El frente a frente del Portugal-España

Capitán de verdad, capitán de mentira

  • Sergio Ramos rescató a España dando serenidad a un equipo nervioso por un mal arranque

  • Cristiano Ronaldo sólo apareció para rematar con efectividad, pero lo hizo de forma estelar

Sergio Ramos le gana un balón aéreo a Cristiano Ronaldo ante la mirada lejana de De Gea Sergio Ramos le gana un balón aéreo a Cristiano Ronaldo ante la mirada lejana de De Gea

Sergio Ramos le gana un balón aéreo a Cristiano Ronaldo ante la mirada lejana de De Gea / Sebatiao Moreira (Sochi)

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Un líder no tiene que aparecer cuando todo va rodado. Los líderes se necesitan cuando hay que cambiar la dirección de la batalla. Cuando las caras de el de al lado está por los suelos. Un capitán de verdad surge desde los infiernos, como Sergio Ramos; un capitán de mentira, como Cristiano Ronaldo, sonríe cuando sólo gana él.

Compañeros en el Real Madrid, donde todo es más fácil, en la zaga y la vanguardia, rivales en Sochi. Y el portugués seguro que no querrá volver tener al camero enfrente durante mucho tiempo. Se dio cuenta de lo que padecen otros delanteros cuando ven al central aparecer por todos lados, siempre al corte, siempre al quite. Animando a De Gea y tirando del carro con el marcador en contra. Sin miedo. Un ganador que no se esconde. Que se lo digan al Atlético. Cristiano Ronaldo, un rematador sublime, apareció sólo en momentos que lo definen a la perfección. Cuatro positivos para su equipo: la acción del penalti y los tres goles; pero también los insultos hacia Nacho, con quien comparte vestuario en el Bernabéu, por una falta o el feo gesto al darle el balón a Jordi Alba..., éstos con el marcador en contra.

El español llevó serenidad al equipo cuando más nervioso estaba y el portugués fue decisivo con sus goles; no hizo más, pero fue mucho

Eso sí, con cada uno de sus tantos sólo había felicidad. La misma, seguramente, que le produce haber llegado a un acuerdo con la fiscalía para evitar la cárcel, previo pago de unos 18 millones de euros. ¿Dirá aquello de “injusticia”?

Sea como fuere, uno y otro fueron protagonistas en sus selecciones. El español llevó serenidad al equipo cuando más nervioso estaba ofreciendo consistencia atrás y oxigenando con cambios de juego medidos con escuadra y cartabón; el portugués fue decisivo con sus goles. No hizo más, pero fue mucho.

Pronto silenció el luso los pitidos de los primeros minutos cada vez que tocaba la pelota buscando con habilidad la pierna fijada en el suelo de Nacho. Penalti, por el que Sergio Ramos protestaba que había sido piscinazo (lo que es el fútbol) y gol.

Cristiano Ronaldo trata de controlar ante la presión de Sergio Ramos. Cristiano Ronaldo trata de controlar ante la presión de Sergio Ramos.

Cristiano Ronaldo trata de controlar ante la presión de Sergio Ramos. / Paulo Novais (Efe)

Portugal, si ya tenía claro su plan de por sí, desde ese momento redobló la práctica de su juego. Balones en largo para que los pelee Cristiano Ronaldo con alguno de los centrales y que Guedes aprovechase la segunda jugada. Al futbolista del Valencia le cayó una buena bronca del madridista por no conectar con él en un rápido contragolpe. ¡No miro al lado! Pecado capital.

Pero poco a poco Sergio Ramos le fue comiendo terreno. Un recadito en un salto, un empujoncito –lo justo, que después hay que aguantarlo en Madrid– cuando se encara con Nacho... Y entonces, cuando su gesto empezaba a torcerse, De Gea le sacó con su cantada otra sonrisa.

Un capitán de verdad surge desde los infiernos, como Sergio Ramos; un capitán de mentira, como Cristiano Ronaldo, sonríe cuando sólo gana él

La remontada de España en un suspiro volvió a mostrar la cara de un capitán de mentira. Pidiendo tarjetas para los rivales cuando el colegiado se las había dejado en el vestuario, porque que en Portugal sólo la viera Bruno Fernandes suena a chiste; o tirándole a Jordi Alba el balón como un niño mosqueado en el patio del recreo. Pero llegó su momento. Piqué sacó la pierna a pasear cuando no debía y por la ley de probabilidad acertó en una falta tras innumerables lanzadas como un buen pateador de rugby. Entonces sonrió de nuevo y celebró un empate como la mejor de las victorias. Y es que aunque su equipo no ganó él, con su hat trick, sí lo hizo.

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