Alejandro Marías. Músico

"Muchas de las propuestas de conciertos son inasumibles"

  • El conjunto La Spagna, que lidera el violagambista y violonchelista madrileño Alejandro Marías, presenta en su primer disco un variado recorrido por música instrumental de Telemann

El violonchelista y violagambista Alejandro Marías (Madrid, 1984) fundó La Spagna en 2009 “un poco por casualidad. Nos pidieron una colaboración con un director portugués y llamé a los colegas que tenía alrededor. Desde entonces, el grupo es un punto de encuentro en el que hacer música juntos”.

–En 2009 la crisis estaba a punto de estallar con toda su crudeza en España y a la cultura le hizo mucho daño, ¿cómo han vadeado esos problemas?

–Con ambición muy comedida. La primera vez que actuamos como una orquesta de tamaño mediano fue en 2012. Hemos tardado ocho años en sacar el primer disco. El mercado está como está. Ha habido dificultades, porque hay principios que me he negado a saltarme, cuestiones laborales, de caché de músicos, por ejemplo. Hemos ido despacio, pero nunca hemos necesitado pedir un favor a nadie. Las condiciones son malas en general.

–¿No ha notado mejoría en los últimos años?

–Sí, se nota. Pero todavía renunciamos a muchos de los conciertos que nos proponen, quizás a las tres cuartas partes, porque son en condiciones inasumibles.

–¿No tienen ustedes los músicos parte de culpa en que esto sea así?

–Sí, desde luego. Hay cosas incomprensibles. Y también mucho victimismo. La culpa siempre es del ministro de turno o de tal. Indudablemente los ministros y políticos en general podían hacer algo, cuando no hacen nada. Son responsables de muchas cosas. Ahora bien, todos los que tenemos un grupo somos responsables de la situación que se ha creado. Todos los que tocan en La Spagna son colegas, amigos íntimos, nos gusta tocar juntos. Nadie toca por dinero, pero eso no significa que yo me pueda aprovechar de la circunstancia. A mí también me gustaría tocar con grupos mayores y hacer programas más grandes, pero hay límites de los que no pienso bajar. Y ves cosas alrededor que son inaceptables. He propuesto varias veces en Gema [Grupos Españoles de Música Antigua] que tenemos que hacer algo, no esperar a que venga alguien a solucionarlo, firmar un pacto nosotros mismos: cachés mínimos para los profesionales, dietas... Yo no quiero llevarme todos los conciertos que hay en España, yo quiero que nos contraten porque somos buenos, y si los conciertos se los dan a otro grupo quiero que sea porque su propuesta es más atractiva o porque tocan mejor que nosotros, pero no porque sean más baratos a costa de ofrecer condiciones indignas a los músicos.

–¿La indefinición del estatus profesional del músico en España es un problema?

–En España está poco delimitada la frontera entre lo profesional y lo amateur. Y yo creo, aunque no todo el mundo está de acuerdo en esto, que el amateur no debería cobrar por tocar. Está bien que el organizador pague por esos conciertos, en concepto de dietas o de otras cosas, pero no por tocar. Muchas veces he tocado con coros amateurs en Francia y Suiza, y esos coros tienen un caché para los músicos profesionales que los acompañan, para el alquiler del órgano, para la cena de después o lo que sea, pero no cobran un caché por cantar, no son profesionales de eso. En España a los amateurs les parece muy normal cobrar por una cosa que no es su trabajo, mientras que los profesionales están aceptando condiciones y cachés peores, y así nos estamos fundiendo. En cualquier otro mundo, eso se llama intrusismo laboral. Es muy peligroso para el mercado de la música en España, porque llega un momento en que no puedes vivir de esto.

A Tribute to Telemann - La Spagna A Tribute to Telemann - La Spagna

A Tribute to Telemann - La Spagna

–Al fin, un disco.

–Estamos empezando a movernos a un nivel en que no era posible no tenerlo. Después de muchos años, recibimos una ayuda de la Comunidad de Madrid y pudimos afrontarlo.

–Telemann para empezar.

–Es un compositor que está muy injustamente menospreciado por los músicos. Pero al público le encanta.

–¿A qué cree que se debe eso?

–Telemann escribía tan bien para los instrumentos que tiene mucha literatura muy confortable para el intérprete. Y eso, paradójicamente, le ha perjudicado al darle fama de facilón. Es además un compositor que se toca mucho cuando uno empieza a hacer música antigua, y se va a un curso de verano y hace unas triosonatas y las toca muy mal y entonces le parecen muy feas. Eso se queda en el subconsciente de los músicos. Pero yo no he tocado una sola obra de Telemann que no me haya parecido muy buena música. Por otro lado,Telemann no tiene un estilo propio muy característico. Oyes un aria de Haendel y sólo puede ser de Haendel, cualquier compás de Bach y sólo puede ser Bach; son estilos inconfundibles. A Telemann no le pasa eso. Hay momentos más característicos, pero no es identificable como los otros. Eso es algo que me encanta del CD que hemos grabado: escuchas el disco del principio al final y si no conoces las obras, no te imaginas que son todas del mismo compositor. Siempre es arriesgado hacer un monográfico. Pero en este caso es muy ameno y variado. La primera suite es música puramente francesa; el concierto para viola da gamba en la menor es muy Telemann, y muy virtuoso por cierto; el concerto grosso, música completamente italiana, pero no una copia de Corelli, sino algo mucho más elaborado.

"Telemann es un compositor menospreciado por los músicos, pero al público le encanta”

–¿Le parece suficiente la plantilla para las suites?

–Sí, me doy por satisfecho. Lo más arriesgado era el concierto en la menor, que es un concierto a 4, para dos violines, viola da gamba y bajo, que en algunas versiones está grabado a uno por cuerda. Es dificilísimo para la viola, pero también para la orquesta. Así que es mucho más seguro hacerlo uno por voz, pero había momentos que yo pensaba que pedían un tutti sonando. Así que optamos por complicarnos la vida y grabar con varios músicos por atril, y creo que hicimos bien. Hay partes que no las veo tan camerísticas: esos diálogos en el maravilloso movimiento lento en los que la viola contesta a la orquesta de forma muy íntima piden un contraste que en un grupo con solo dos violines y un violonchelo no se habría hecho de manera tan intensa como nosotros lo sentíamos.

–¿Algún otro proyecto cercano para el disco?

–Sí. La próxima semana [esta entrevista se hizo el pasado 19 de julio] entro a grabar música de Jacques Morel, que es conocido por una chacona. Pero lo que hago va a ser primera grabación mundial, algo incomprensible para mí, porque es una música fantástica. Son cuatro suites dedicadas a Marin Marais, su maestro, que tiene mucho que ver con él, pero que va un poco más allá. Está publicado entre los libros II y III de Marais, pero violísticamente se le ve más independizado de la tradición del laúd, con digitaciones por las que Marais se habría hecho cruces y con registros del instrumento a los que Marais no llega nunca: muy agudo por las cuerdas graves, por ejemplo. Estilísticamente recuerda a Marais, pero tiene momentos que huelen ya a rococó.

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