Guardiola, que en el 92 de la Expo tan presente en los cantes de Carlos ganó el oro olímpico en Barcelona y la Copa de Europa en Wembley. El cantante granadino convirtió en iconos de su mester de juglaría a Pellón y a Pulpón, personajes de otra época que serían triturados por la turmist de la mercadotecnia.

Tenía una tristeza de chansonnier que rompía en guasa bergsoniana. Sólo su admirada Rocío Jurado en la película La Lola se va a los Puertos cantó con tanta emoción el himno de Andalucía como Carlos Cano en el campo del Betis en un partido de la selección andaluza, con Fernando Hierro de capitán. Ya en 1995 le había ganado una batalla al corazón. Su viaje fue a la inversa que el de Lorca. De Granada a Nueva York. Dos meses y tres días antes de morir iba a actuar en el teatro Lope de Vega en un tributo a la copla, pero se suspendió al saberse aquel 16 de octubre del año 2000 que unos desalmados etarras habían asesinado al coronel médico Muñoz Cariñanos en su consulta.

Hermanaba la Granada de Lorca con el Cádiz de Alberti en sus imágenes, como cuando un día le dijo a Luis Yáñez que "un bolero de Los Panchos siempre iba a explicar mejor la historia de Hispanoamérica que todos sus discursos". Lo dijo en un encuentro con este periodista y con Margot Molina, además del fotógrafo García Cordero, en un encuentro en el restaurante El Candil para un especial del 28-F de 1997 que publicó El País. "La cultura popular es una de las pocas cosas en las que somos un imperio", decía Carlos Cano. "Si a lo español le quitas lo andaluz, la mesa se puede caer. Pero nos han dado pocos premios por eso, más bien hemos recibido muchos castigos". El encuentro lo compartió con el novelista malagueño Antonio Soler. De todos los caminos de los ingleses, el favorito de Carlos Cano era el de Gerald Brenan, a quien citaba asombrado de que "al sur de los Pirineos existe un pueblo donde cada uno de sus habitantes cree que ha nacido para algo especial en la vida y se pasa la mitad de su tiempo buscando ese algo especial".

Del 14 al 26 de febrero de 1980, Carlos Cano participó con Camarón, Silvio, María Jiménez, Raimundo Amador y otros artistas en la legendaria cita histórica para arropar a Rafael Escuredo en la batalla por el sí en el referéndum del 28 de febrero. Acertó en su profecía sobre Guardiola, que hoy entrena al Manchester City. Cuando murió el cantante, el Albacete tenía dos porteros llamados Carlos Cano y Julio Iglesias.

El efecto 2000 no le restó un ápice de fuerza a María la Portuguesa, tema que cantaron María Dolores Pradera y Amalia Rodrigues. En 1973 compuso Verde, blanca y verde, un guiño a la Asamblea de Ronda de 1918 en la que Blas Infante estableció los símbolos de Andalucía. El notario que moriría fusilado el mismo mes que García Lorca en la misma guerra y por unos verdugos de la misma ralea. Carlos Cano revirtió la ruta de Washington Irving para rendir cuentas en la ciudad donde Federico descubrió a Walt Whitman.

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