La selección abandona Rusia

Un silencio de funeral en el adiós

  • La delegación española abandonó Krasnodar sin la compañía ni el aliento de ningún aficionado

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La selección española abandonó Rusia con un silencio de funeral y sin un solo aficionado que alentara su triste adiós a un Mundial que comenzó lleno de ilusión y acabó en amarga decepción.

Unos pocos periodistas y una decena de curiosos fue todo lo que se encontró la delegación española a su llegada a la terminal 2 del pequeño aeropuerto de Krasnodar.

Entre fuertes e innecesarias medidas de seguridad llegó el autobús al aeropuerto con los miembros de la delegación española a las 14:35, 55 minutos antes de tomar su vuelo de vuelta.

El seleccionador, Fernando Hierro, fue de los primeros en bajarse. Serio y mirando el suelo. Poco después lo hizo Luis Rubiales, presidente de la Federación Española de Fútbol, quien mantenía una conversación telefónica.

Finalmente aparecieron los futbolistas, todos con camiseta blanca y chándal negro. Sólo rompieron mínimamente el protocolo Sergio Ramos y Gerard Piqué, ambos con el pantalón subido hasta las rodillas para intentar mitigar el habitual calor asfixiante y pegajoso de Krasnodar.

Ramos hizo un ademán de dirigirse a las vallas para firmar algún autógrafo, pero pronto se dio cuenta de que no había una sola petición y cambió de rumbo para proseguir el desfile de sus compañeros hacia la entrada de la terminal de los vuelos internacionales.

Mientras, David de Gea armaba sus pasos junto a Dani Carvajal, uno de sus mejores amigos en el vestuario y quien más lo alentó en este Mundial tan difícil para él.

Los seguía Andrés Iniesta, con un balón entre las manos, posiblemente el del partido ante Rusia, su último con la selección española. Iba solo.

Nadie se paró a hablar con los periodistas. En realidad, ya lo dijeron todo el domingo tras perder con la anfitriona en la tanda de penaltis. O, al menos, todo lo que querían decir. "Hay que estar orgullosos", fue el mensaje que lanzaron. Más orgullo que autocrítica.

Y con el mismo silencio con el que llegaron, todos los internacionales atravesaron la puerta de entrada del aeropuerto. Ni un hincha para alentarlos en su despedida, ni una bandera, ni una camiseta roja, ni una sola palabra de afecto.

El último sonido que les quedó del Mundial fue un grito de "¡Rusia, Rusia!", lanzado por un muchacho que provocó el aplauso de un par de policías.

Eso y el mensaje que se leía inscrito en el autobús azul de la selección antes de arrancar con destino a otra parte: "Juntos somos invencibles".

La frase sonaba a broma macabra. Invicta pero eliminada, España dijo adiós. El silencio funerario de su despedida de Rusia fue la constatación de su derrota.

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