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Los retos que hereda Macron

  • La llegada de inmigrantes y su integración, además de la seguridad en un país golpeado con dureza por el terrorismo suponen dos de los principales problemas que afronta Francia.

Policías, ante un colegio electoral. Policías, ante un colegio electoral.

Policías, ante un colegio electoral. / EFE

Al recién elegido presidente de Francia le aguardan sobre la mesa de su despacho en el Elíseo una serie de problemas clave que afronta el país.

La llegada de inmigrantes y la integración, el papel de la religión (sobre todo del islam) en la sociedad y los valores de la República son un tema candente en Francia desde hace años. Un ejemplo fue el exagerado debate sobre la prohibición del burkini, el bañador que cubre todo el cuerpo, en la Costa Azul el año pasado.

Detrás de todo esto hay un problema real: la marginalidad de algunos suburbios habitados sobre todo por inmigrantes del norte de África, la radicalización y una profunda inseguridad de los franceses ante la globalización.

Un temor del que se valió Marine Le Pen durante su campaña, en la que hizo de la limitación de la inmigración y el derecho de asilo una de sus banderas.

Otro tema clave es la seguridad. Francia se ha visto sacudida por una serie de atentados terroristas desde principios de 2015 con 238 muertos que han conmocionado profundamente a la sociedad.

El último ataque tuvo lugar en París apenas dos días antes de la primera vuelta electoral y fue reivindicado por el Estado Islámico. En el tiroteo murió un policía de 37 años al que el presidente salidente, François Hollande, Macron y Le Pen, entre otros, rindieron homenaje días después. "Esta lucha será larga y difícil pero estoy seguro de que saldremos victoriosos", dijo entonces Hollande.

Más de 50.000 policías y 7.000 militares han velado por el desarrollo de las dos vueltas electorales en un país en el que rige el estado de emergencia, y en las estaciones de trenes, aeropuertos y atracciones turísticas patrullan soldados. Se han ampliado las atribuciones y medios de las fuerzas de seguridad, un enorme desafío teniendo en cuenta que unas 2.300 personas están activas en redes yihadistas, los han estado o han intentado estarlo, tantas como en ningún otro país de la UE.

El sucesor de Hollande se enfrenta a la amenaza terrorista no sólo en la capital, sino también en otras regiones de Francia. Una semana antes de la primera votación, la Policía arrestó en Marsella a dos presuntos yihadistas que, según las autoridades, escondían un arsenal de armas y pretendían atentar.

A tenor de esta situación, uno de los pocos puntos en los que los dos candidatos estuvieron de acuerdo fue en la necesidad de aumentar el número de policías.

El débil crecimiento de Francia es otro de los graves problema. En 2016 fue del 1,1%, frente a la media de 1,7% en la UE. Pese a eso, las previsiones para este año y el próximo mejoran, y hay sectores en los que Francia es muy fuerte, como la industria del lujo, la aeronáutica o el turismo.

El mercado laboral es otro de los puntos oscuros, con una tasa de un 10% de desempleo. Sobre todo los jóvenes tienen escasas perspectivas laborales, con casi un 24% de desocupación. El hecho de que Hollande no haya conseguido revertir esta tendencia pese a las reiteradas promesas es una de las cosas que más se le critica.

La dificultad para llevar adelante reformas y la resistencia social que genera cualquier cambio del mercado laboral son otras dificultades. Las empresas se quejan del exceso de burocracia y los elevados impuestos. Sin embargo, bajo el Gobierno de Hollande ha habido avances en este sentido.

Finalmente, la deuda es otro punto crítico: actualmente asciende a más del 96% del PIB. Con enormes esfuerzos, el país ha ido reduciendo su déficit público y quiere situarse en 2017 por primera vez desde 2007 por debajo del tope establecido por la UE, del 3%.

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