Tomatito | Guitarrista “Sin Camarón no existiría Tomatito”

  • El almeriense, que se reconoce como "un guitarrista curioso", afronta en su nuevo disco el reto de ponerle su guitarra al 'Concierto de Aranjuez', la mítica obra del Maestro Rodrigo de la que se cumple el 80 aniversario

José Fernández Torres 'Tomatito' (Almería, 1958), momentos antes de la entrevista. José Fernández Torres 'Tomatito' (Almería, 1958), momentos antes de la entrevista.

José Fernández Torres 'Tomatito' (Almería, 1958), momentos antes de la entrevista. / Juan Carlos Muñoz

"¿Para qué me meteré en esto con lo tranquilo que estoy yo con mi flamenco?", se preguntaba angustiado Tomatito cuando, por casualidad, compartimos coche hace poco más de un año en el Festival Flamenco On Fire de Pamplona, donde se enfrentaba por primera vez en directo a la mítica obra del Maestro Rodrigo que, ahora, tras muchas horas de estudio y coincidiendo con el 80 aniversario de la publicación de la obra y el 20 aniversario de la muerte del compositor, acaba de lanzar al mercado (Universal) con la colaboración de la Orquesta de la Comunidad de Madrid.

Conociendo la trayectoria del guitarrista almeriense, que primero supo reinventarse como solista tras la muerte de Camarón –el gran icono-, y luego ser reconocido internacionalmente por su aportación flamenca al latin jazz con la trilogía que llevó a cabo con Michel Camilo, entre otros logros, era fácil intuir que la retahíla tenía clara la respuesta.

-¿Qué necesidad tiene Tomatito de meterse en esto?

-Como guitarrista curioso, es inevitable que me sienta atraído por otras músicas, más allá de mi gran música que es el flamenco. Siempre he sentido curiosidad por el jazz o por el clásico, son músicas universales.

-Claro que se atreve con el Concierto de Aranjuez, considerada como se dice en el libreto como el Everest de las obras de la guitarra, ¿cuánto tiene el disco de desafío?

-Hombre, para los que venimos del flamenco, la principal dificultad está en interpretar una obra tan perfecta, en la que no hay que cambiar nada ni hacer ningún tipo de versión estrambótica, sin saber leer música. En este sentido, el reto está precisamente en hacerlo con la mayor exactitud posible. Coger el clásico, meterlo en tu casa y seguirlo. Menos mal que a los flamencos la memoria nos funciona bien porque estamos acostumbrados a acompañar al cante y memorizar todos los palos.

-¿Pero uno asume el reto por aburrimiento o por ganas de superarse?

-Es por necesidad. Para el músico es inevitable tener ganas de hacer cosas nuevas. Parece que nos gusta asumir esos riesgos y abordar aquello que te cuesta para superarlo.

-Paco de Lucía hablaba de esa angustia que persigue siempre al guitarrista, ¿se va pasando esa sensación con los años?

-¡Qué va! Cuando te relajas es que estás acabado. La guitarra no tiene fin, así que si te gusta y estás enamorado del instrumento, no te queda otra que seguir indagando y buscando ideas, recursos, melodías... Menos ahora que tenemos la posibilidad de poner en el móvil Pat Metheny o John Williams y escuchar cómo tocan.

"El músico toca por necesidad. Cuando te relajas es que estás acabado. La guitarra no tiene fin, no te queda otra que seguir indagando y buscando”

-Sí, ahora el universo se amplía hasta el infinito…

-Se amplía el sacrificio.

-Hablando de sacrificio ¿es de los que sostienen que la guitarra es el instrumento más ingrato?

-La guitarra como no la toques no suena. Tienes que quererla, hablarle y darle cariño todos los días, como a una mujer.

-Por cierto, una incursión en el clásico pero en la portada la foto de Paco de Lucía y Camarón en la funda de su guitarra, ¿es una manera de marcar su guía?

-Es el estuche que llevo siempre, no está puesta a conciencia. Va conmigo a todas partes, están siempre conmigo.

-Porque, confiese, ¿cuánto cuesta tocarle a un cantaor después de haberlo hecho con Camarón?

