Qué fue de...

Diouf, un "One Hit Wonder" con la lengua muy larga y sueños presidenciales

Diouf. Diouf.

Diouf.

Sin duda, la estrella de Senegal en el Mundial de Corea y Japón 2002 fue El-Hadji Diouf, un jugador eléctrico que condujo a su selección hasta unos históricos cuartos de final con los que un hombre nacido en Dakar hace 37 años se dio a conocer al mundo para llamar la atención de grandes clubes europeos. Corea y Japón, la Copa del Mundo que ganó Brasil, comenzó con un sobresalto en el partido inaugural: la Francia de Zinedine Zidane, que alzó el título cuatro años antes, perdió 0-1 con Senegal. 

Saltó la sorpresa y, lo que parecía una casualidad, con el transcurso del campeonato se demostró que el cuadro africano no era un equipo de medio pelo que tuvo un golpe de suerte. Después de aquel 31 de mayo de 2002, se sucedieron las fechas y Senegal no levantó el pie del acelerador. Todo lo contrario. 

Tras Francia, el cuadro africano consiguió un meritorio empate frente a Dinamarca (1-1) y cerró la fase de grupos eliminando a la Uruguay de Recoba y Forlán tras firmar tablas (3-3) y "gracias" para los charrúas, que empataron de penalti en el minuto 88. 

Como segundos de grupo, los senegaleses se cruzaron con Suecia en octavos de final y un gol de oro de Henri Camara eliminó a los escandinavos. En cuartos, acabó su aventura. Turquía, la otra revelación del torneo, ganó 0-1 con un gol de oro en la prórroga y Senegal se rindió después de ofrecer un fútbol atractivo y arriesgado, que no pasó inadvertido en el resto del mundo. 

Tres nombres sobresalieron por encima del resto en aquella mágica selección: Henri Camara, Salif Diao y el felino El Hadji Diouf, apodado "El Asesino en Serie" en el Lens, club en el que militaba cuando llegó al Mundial. 

Fue nombrado futbolista africano del año en 2001 y en 2002 y fue subcampeón de África justo antes de llegar a Corea y Japón. 

Muchos clubes europeos de los grandes apuntaron pronto su nombre en sus libretas de fichajes. En el partido inaugural, un jugadón por la banda izquierda de Diouf acabó con el único gol del partido obra de Bouba Diop. Ahí comenzó todo. Y después, a lo largo del torneo, en cada balón que tocaba, había peligro. Desborde, potencia y velocidad: tres conceptos en uno. 

Estaba claro que el jugador de moda tras el Mundial acabaría saliendo del modesto Lens. Y así fue. El Liverpool pagó 15 millones de euros de la época y comenzó el descenso a los infiernos de Diouf. Nunca más volvió a brillar como lo hizo en el Mundial de Corea y Japón. 

Con 21 años se marchó a Inglaterra para compartir vestuario con nombres ilustres del Liverpool como Michael Owen, Jamie Carragher o Steven Gerrard. Algo cambió en el jugador africano, que fue la sombra del hombre que deslumbró en el Mundial. 

En el Liverpool, aguantó dos temporadas que fueron grises. Fracasó. Entonces, se marchó al Bolton, donde estuvo cuatro. Allí tampoco fue el jugador de Corea y Japón. Y se marchó. Encadenó más equipos: Sunderland, Blackburn, Rangers Doncaster, Leeds y, finalmente, el Sabah de Malasia, donde vivió sus últimos días como futbolista en enero de 2016. 

¿Pero en qué destacó Diouf entre 2002, cuando alcanzó su pico máximo, hasta 2018, cuando anunció que quería meterse en política? 

Pues la respuesta es muy simple pero inesperada: en criticar a sus compañeros del Liverpool Carragher y Gerrard, con quienes intercambió varios dardos. 

Tal vez el culpable fue Gerrard, que despertó la locuacidad de Diouf con unas palabras dedicadas al africano en una biografía que escribió en 2017: "No querría perder tiempo hablando de El Hadji Diouf, pero sus temporadas desperdiciadas en el Liverpool son el ejemplo de cómo se puede hacer todo mal". 

Diouf no tardó en responder y no se mordió la lengua: "El Liverpool no es un club en el que la gente de raza negra que no sea inglesa, sea bienvenida. A Gerrard nunca le gustamos los negros. Cada vez que pasaba a mi lado evitaba mi mirada. Creo que simplemente tiene un problema de celos porque no ha logrado en el fútbol cosas que otros futbolistas sí hemos alcanzado", declaró. 

"Cuando llegué al Liverpool, le dije a Gerrard que no era nadie, que no era Zidane. Era un egoísta. A Gerrard nunca le gustaron los negros. En todo el tiempo que pasé allí, nunca se atrevió a mirarme a los ojos", añadió. 

Y después siguió con Carragher: "La última persona con la que querría pasar una Navidad es Carragher. Le detesto. Fue lo peor que vi en un campo, era un inútil". 

Por esas declaraciones es por lo que más se recuerda a Diouf. Su fútbol, desgraciadamente, no es muy recordado. Desde aquellos días gloriosos de 2002, no levantó cabeza. Y en vez de pasar al olvido como un hombre que fue un "One Hit Wonder" (de un único éxito) pero llevado al fútbol en varios partidos para la memoria, lanzó a pasear su lengua para el asombro de muchos excompañeros del Liverpool. 

Pero ahí no acabó su historia, la historia de un hombre que pudo ser mucho y se quedó en poco. En febrero de 2018, fue detenido por la Gendarmería de Senegal por unos presuntos delitos de secuestro, amenazas de muerte e insultos públicos. Fue arrestado por supuestamente hostigar telefónicamente al hermano del presidente del Consejo Económico, Social y Medioambiental de Senegal. Finalmente, fue liberado sin cargos. 

Esa noticia llegó justo después de que anunciara que quería hacer carrera política en Senegal, guiado por los pasos de George Weah, que consiguió llegar a la presidencia de Liberia en diciembre de 2017. Antes de esa detención, entre 2002 y 2018, vivió otros episodios polémicos: fue acusado de agresión, desapareció mientras estaba en el Blackburn, fue condenado por conducir sin carnet y su entrenador en el Cardiff, Neil Warnock, le catalogó como "una rata de alcantarilla". 

Pero Diouf quiere dar un vuelco a su vida. Persigue el sueño de ser presidente de Senegal y olvidar esas acciones de "Bad Boy": "Durante muchos años solo pensé en el fútbol. Pero me estoy cuidando de mí mismo y de mi familia. Tengo una nueva carrera y es en la política. Tomé esta decisión porque hay personas que están esperando que cambie las cosas en mi país y estoy listo para hacerlo, porque quiero ser el soldado del más joven", afirmó en una entrevista concedida a la revista "FourFourTwo". 

El jugador que asombró hace 16 años en el Mundial de Corea y Japón parece que quiere calmar su fiereza. Y lo intentará llegando al cargo más alto que puede tener en su país. Si lo consigue, tendrá que acortar una lengua muy larga que podría provocar una respuesta famosa en cualquier encuentro político de altura: "¿Por qué no te callas?". 

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