Ocho estampas sureñas y un hombre menguante

Un sábado en Triana me encuentro con hombres enigmáticos, mujeres despampanantes, recién casados, retablos dorados, comercios que cierran y azulejos que homenajean a trianeras ilustres, madres de poetas y toreros muertos. 6 novillos 6 y un bazar chino con una palabra tachada en el cartel. El flamenco está presente hasta en las autoescuelas, y en el mercado un tiovivo da vueltas junto a las ruinas del castillo. Entre las casas pintadas de blanco y albero veo un taller de cerámica fundado el mismo año que le cortaron la cabeza al último gobernador de la Bastilla.

Ocho estampas sureñas y un hombre menguante

Una noche en Sevilla puede empezar trágica y oscura pero siempre acaba brillando, tanto si creemos en la suerte como si brindamos por el fracaso. Por eso uno puede escuchar la historia de un suicida y luego encontrarse con un cartel que anuncia miles de premios, o puede enterarse de cómo murió Varelito en la Maestranza y luego reconciliarse con su vecino mientras ve el Mundial de fútbol en un bar. Al final todo es cuestión de perspectiva, como la Feria de Abril, el Garlochí, los seguros de decesos y hasta las colas para ver la tumba de Colón en la catedral.