-Bueno a mí, de hecho, me costó muchísimos años hasta que el año pasado volví a sentarme a tocarle a José Mercé. Es difícil superar haberle tocado al mejor de todos los tiempos, al gran revolucionario del flamenco. Realmente me costó mucho trabajo reinventarme como solista porque no quería. Siempre lo he dicho, que no venía para eso, venía para ser guitarrista de acompañamiento.

El guitarrista almeriense, durante su visita a Sevilla para promocionar el disco. El guitarrista almeriense, durante su visita a Sevilla para promocionar el disco.

El guitarrista almeriense, durante su visita a Sevilla para promocionar el disco. / Juan Carlos Muñoz

-Echando la vista atrás, ¿qué piensa que hubiera sido Tomatito sin Camarón?

-Uf, seguramente ni existiría.

-Usted empezó con él a los 16 años, ¿qué le diría ahora a ese chico de entonces o qué le aconseja a su hijo para mantenerse tantos años con una guitarra en los escenarios?

-Lo único que le digo es que tiene que trabajar. La disciplina, ser serio, es fundamental. Luego, por supuesto, que le guste el flamenco como le gusta. Pero lo primero es que se preocupe de la guitarra, de nada más, y de escuchar con la oreja buena a todos los guitarristas y a todo el mundo. Hay que fijarse en lo que hacen bien los demás para aprender.

-¿Cuál sería para usted la mayor cualidad que debe tener un guitarrista?

-La paciencia para echarle todos los días un rato -tra, tra, tra, tararea-. Yo con la de años que llevo todavía me pongo en mi casa a hacer escalas como al principio. Al final, donde menos se toca es en el escenario –bromea- pero si me tuvieran que pagar por las horas que le dedico, ¡madre mía! En serio, si me voy de vacaciones, primero cojo la guitarra y después la maleta ¡De vacaciones, eh!

“Si me tuvieran que pagar por las horas que le dedico a la guitarra... ¡Madre mía! ¡Cuando me voy de vacaciones, primero cojo la guitarra y después la maleta!"

-Entiendo que lo del reconocimiento llega después…

-En eso nunca se puede pensar. Como decía, lo prioritario es el instrumento, luego vendrá lo que venga. Nunca me ha preocupado de llegar a ningún sitio. Primero la guitarra y transmitirle a la gente lo que tú eres.

-En ese sentido, ha logrado que su toque sea reconocible, ¿cómo se llega ahí?

-Siendo diferente. Es verdad que todos seguimos a Paco y que todo suena a él. Pero luego tratamos de aportar nuestro carácter. La guitarra es el reflejo fiel de quién y cómo somos. Es muy complicado disimular tocando.

-¿Y alguien que ha vivido de cerca con las figuras más grandes del flamenco del siglo XX puede ser optimista con el flamenco que viene?

-Sí claro. Si algo me he dado cuenta con mi edad es que la vida sigue. No está Paco y, sin embargo, los demás seguimos tocando… No creo que haya que ser negativo con lo que hacen ahora los jóvenes porque son el futuro del flamenco. Luego quedará lo que se tenga que quedar. El flamenco es una música sabia.

-Hablaba antes de Camarón como el gran revolucionario, ¿encuentra ahora algo de revolución o hay más ignorancia?

- Mira, hay mucha gente que ha empezado escuchando a Camarón y después han conocido a la Niña de los Peines, Chacón o Terremoto. Cuando yo era niño descubrí a Ramón Montoya, Sabicas o Niño Ricardo a través de Paco de Lucía y me di cuenta que él llegó a esa grandeza porque antes existieron esos otros. Si eres curioso y algo te gusta, vas a ir cultivando la afición con uno y con otro. ¿Cuánta afición le debemos por ejemplo a Enrique Morente? Ellos innovaban pero además se lo sabían todo, estudiaban todo lo que hacían sus predecesores. Te podrá gustar quien sea pero lo bonito es escuchar y ver que el flamenco sigue vivo.

-Por último, después de este reto, ¿qué le apetece hacer realmente Tomatito en un futuro cercano?

-Me toca hacer un disco flamenco y dedicárselo a Paco. Todos se lo debemos a él, porque es el maestro que nos ha enseñado todo, la técnica, a quejarnos… Es curioso pero Paco traía cosas suyas y Camarón hacía las melodías con la voz de lo que Paco tocaba y también al revés. Sabía hacer los quejíos del cante con las cuerdas.

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