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Con la lección aprendida

  • El Ejército ruso parece haber aprendido la lección de los errores cometidos en Chechenia, aunque todavía demuestra debilidad en el campo de la inteligencia militar

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El Ejército ruso parece haber aprendido de los errores de las guerras chechenas, con una mayor capacidad de actuar con celeridad frente a los georgianos, pero todavía muestra debilidades, tanto a nivel de sus fuerzas aéreas como de información militar, según aseguran los expertos.

"Para desplegar las tropas fue una cuestión de horas, no de días o semanas", como en Chechenia, la república del Cáucaso ruso donde las fuerzas federales intervinieron dos veces en 1990, subraya a la AFP Alexandre Golts, un experto independiente. "Desde el punto de vista militar, el Ejército actuó como debía", afirma uno de sus colegas, Alexandre Konovalov.

Además, Moscú dio "a la información un carácter civilizado. En seguida, se nombró a un portavoz de Defensa bien situado", agrega Golts.

En realidad, el Estado Mayor ruso libra una operación de comunicación "a la estadounidense", señala. Su jefe adjunto, Anatoli Nogovitsyn, aparece cada día en televisión, en uniforme, para "explicar" a la prensa la situación sobre el terreno.

Desde el comienzo de la guerra en el sur del Cáucaso, este militar de 56 años fue el respnsable de explicar frente a las cámaras de televisión, respaldado con mapas, anotaciones o hablando en forma improvisada, el desarrollo de la guerra desde el punto de vista ruso. Sus conferencias de prensa diarias lo han convertido en uno de los rostros visibles de la guerra.

Al mismo tiempo, la pequeña pantalla vierte un flujo continuo de imágenes de tanques blindados en movimiento, de equipamientos "última moda" o de simples hombres de rango presentes en las zonas de combate, todo ello alternado con las lágrimas de las mujeres caucasianas, víctimas de las atrocidades del enemigo.

Lo suficiente para "acrecentar la embriaguez patriótica" en Rusia, de nuevo orgullosa de su Ejército -en estado de descomposición tras el hundimiento de la URSS-, deplora Golts, mientras que Konovalov habla de un "impulso dado al patriotismo barato".

Pero la "victoria" contra los georgianos no debería disimular las enormes disfunciones de la maquinaria militar rusa, advierten estos analistas.

"Hacemos la guerra como siempre, sin cuidar demasiado a los soldados", según Golts, cuya postura parecen avalar las declaraciones de los soldados heridos interrogados por la AFP a su vuelta del frente, que denuncian la falta de preparación y la juventud de muchos de sus camaradas.

Golts cita la sorprendente historia del general Anatoli Khroulev, comandante de las tropas rusas en Osetia del Sur, que resultó herido por el estallido de un obús cuando, según la versión oficial, la columna que encabezaba fue "blanco de los disparos de la artillería" georgiana.

"Los servicios de reconocimiento hicieron muy mal su trabajo, deberían haber descubierto antes de la ofensiva de Tiflis el 7 de agosto la concentración de fuerzas georgianas" alrededor de la región separatista de Osetia del Sur, prosigue Golts.

"¿Dónde estaban los servicios de información militares?", se pregunta Konovalov.

Los rusos "perdieron muchos aviones, algo inadmisible en este tipo de guerra". "Si nuestras bombas cayeron sobre inmuebles en vez de aeródromos, esto significa que, como siempre, no hay armas de alta precisión y que nuestros pilotos no han recibido una formación adecuada", destaca este analista.

Otros interrogantes siguen abiertos, en particular, la composición del contingente ruso, integrado por soldados profesionales según el Estado Mayor, aunque, según la prensa rusa, el Ejército también llamó a reclutas y reservistas.

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