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Harry Kewell, la zurda de oro de las Antípodas

Harry Kewell. Harry Kewell.

Harry Kewell.

Hace no mucho tiempo, la selección de Australia puso fin a una funesta racha de 32 años sin jugar una Copa del Mundo de fútbol. 

Con un fútbol alegre y divertido, dirigido magistralmente desde el banquillo por el holandés Guus Hiddink, se plantó en octavos de final en Alemania 2006, y sólo un polémico gol de penalti de la futura campeona lo eliminó antes de tiempo. 

Argentina 1978, España 1982, México 1986, Italia 1990, Estados Unidos 1994, Francia 1998 y Corea y Japón 2002. Siete Mundiales que los 'Aussies' vieron por televisión antes de que la llamada 'Generación de Oro' saltara a la palestra. 

Mark Schwarzer, Tim Cahill, Jason Culina, Mark Viduka, Mark Bresciano, John Aloisi, Vince Grella, Zeljko Kalac y, por supuesto, Harry Kewell eran algunos integrantes de esa 'Golden Generation', llamada a dar cierto lustre al combinado oceánico. 

El futbolista de Sydney, actual entrenador del modesto Crawley Town, de la League Two, la cuarta división de Inglaterra, fue uno de los jugadores con las zurdas más finas que se recuerdan, y, según una encuesta de 2002, el mejor futbolista en la historia de Australia. 

El bueno de Harry estaba destinado a marcar una época. Dotado de una zurda deliciosa, de las más finas que se recuerdan en el viejo continente, el jugador aterrizó en Inglaterra muy joven, a los 14 años, gracias a una gira organizada por su equipo de entonces, el Marconi Stallions FC. 

Sólo un año después, y tras haber encandilado a lo 'scouts' ingleses en su primera visita, regresó a Inglaterra, la tierra de su padre, junto a su compatriota Brett Emerton para hacer una prueba de cuatro semanas con el Leeds United. 

La imposibilidad de Emerton para conseguir un visado británico dejó solo a Kewell en Leeds, donde jugó durante tres temporadas en las categorías inferiores, antes de hacer su debut en Primera en marzo de 1997, con 17 años, en un partido contra el Middlesbrough. 

Se asentó en la primera plantilla y explotó en el curso 1999/2000, en el que fue incluido en el 'once' ideal de la temporada, fue nombrado mejor joven del año y se convirtió en objetivo de grandes de Europa como el Inter de Milán, que llegó a ofrecer 25 millones de libras por él. 

Con ese Leeds hizo historia y, junto a Mark Viduka, Rio Ferdinand, Jonathan Woodgate, Ian Harte, Olivier Dacourt, Lee Bowyer y compañía, se plantó en unas semifinales de Liga de Campeones, eliminando por el camino al Deportivo de La Coruña. 

Sin embargo, los problemas económicos y el descenso de categoría obligaron a los 'Whites' a desprenderse de algunos de sus puntales, entre ellos Kewell, que hizo, en el año 2003, las maletas rumbo a Liverpool, el club del que era aficionado desde pequeño y en el que soñó con jugar. 

Por poder pisar en Anfield, el extremo australiano rechazó algunas ofertas más lucrativas -Manchester United, Chelsea, Arsenal, Barcelona, Milán-, y fue en los 'Reds' donde vivió algunos de sus mejores momentos como futbolista. En parte, gracias a que levantó dos títulos de prestigio como la Liga de Campeones y la FA Cup. 

Sus últimos años a orillas del río Mersey estuvieron marcados por la inactividad y las lesiones recurrentes, por lo que, en 2008 no le renovaron el contrato y puso rumbo a Turquía para jugar en las filas del Galatasaray. 

Su carrera dio sus últimos coletazos en su país natal, en el Melbourne Victory y el Melbourne Hart, con un paso de por medio en el Al-Gharafa de la siempre lucrativa liga catarí. 

Pese a haber colgado las botas, no perdió el gusanillo del fútbol y no tardó en pasar por la escuela de entrenadores para sacarse el carné y empezar a dirigir al equipo sub-21 del Watford. 

El modesto Crawley Town llamó a su puerta poco después y, tras una primera campaña exitosa, su nombre ya suena para equipos más punteros de Inglaterra, el país al que llegó hace ya un cuarto de siglo y en el que sacó a relucir su mejor fútbol. 

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